Juan Domingo Perón

Perón hasta 59

El verdadero día del nacimiento de Perón se transformó, con el tiempo, en una controversia en la que muchos incursionaron. Fue anotado el día 8 de octubre de 1895 en el Registro Civil de Lobos Provincia de Buenos Aires, cuando en realidad nació el 7 de octubre de 1893, según constaba en el Registro de la Parroquia “Nuestra Señora del Carmen”, en Roque Pérez partido de Saladillo donde se inició en los Sacramentos de la Iglesia en los brazos de su madrina Doña Francisca Toledo.

Hijo de Mario Tomas Perón: fue Juez de Paz de La Plata y luego de Lobos donde emprendió tareas rurales. Su abuelo paterno era Tomás Liberato Perón, médico de profesión (amigo del Dr. Eulogio del Mármol quien le obsequió el cráneo de Juan Moreira ultimado en 1874 por el soldado Andrés Chirino), que había sido Senador Nacional (mitrista) por la Provincia de Buenos Aires, había participado en la batalla de Pavón, fue Presidente del Departamento Nacional de Higiene, que él mismo había creado, y Practicante Mayor del Ejército en la guerra del Paraguay, también desempeñó varias misiones en el extranjero, principalmente en Francia donde vivió varios años, casado con doña Dominga Dutey de sangre vasco-francesa. Y de una joven natural de Lobos, Juana Sosa Toledo, con sangre aborigen y parientes santiagueños, perteneciente a una familia que provenía de los pagos de Azul cuyo enroque castellano databa de la época de la colonia, Toledo era el apellido de su abuela Mercedez. Los Sosa eran oriundos de Castilla La Vieja como su abuelo Juan Irineo. Criado en el domicilio de la calle Buenos Aires al sud nro. 1364. Completaba esta familia su hermano mayor Mario.

Cuando contaba con 4 años de edad su familia decide radicarse en la Patagonia para dedicarse a la actividad rural, así llegan a Cabo Razo donde unos familiares le ceden a su padre la administración de la estancia “La Masiega” dedicada a la producción lanar. Vendida esa estancia, la familia se mudó al Puerto de Camarones en la provincia de Chubut donde fue contratado por la firma “Mitton y Grether” parajes que, con  el transcurrir del tiempo, vieron bautizados con el nombre de “Sam Juan de Perón”. Pasado un tiempo decidieron alejarse de allí para realizar un emprendimiento por propia cuenta, radicándose en el corazón geográfico de la Patagonia: “Sierra Cuadrada” donde pusieron en funcionamiento el establecimiento ganadero que llamaron “La Porteña” que contaba con una superficie de 40 leguas de campos áridos.

En 1904 fue enviado a la casa de su abuela Mercedez Dutey, en Buenos Aires a cursar sus estudios primarios, y luego vivió en la casa de sus tías Baldomera y Vicenta, concurriendo a la escuela Nro. 1 “Parroquia de la Catedral del Norte” que luego recibiría el nombre de “General San Martín” donde tuvo como maestra de primer grado a Agustina Broggero y de segundo a Asunción de Banquero. En el año 1906 sus padres se instalaron en Buenos Aires y lo inscribieron en el Colegio Internacional de Olivos donde terminó su educación primaria. Luego cursó tres años de estudios secundarios en el Colegio Internacional Politécnico, bajo la dirección de los educadores franceses Reymundo Ponce y Carlos Dedac (director y vice respectivamente).

Concluida la enseñanza secundaria debió decidir sobre su vocación por ser médico o ingeniero, inclinándose por esta última carrera de la que rindió materias de ingreso pues deseaba profundamente saberse incorporado en una profesión donde predomine la exactitud y el rigor matemático; aunque la posibilidad económica del padre le resultaba imposible mantener a los dos hijos cursando estudios universitarios en Buenos Aires, debiendo optar entonces por volver a trabajar al campo o ingresar a la carrera militar, beca de estudios mediante. Fue asi que se entrevistó con algunos compañeros que acababan de ingresar a la carrera militar y lo convencieron, sumado a sus aspiraciones

El 1ro. de marzo de 1911 ingresó al Colegio Militar de la Nación, tenía como antecedente familiar a su tío: Alberto, militar de carrera que ostentaba el grado de Capitán cuando falleció y, con la misma graduación, el primo hermano de su padre Conrado Perón que enseñaba Pedagogía en la Escuela de Gimnasia y Esgrima del Ejército. Ya como cadete se destacó en atletismo, boxeo y esgrima. El cuerpo de cadetes estuvo bajo la jefatura de los mayores Martín López y Eduardo Fernández Valdés, cuando el primero viajó a Europa, y fueron alguno de sus profesores: el mayor Waldino Corre, titular de Álgebra”, Sandalio Sosa de “Topografía”, Cobos Daract que dictaba “Historia”. Egresó el 13 de diciembre de  1913 con un promedio de 7,11 orden de mérito nro. 27 en su arma.

Toma contacto con la profesión militar como subteniente en el Regimiento 12 de Infantería, fundado hacía un siglo por el general Arenales, bajo la jefatura del teniente coronel Arturo Poisson. En 1916 trasladaron el Regimiento 12 de Paraná a Santa Fe, donde su abuelo había fundado el primer hospital de sangre. Los sucesos huelguísticos de “La Forestal” lo ponen a cargo de una compañía de infantes en la localidad de San Cristobal, con instrucciones de mantener el orden a cualquier precio. Al llegar observó obreros a caballo armados con Winchester, los entrevistó y preguntó que ocurría, enterándose entonces que las bombas proveedoras de agua y el almacén donde adquirir alimentos indispensables para la subsistencia deran de la empresa que explotaba los derivados del quebracho y hacía más de un mes que habían retirado las bombas y dispuesto el cierre de los almacenes, donde se proveían unos cinco mil obreros y, al reclamar, eran reprimidos y golpeados por los policías. Enterado del problema Perón dispuso que la empresa reinstalara las bombas de agua y abrieran los almacenes, restaurando así la paz social en el lugar. En 1916, con el grado de teniendo 2do., se aboca al estudio intensivo de las batallas de la Segunda Guerra Mundial. Luego fue oficial del destacamento de infantería “Esteban de Luca” sito en Capital Federal. En 1920 fue trasladado a la Escuela de Suboficiales de Campo de Mayo donde prestó servicio hasta 1925, alcanzando el grado de Capitán bajo las órdenes y conducción de los tenientes coroneles Justiniano de la Zerda y Julio Costa. El 12 de marzo del año 1926 fue trasladado a la Escuela Superior de Guerra donde se diplomó como oficial de Estado Mayor, luego de realizar estudios brillantes. Desde fines de 1930 hasta 1936 enseñó Historia Militar en ese Instituto Superior. El día 9 de noviembre de 1928 su padre, Don Mario Tomás Perón, cumplió 61 años de edad y al día siguiente falleció. El 31 de diciembre de 1931 asciende a Mayor y pasa a prestar servicio en el Ministerio de Guerra cuyo titular era el General Manuel Rodriguez. En enero de 1936 es nombrado Agregado Militar y posteriormente Agregado Aeronáutico en la República de Chile, donde asciende a Teniente Coronel. En las Academias Chilenas eran de lectura cotidiana sus obras tituladas: “La Campaña en el Frente Oriental” y su “Historia Militar”. En 1938 regresa a la Argentina y asume la cátedra de “Operaciones Combinadas” donde enseña acerca de las tácticas y estrategia de la guerra contemporánea. En 1939 se embarcó rumbo a Europa, en misión de perfeccionamiento. Allí estudió: programas, métodos de enseñanzas y los últimos adelantos técnicos en la materia militar en Cursos de Alta Montaña e Invierno, durante dos años residiendo en Italia, en los Abruzzos y en el Piamonte preferentemente, con alguna estadía en Roma, en Anzio y en Cortina di Campezzo durante el verano, también viajó a España, Alemania. Francia, Portugal, Hungría, Austria y en dos oportunidades a la Ciudad del Vaticano. De regreso en el país, en 1941 ascendió a Coronel incorporado al Centro de Instrucción de Alta Montaña en el Estado Mayor

GOU: para referirnos a esta organización generada por Perón debemos hacer un pequeño reconto de la historia, pues fue denostada de todas las formas habidas y por haber. Por citar un ejemplo vamos a recordar la publicación del Times titulada: “Group of United Officers” donde textualmente decía:

“Perón es un autoritario nativo, no un títere nazi. Tal vez él quisiera ser un real dictador; por el momento es nada más que un hombre cerebral que generalmente maniobra de afuera a los otro militares”.

En aquella época la Argentina era gobernada por lo que las historia dio en llamar: “La década infame” o “La década del fraude electoral” y, cuando los políticos de entonces se referían al fraude, hablaban de “fraude patriótico”. Gobernaba por entonces el Dr. Ramón Castillo, desde junio de 1940 hasta junio de 1943, con el golpe de estado del 6 de septiembre de 1930 fue designado Interventor Nacional en la Provincia de Tucumán. Fue designado por sorteo Senador Nacional por esa Provincia, cargo que desempeñó entre 1932 y 1935, al finalizar su mandato como Senador fue nombrado por el entonces Presidente Pedro Benjamín Justo, Ministro de Justicia e Instrucción Pública. En septiembre de 1937, siempre mediante elecciones fraudulentas, es consagrado vicepresidente de la fúrmula Roberto Marcelino Ortíz – Ramón Castillo. Comenzada la Segunda Guerra Mundial funda una Comisión Asesora “para solucionar con urgencia la falta de bodegas a fin de dar salida a la producción nacional, base de la economía del país”, permitiendo de esta manera anclar en los puertos argentinos a 32 barcos de origen Italiano y Alemán, confirmando el carácter pro nazi que la historia le asigna. Continuando con el ataque a las Instituciones de la República el 10 de octubre de 1941 decretó la disolución del Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires, disponiendo que una comisión interventora de 21 miembros designados por el Poder Ejecutivo reemplazara a los Concejales, fundado la medida en:

“… por su actuación en cuestiones de notoriedad general, el Concejo Deliberante de la ciudad de Buenos Aires ha perdido la confianza pública … que varios de sus componentes han sido implicados en incorrecciones y aún en delitos cuyo esclarecimiento está pendiente de la justicia, actos estos cometidos con abuso de las prerrogativas que les confería su investidura … Que si bien la honorabilidad persona de otros de sus miembros no puede considerarse en ningún modo afectada por estos actos, es indudable que ellos no han ejercido, con la debida diligencia y energía, las condiciones de contralor que debieron poner en movimiento para la defensa del cuerpo … que además ha existido y existe, una visible tendencia de la rama deliberativa de la administración comunal a extralimitar sus funciones propias …”.

Decidida la continuidad en el gobierno de conservadorismo fraudulento, Castillo propone al cargo de la Presidencia de la Nación a un asendado catamarqueño, igual que él, de nombre Robustiano Patrón Costa cuya candidatura se proclamaría el 4 de junio de 1943. Cabe destacar que todos estos gobierno, desde 1930 hasta 1943, contaron con el apoyo explícito de las Fuerzas Armadas, En este contexto histórico del país Perón toma decisiones cuyas motivaciones dio a conocer en un documento publicado años después donde, entre otras cosas, dijo:

“Yo me he esforzado en forma decidida para que estas agrupaciones puedan vivir y puedan progresar, porque entiendo que las fuerzas armadas y el pueblo, o sea su reserva, deben constituir una cosa absolutamente indivisible. Es decir, que en el sentido de la unidad nacional, si hay algo que es indivisible es esa unidad absoluta entre el pueblo y las fuerzas armadas. Observen ustedes, que nuestro oficio es llevar a los hombres a la muerte; en último análisis, esa es la triste misión que nos queda a los soldados cuando las circunstancias lo imponen. No hemos seguido a lo largo de nuestra historia el mejor camino para que eso se produzca. Hemos sido el brazo ejecutor, violento, de medidas que pudieron haber sido resistidas por algunos sectores del pueblo. Me he propuesto que cuando el pueblo tenga un conflicto, jamás tenga que ser reprimido por las fuerza, porque esa no es la función de las mismas. Para reprimir los conflictos internos con las fuerza armadas, habíamos distanciado el pueblo de estas últimas y habíamos formado algo así como el enemigo común de todos los que reclamaban o tenían algo que reclamar por medio de la lucha”.

El GOU (Grupo de Oficiales Unidos) no tiene una fecha de iniciación, pues los jóvenes oficiales mantenían reuniones permanentemente, ya desde la época de Yrigoyen, en desacuerdo con sus mandos superiores y el rol de apoyo que le asignaban hacia el sector más conservador de la política nacional. Las primeras reuniones se hicieron al comenzar 1943, la logia fue integrada en los primeros tiempos por: Perón, Mercante, Severo, Eizaguirre, Pizales, Bengoa, Filippi, Montes, Lago, Villagrán, González, Arias, Duval, De La Vega, Saavedra, Guillenteguy, Ladvoct, Menéndez, Urbano de la Vega, González, Ramírez; todos con obligación de incorporar al menos a cuatro oficiales en actividad obligándolos a hacer el juramento de rigor. Meses antes del 4 de junio decidieron plasmar por escrito un programa mínimo de acción destinado a la realización de objetivos básicos, entre los cuales se encontraba como obligación inicial para cada integrante del ejército para con los propios camaradas y para con los civiles, evitar el desprestigio de la institución. La segunda obligación se refería a la defensa del servicio como un apostolado. La tercera a la defensa del mando, la cuarta a los cuadros militares. La quinta propiciaba la defensa del ejército contra la política y contra el comunismo como respuesta a la intensa propaganda que esa ideología desplegaba en nuestra sociedad. Nunca llegaron a ser más de un par de centenares sus integrantes y, para el mes de mayo, las reuniones comenzaron a ser públicas.

En la Revolución Nacional estaba fija la idea de la redención social de nuestra Patria. Ese movimiento no fue una “militarada” más, no fue un “golpe cuartelero” mas, como algunos se complacen en repetir; fue una chispa que el 17 de octubre encendió la hoguera en la que habrían de crepitar hasta consumirse, los restos del feudalismo que asomaba sobre la tierra americana.  A ese respecto dijo Perón:

“Para comprender una Revolución es necesario conocer la concepción inicial y el plan que la impulsa desde sus primeros actos”

Una vez tomado el poder fue designado a ocupar el cargo de Presidente de la Nación el General Pedro Pablo Ramírez, aunque el general Rawson había tomado posesión del sillón presidencial y armado un gabinete, cuyos miembros habían sido acordados con el poder depuesto. El 6 de junio Farrel era el Ministro de Guerra y Perón fue designado Jefe del Estado Mayor de la Primera División de Ejército y  Jefe de la Secretaría del Ministerio de Guerra. Asumió a cargo del Departamento de Trabajo que funcionaba en el viejo Club  del Progreso, sito en la esquina de Victoria y Perú, allí comenzó su gran tarea hasta que el 27 de noviembre se transformaría en Secretaría de Trabajo y Previsión, donde un abogado le preguntó:

“¿cuál cree Ud., Coronel, que es la ley obrera más necesaria?” A lo que respondió: “Una que haga cumplir la mitad de las que existen”       

En la Revolución Nacional estaba fija la idea de la redención social de nuestra Patria. Ese movimiento no fue una “militarada” más, no fue un “golpe cuartelero” mas, como algunos se complacen en repetir; fue una chispa que el 17 de octubre encendió la hoguera en la que habrían de crepitar hasta consumirse, los restos del feudalismo que asomaba sobre la tierra americana.  

En julio de 1944 Perón daba a conocer aquel Plan Revolucionario diciendo: 

“Nuestra Revolución lanzó una proclama que, si todos leyeron, pocos analizaron profundamente. Se ha dicho que nosotros no teníamos plan.

Nada hemos hecho desorbitadamente, sino que todo está sometido a un plan absolutamente racional que no ha fallado en un ápice en sus previsiones. Esta proclama tiene, dentro de su absoluta sencillez, un contenido filosófico que es necesario interpretar. Su texto está dividido en cuatro partes. Primero plantea la situación. Inmediatamente después va directamente a los objetivos, enumerándolos en su contenido político, social, histórico y de política internacional. Finalmente, cierra la misma un contenido ético y patriótico, indispensable en esta clase de documentos.

El primer postulado de la Revolución es su contenido político, que está expresado en dos cortos párrafos. El primero dice: ¨Propugnamos la honradez administrativa, la unión de todos los argentinos, el castigo de los culpables y la restitución al Estado de todos los bienes mal habidos¨; y el segundo párrafo expresa: ¨Sostenemos nuestras instituciones y nuestras leyes persuadidos de que no son ellas, sino los hombres, quienes han delinquido en su aplicación¨.

Cuando algunos preguntan cuál es nuestra manera de pensar, a este respecto afirmamos que si hubieran analizado el contenido de estas dos frases, podían entender perfectamente qué es lo que pensamos.

Anhelamos firmemente, y éste es su contenido social, la unidad del pueblo argentino, porque el Ejército de la Patria, que es el pueblo mismo, luchará por la solución de sus problemas y por la restitución de derechos y garantías conculcados. Sería inútil que yo tratara de explicar cómo hemos cumplido con este postulado que encierra todo el contenido social de la Revolución. Yo prefiero seguir como hasta ahora, sosteniendo que mejor que decir es hacer y mejor que prometer es realizar.

Continúa después con el contenido histórico y político internacional, que dice: ¨Lucharemos para mantener una real e integral soberanía de la Nación; por cumplir firmemente el mandato imperativo de su tradición histórica; por hacer efectiva una absoluta, verdadera, pero leal unión y colaboración americana, y por el cumplimiento de nuestros compromisos internacionales¨. En este sentido tampoco hemos faltado a las promesas.

Finalmente, viene el contenido ético y patriótico que cierra la proclama, donde declaramos que cada uno de nosotros, llevados por las circunstancias a la función pública, nos comprometimos por nuestro honor a trabajar honrada e incansablemente en defensa del bienestar, de la libertad, de los derechos y de los intereses de los argentinos; a renunciar a todo pago o emolumento que n o sea el que por nuestro grado corresponda, a ser inflexibles en el desempeño de la función pública, asegurando la equidad y la justicia en los procedimientos; a reprimir de la manera más enérgica, entregando a la justicia al que cometa un acto doloso en perjuicio del Estado y al que directa o indirectamente se preste a ello; a aceptar la carga pública con desinterés y a obrar sólo inspirados por el bien y la prosperidad de la Patria”

Estos postulados se pueden observar, desde un inicio, a lo largo de la vida pública de Juan Domingo Perón. Ya en 1944 en lo relacionado a Los Fundamentos de la Economía Rural, entre otras cosas sostenía:

“El concepto moderno de una nación democrática en marcha impone la distribución equitativa de la riqueza que su suelo produce. La tierra no debe ser un bien de renta sino un bien de trabajo”

Sabido es que a fines del siglo XIX y principios del siglo XX gobernaba una oligarquía terrateniente, debilitada a partir del gobierno de Don Hipólito Yrigoyen (ley del voto secreto, universal y obligatorio mediante), que recrudece durante la década infame a partir del golpe de estado producido el 6 de septiembre de 1930 que instaura el gobierno del general José Félix Uriburu que propició, entre otras tantas cosas: el pacto Roca – Runciman, la fundación del Banco Central de la República Argentina a instancia de un banquero inglés conformando un directorio exclusivamente extranjero y capitalista; lo que produce el alejamiento de los radicales yrigoyenistas en 1935 cuando conforman Forja. De ahí que los trabajadores más explotados fueron los trabajadores rurales, en función de quienes Perón, a partir de 1944, dijo e hizo:

“Para nosotros no existe una población industrial o una población campesina, sino única y auténtica población trabajadora. No podemos concebir ciudades prósperas y campañas pauperizadas.

Entendemos que la situación de los peones en todos sus aspectos llegó, en ciertas oportunidades, a ser una forma disimulada de esclavitud, porque no de otra manera ha de llamarse en la situación en la que se hallan los hombres que ganan 15 y 20 pesos por mes en este país. Respecto de este asunto yo he afirmado que el que tenga la tierra ha de laborarla, y el que no pueda pagar peones debe trabajarla personalmente. Por otra parte, si no es capaz de trabajarla que la venda. En ese sentido hemos de ser absolutamente inflexibles, porque no se puede tolerar, ni se tolerará en forma alguna, que los hombres puedan seguir permaneciendo en esa situación, de la que ya se posee demasiada experiencia. Los trabajadores en general, ya sean urbanos o rurales, deben contar con un salario adecuado, con un trabajo libre e higiénico y gozar también de viviendas sanas, a las que tienen derecho todos los hombres que trabajan.

El Estatuto del Peón, que ha sido un poco resistido, es una medida de gobierno indispensable. La Revolución no hubiera podido justificarse ante la historia si no hubiera impuesto que cesara la terrible situación del peón de campo. No hemos querido con el Estatuto del Peón forzar a nadie para que haga lo que no quiere hacer. Aspiramos a que, paulatinamente, todo el que tenga un peón a su servicio le vaya mejorando las condiciones de vida hasta lograr la estabilización de un ¨standard¨ de vida que permita a ese hombre vivir, temer su casa y sostener a su familia, condiciones indispensables para cualquier ser humano.

Sabemos también que los hombres que trabajan la tierra reclaman mejoras y aspiran a establecer definitivamente que en este país se considera inaceptable que la tierra sea un bien de renta, sino que debe pertenecer a quien la fecunda con su esfuerzo. No podemos realizar este propósito de una sola vez, pero les prometo que, encarado y resuelto el problema de la tierra, no habrá ni un solo argentino que no tenga derecho a ser propietario en su propia Patria.”   

Está claro que, por primera vez, en la historia política de nuestro país desde el poder político se toma como tema central la función social del gobierno que Perón definió diciendo:

“La política social abarca todo el panorama del Estado, porque es la regulación del factor humano del país desde el nacimiento hasta la muerte. Por eso es de su resorte natural todo el que vive: poderoso o humilde, sabio o ignorante, que mando o que obedece, mientras esté con hálito de vida en esta tierra”

Este fue el espíritu que impulsó a Perón, desde la organización del GOU, a participar en la organización de la revolución del 4 de junio de 1943 poniendo el acento de las políticas sociales en los trabajadores, cuestión que dejó absolutamente clara cuando dijo:

“La revolución quiere llevar al ánimo de los trabajadores argentinos el orgullo de pertenecer a una Patria fuerte y generosa, donde la justicia y la ecuanimidad reinen soberanas, y donde el temor a las influencias espurias no puede desnaturalizar la alegría de vivir y de crear”

Desde esos principios se funda la Secretaría de Trabajo y Previsión motivada en los principios que Perón dejo muy claros el 2 de diciembre de 1943 manifestando:

“Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se inicia la era de la política social argentina. Atrás quedará para siempre la época de la inestabilidad y del desorden en que estaban sumidas las relaciones entre patronos y trabajadores. De ahora en adelante, las empresas podrán trazar sus previsiones para el futuro desarrollo de sus actividades y tendrán la garantía de que si las retribuciones y el trato que otorgan a su personal concuerdan con las sanas reglas de convivencia humana no habrán de encontrar por parte del Estado sino el reconocimiento de su esfuerzo en pro del mejoramiento y de la economía general y, por consiguiente, del engrandecimiento del país.

Los obreros, por su parte, tendrán la garantía de que las normas de trabajo que se establezcan, enumerando los derechos y deberes de cada cual, habrán de ser exigidas por las autoridades del trabajo con el mayor celo, y sancionado con inflexibilidad su incumplimiento. Unos y otros deberán persuadirse de que ni bajo la astucia ni la violencia podrán ejercitarse en la vida del trabajo, porque una voluntad inquebrantable exigirá por igual el disfrute de los derechos y el cumplimiento de las obligaciones.”  

Continuando con la impronta social, meses después funda la Caja de Previsión Social para atender las necesidades básicas de los más débiles, citando las motivaciones que exigieron tal organización el 2 de julio de 1944 cuando dijo:

“Una caja de previsión para la Secretaría de Trabajo y Previsión es un jalón que planteamos en el camino que nos hemos propuesto realizar. Cuando el país cuente con el número indispensable de cajas para asegurar la vejez y la invalidez de todos los ciudadanos de la Patria, esa hora – estoy absolutamente persuadido de ello – será un timbre de honor para todos los gobiernos y para los funcionarios del Estado.”

En resumen, los malestares sociales, económicos y políticos que produjo el llamado “fraude patriótico” que sostuvo la llamada por los historiadores “década infame”, ven su final con la Revolución Nacional pero lo más importante es el cambio ideológico en lo relacionado con la administración de los recursos públicos, a partir que el Coronel Perón inicia una etapa de Justicia Social que deberá, necesariamente, sustentarse en decisiones de gobierno en el orden nacional e internacional que podrán tomarse desde una Soberanía Política para que esos recursos lleguen directamente donde iban dirigido, en este caso los sectores del pueblo desposeídos, resultando imprescindible sostener una verdadera Independencia Económica.

El 15 de Enero de 1944 un terremoto había abatido a toda la ciudad de San Juan. Inmediatamente se suscitó una reunión de voluntarios, muchos de ellos figuras artísticas popularmente conocidas, entonces Perón propuso salir con alcancías por la calle Florida a colectar recursos destinados a las víctimas de la tragedia natural; allí se vio a las grandes figuras nacionales tales como: Enrique Muiño, Irma Córdoba, Blanca Podestá, entre muchos otros.

En circunstancias de celebrarse aquellas reuniones, tomó la palabra una actriz de radioteatro a quien sus compañeros comenzaron a vivar coreando su nombre: ¡Eva  Duarte!, contestándole a uno de los presentes que había propuesto hacer un festival, diciendo:

“¿Qué es eso? ¿Un carnaval? Iremos directamente a pedir sin ofrecer nada. En este momento no hay tiempo para organizar un espectáculo, ni un té de masas, ni una canasta. Cosas viejas pasadas de moda que no sirven para otra cosa que no sea justificar la hipocresía. Los ¨rascas¨ vamos a ganar la calle, y digo vamos porque nosotros no somos nada si no reconocemos de dónde venimos. Es el momento de ayudar a que ellos también cambien el propio. Salgamos a pedir a los lugares públicos, pero también vayamos al hipódromo, la bolsa, el teatro. En todos esos ambientes importantes diremos a la gente: Nuestros hermanos están en desgracia ¡Vamos a ayudarles! Tenemos que sacar dinero a quienes lo tienen porque los que no tienen no podrán ayudarnos más que con el sentimiento fraterno”

Aquella mujer delgada, de pelo rubio, que vestía un traje sastre sencillo y un sombrero pequeño; de rasgos tan delicados y hasta aparentemente frágil con discurso más que decidido, una mujer endeble, tan bella como decidida; atrajo al Coronel Juan Perón en un embeleso queduró toda la vida, que entonces le respondió:

“Bueno, muy bien. Ya que la idea partió de usted, asuma la responsabilidad de darle forma”,

respondiendo inmediatamente:

“Es lo que pensaba hacer, organizarlo todo”, advirtiendo: “Eso si usted me permite. Si como usted afirma  la causa del pueblo es su propia causa, por lejos que por donde usted vaya, por grande que pueda ser el sacrificio no dejaré de estar a su lado”

Así continuó el trabajo desde la Secretaría de Trabajo y Previsión a fin de hacer participar a hombres y mujeres en las colectas tendientes a resolver la situación de millares de personas que habían quedado aisladas, sin techo, viviendo en zonas frías y desérticas con el único amparo de una muralla amenazante de montañas peladas coronadas con nieves eternas.

Entre los tantos que en esos días se llegaron al despacho de Perón, pasó aquella actriz de teatro: Eva Duarte, con quien charlábamos sobre la organización de la ayuda que llevábamos adelante. Una tarde le confirmó que aquel festival, que tanto había criticado, finalmente se haría en el Luna Park. El  motivo era interesar a la mayor cantidad de gente en el tema, y el espectáculo era el recurso más idóneo y más rápido.

 Así comenzó el espectáculo en el Luna Park, Perón estaba sentado en la primera fila donde permanecían varias sillas vacías en rezón de la ausencia de familiares de muchos de los militares presentes. Al promediar la función, cuando comenzaba a cantar Hugo del Carril, Evita se sentó junto al Coronel para no alejarse nunca más. Tiempo después le confesó lo ocurrido aquel día, diciendo:

“Cuando llegué lo primero que hice fue buscarte con mi mirada, reconocí a varios pero a vos no te veía, mientras tanto me venían a saludar distintos compañeros, al final se acercó Homero Manzi, con una sonrisa y me dijo: ¨Ya se lo estás buscando Eva, mirá allá, en primera fila, ves que hay un grupo de gente parada alrededor de algo, en el medio, sentado, está Pe rón¨ esperé un poquito a que recomience la función, en ese momento todos vuelven a su sitio, a tu lado estaban todas la butacas vacías. No hace falta que te explique más nada, ¿no?

Así Perón decidió que Eva Duarte permaneciera en el Ministerio a su cargo y abandonara su carrera teatral. Fue la primera demostración que la mujer debía ocupar el mismo lugar que los hombres, sin que el género sea demostración de superioridad.

También cerró por entonces una etapa nazi -  fascista sostenida por quienes gobernaron desde el 6 de septiembre de 1930 hasta el 4 de junio de 1943. Así fue como a fines de marzo de 1944 se declaró la guerra al Eje, tal cual lo reclamaba el Acta de Chapultepec que, por entonces, los países Latinoamericanos habían firmado en Méjico, y el 13 de abril el coronel Juan Perón, en su calidad de Ministro de Guerra, anunció que la Argentina apoyaba el compromiso de la ONU.

Mientras todo esto ocurría, tres meses después de firmado el “Acuerdo de Yalta” llegó al País el Ingeniero Spruille Braden que, con 51 años de edad y en el cénit de su carrera diplomática, el 21 de mayo de 1945 presentó sus credenciales que lo acreditaba como embajador de Estados Unidos,   transformándose en estandarte y jefe de la oposición. Allí se planteó la disyuntiva entre: la nación vendida al mejor postor y quienes enarbolábamos banderas antiimperialistas, prueba de ello es la carta que le enviara el banquero Alfredo Tornquist diciéndole:

“Usted, fue para todos nosotros la columna vertebral de una reacción”

y, entre banquete y banquete Branden respondió:

“Fue por necesidad y no por gusto que los Estados Unidos reconocieron el gobierno de la Argentina”

A partir de allí se fusionan dirigentes de los partidos tradicionales (Radicales, Socialistas, Comunistas, Demócratas Progresistas ) junto a la más rancia oligarquía, constituyéndose la Unión Democrática, apoyados desde los Estados Unidos con publicaciones en el New York Time tales como:

“Las fuerzas económicas argentinas declaran la guerra a las políticas de Perón”

Para la Unión democrática Braden era el aliado que desembarcaba en playas argentinas para dirigir la operación definitiva contra el nazismo vernáculo, tal cual el pretexto esgrimido en la época desvirtuado por expresiones tales como las publicadas por el Foreing Oficce de Londres que, al referirse a la conducta norteamericana a través de su embajador, textualmente manifestó:

“Los militares pudieron derrocar al gobierno porque éste había sido socavado durante diez y ocho meses de oposición pública y privada por parte de los Señores Hull y Summer Welles y la revolución fue en un principio bienvenida, por la Embajada de los Estados Unidos, como una victoria propia. Cuando se desilusionaron restablecieron la presión, produciendo primero la eliminación del almirante Storni, y otros elementos respetables del gobierno argentino, y luego la de los generales Ramírez y Gilbert. Esta presión, aplicada en forma intermitente pero constante desde la Conferencia de Río de Janeiro, mantiene a este país en un perpetuo fermento, haciendo posible su retorno a condiciones normales. Si el gobierno de Estados Unidos va a insistir en que cualquier gobierno que suceda al régimen actual agache la cabeza y acepte las directivas norteamericanas, las dificultades actuales pueden durar muchos años”

También J. V. Perowne, jefe del Departamento Sud Americano del Foreign Oficce, visitó la Argentina y escribió:

“Uno no puede eludir la sensación de que el ¨fascismo¨ del coronel Perón es tan solo un pretexto para las actuales políticas del señor Braden y sus partidarios en el Departamento de Estado: su verdadero objetivo es humillar al único país latinoamericano que ha osado enfrentar sus truenos. Esto contribuirá simultáneamente a mitigar los posibles peligros de la influencia rusa y europea sobre América Latina, y apartará a la Argentina de lo que se supone es nuestra órbita”

Está absolutamente claro que los ingleses defendían las prebendas otorgadas por los gobiernos de la llamada “década infame”, que tienen su mojón en la historia argentina en el llamado “pacto Roca-Runciman” firmado en 1935; y que la oposición, organizada y corporizada en la Unión Democrática, atendían los intereses de las potencias triunfadoras en la, por entonces, apenas finalizada Segunda Guerra Mundial.  

Por otro lado el movimiento obrero que, como pueblo trabajador comenzaba a organizarse, exigía a Perón que se presentara como candidato. Entonces concurrieron a su despacho para persuadirlo y, Perón, señalando la ventana dijo:

“ahí, en Diagonal Norte y Florida, hay espacio suficiente para un buen grupo de personas, si ustedes me ponen 20 ó 25 mil, prometo que por lo menos lo pienso”

El 12 de julio, la CGT realizó un desfile de adhesión a la obra cumplida desde la Secretaría de Trabajo y Previsión. Alrededor de 250 mil personas se congregaron en Diagonal Norte y, a partir de ese día, se transformaron en casi cotidiana. El poder popular aterró a la oligarquía motivando que el Embajador Braden iniciara una serie de giras por el interior del país, llevando el mensaje de la Unión Democrática, atribuyéndose representar a las “fuerzas vivas” que en realidad eran “los vivos de las fuerzas”.

El 7 de agosto, en un discurso que dio Perón en el Colegio Militar, contó la experiencia que había vivido al recibir a Braden en la Casa de Gobierno quien trataba de convencerlo para que adhiera a la estrategia de Yalta. Por entonces el Coronel dijo:

“Una vez pidió entrevistarse con  el Presidente Farrel, pero Farrel no quería recibirlo y me pidió que lo atendiera yo. Lo recibí en el Salón Blanco, en la Casa de Gobierno. El llegó, dejó su sombrero y nos pusimos a hablar a calzón quitado, como hablábamos siempre. Y me empezó a plantear una serie de problemas. Yo le dije: ¨Vea, embajador, nosotros, como movimiento revolucionario, queremos liberar al país de toda clase de férulas imperialistas. Usted se ha embarcado en una tendencia totalmente contraria a la nuestra y nosotros estamos en contra de lo que ustedes, los americanos, quieren, de acuerdo con su Embajador¨ Me acuerdo que me habló de Cuba, me dijo que él había estado allí, y que Cuba no era una colonia –porque yo le había dicho que no estábamos dispuestos a ser una colonia– Entonces le dije: ¨Mire, no sigamos, embajador, porque yo tengo una idea que por prudencia no se la puedo decir¨ ¨No, dígamela¨, replicó él. ¨Bueno –le contesté–, yo creo que los ciudadanos que venden su patria a una potencia extranjera son unos hijos de puta … Y nosotros no queremos pasar por hijos de puta…¨

Se enojó y se fue. Y con el enojo se olvidó el sombrero. Estuvimos solos en la entrevista; por allí estaban cerca los edecanes… ¡Después los muchachos estuvieron jugando al futbol con el sombrero de Braden! Era un individuo temperamental. Un búfalo. Yo lo hacía enojar, y cuando se enojaba atropellaba las paredes … ¡que era lo que yo quería!, porque entonces perdía toda ponderación…”

En aquel mes de agosto Japón se había rendido definitivamente a las fuerzas aliadas, y la Unión Democrática utilizó la realidad internacional para generar mayores incidentes en el país. Una vez más se contrapuso  a un proyecto nacional las directivas del poder internacional.

La política social de entonces había atraído el consenso de las masas populares, para dar algún ejemplo podemos citar la reforma agraria fundamentada en principios tales como:

“ninguna sociedad anónima puede tener, como tienen algunos, de 1.200 a 1.500 leguas en la Patagonia. Si seguimos en ese tren de cosas pronto las compañías formaran provincias o gobernaciones. La revolución ha levantado la bandera de la reforma agraria y esa será una de las grandes conquistas de la revolución. Es natural que contra nosotros se hayan levantado las ¨fuerzas vivas¨ que otros llaman ¨los vivos de las fuerzas¨”.     

En ese entonces los “vivos” a que aludía Perón eran: quinientos que vivían traficando en la Bolsa de Comercio con lo que otros producían, doce señores de la Unión Industrial que no habían sido industriales nunca, y los ganaderos que se reunían únicamente para apoyar golpes de estado.

El 19 de septiembre sesenta mil personas se nuclearon desde el Congreso a la Plaza de Mayo, donde Braden presidió un acto junto a José Santos Guillán, Eustaquio Méndez Delfino, Manuel Ordoñes, Rodolfo Ghioldi y otros políticos. A los cuatro días Braden se fue del país, dejando vía libre a los actos conspirativos ejercidos contra los postulados sociales, económicos y políticos que el Coronel Juan Perón había dado a la revolución nacional.

El 8 de octubre Perón convoca a todos los jefes y al general Eduardo Ávalos, que era jefe de la oposición. Así fue que unos cuarenta jefes militares concurrieron a su despacho donde fueron intimados a una definición, donde Perón dijo:

“Si no me dejan hacer yo me voy a mi casa, arréglense ustedes”

La decisión fue favorable a Perón. A su regreso a Campo de Mayo el general Ávalos explica el fracaso, recibiendo como contrapropuesta marchar hacia Buenos Aires con el apoyo de la Escuela de Guerra proponiendo, al efecto, una reunión al día siguiente.

El 9 de octubre, con el apoyo de la Escuela Superior de Guerra, Ávalos pide a Farrel exija a Perón la renuncia a los cargos de: vicepresidente de la Nación, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo y Previsión. Muchos se acercaron al Coronel manifestando su apoyo para reprimir a los sublevados en Campo de Mayo a lo que se negó, aclarándolo tiempo después: ¡Cómo iba a tomar semejante medida para defender una posición personal!. Por la tarde el general Pistarini lo anotició que Farrel consideraba a la situación como insostenible y le  pedía la renuncia. Fue así que entregó a Pistarini la renuncia de puño y letra que, tiempo después aclaró, fue para demostrar que no le tembló el pulso para redactarla, donde decía:

“Renuncio a los cargos de Vicepresidente de la Nación, Ministro de Guerra y Secretario de Trabajo y Previsión, con los que Vuestra Excelencia ha sabido honrarme”

El 10 de Octubre fue designado Ministro de Guerra el general Eduardo Ávalos, mientras Perón se dirigió a la Secretaría de Trabajo y Previsión para despedirse y, a las 19.30 hs. en un improvisado palco instalado en la calle Perú entre Victoria y Julio A. Roca, dirigiéndose a los presentes, dijo:

“Trabajadores: termino de hablar con los empleados y funcionarios de la Secretaría de Trabajo. Les he pedido como mi última voluntad de Secretario de Trabajo y Previsión, que no abandone nadie los cargos que desempañan, porque se me habrían presentado numerosísimas renuncias. Yo considero que en esta hora el empleo en la Secretaría no es un puesto administrativo, sino un puesto de combate, y los puestos de combate no se renuncian, se muere en ellos.

Esta casa, fundada hace un año y medio, se ha convertido en la esperanza de los hombres que sufren y trabajan. Esa esperanza no debe ser defraudada por nadie porque acarrearía las mayores desgracias de nuestra patria.

Despojado de toda investidura, hablo hoy a mis amigos los trabajadores, expresándoles, por última vez desde esta casa, todo lo que mi corazón siente hacia ellos y todo lo que he de hacer en mi vida por su bien.

Si la revolución se conformara con dar comicios libres no hubiera realizado sino una gestión en favor de un partido político. Esto no pudo, no puede, ni podrá ser la finalidad exclusiva de la revolución. Eso es lo que querían algunos políticos para poder volver, pero la revolución encarna en sí las reformas fundamentales que se ha propuesto realizar en lo económico, en lo político y en lo social. Esta trilogía representa las conquistas de esta revolución que está en marcha y que cualesquiera sean los acontecimientos no podrán ser desvirtuados en su contenido fundamental.

La obra social cumplida es de una consistencia tan firme que no cederá ante nada, y la aprecian no los que la denigran sino los obreros que la sienten. Esta obra social que sólo los trabajadores la aprecian en su verdadero valor, debe ser también defendida por ellos en todos los terrenos.

La Secretaría de Trabajo y Previsión acometió hace un año y medio dos enormes tareas: la de organizar el organismo y la de ir, sobre la marcha, consiguiendo las conquistas sociales que se consideraban más perentorias para las clases trabajadoras. Sería largo enumerar las mejoras logradas en lo que se refiere al trabajo, a la organización del trabajo, a la organización del descanso, al ordenamiento de las remuneraciones y a todo lo que concierne a la previsión social.

Esta tarea realmente ciclópea se ha cumplido con este valioso antecedente: las conquistas obtenidas lo han sido con el absoluto beneplácito de la clase obrera, lo que representa un fenómeno difícil de igualar en la historia de las conquistas sociales.

En el campo de la previsión social hemos comenzado por realizar una propaganda sobre el ahorro –posible con los mejores salarios– y luego propugnamos por el incremento de las mutualidades. Se ha aumentado el número de los argentinos con derecho a jubilación en cifras verdaderamente extraordinarias, y a este respecto cabe destacar la iniciativa de la Confederación de Empleados de Comercio, que constituye un triunfo y un motivo de orgullo para la previsión social argentina.

Hemos defendido desde aquí a todas las organizaciones obreras, las que hemos propugnado, facilitándoles su desenvolvimiento. Desde esta casa no se ordenó jamás la clausura de un sindicato obrero ni se persiguió nunca a un trabajador, por el contrario, siempre que nos fue posible pedimos a las autoridades la libertad de obreros detenidos por distintas causas.

A diferencia de lo que ha sucedido en otras partes o en otros tiempos, las autoridades han defendido a las organizaciones obreras en lugar de molestarlas o perseguirlas. Es así que terminamos de dictar un decreto-ley referente a las organizaciones profesionales. Cuando llegué a la Secretaría de Trabajo, el primer pedido que recibí de los obreros fue la derogación de un decreto del año 1943 en el que se establecía para las asociaciones gremiales un régimen de tipo totalitario.

El primer decreto que firmé en esta secretaría fue la derogación de ese reglamento, y tengo la satisfacción de decir que el último que he firmado es el nuevo régimen legal de las asociaciones profesionales, que difiere fundamentalmente del anterior, y con respecto al cual puedo asegurar que es de lo más avanzado que existe en esta materia. Bastaría decir que bajo este cuerpo legal, el gobierno, que puede intervenir una provincia o una asociación de cualquier orden no puede intervenir, en cambio, los sindicatos obreros.

También dejo firmado un decreto de una importancia extraordinaria para los trabajadores. Es el que se refiere al aumento de sueldos y salarios móvil, vital y básico, y la participación en las ganancias. Dicho decreto que he suscripto en mi carácter de secretario de Estado, tiene las firmas de los Ministros de Obras Públicas y de Marina, y beneficia no solamente a los gestores de la iniciativa –la Confederación de Empleados de Comercio– sino a todos los trabajadores argentinos.

Y ahora, como ciudadano, al alejarme de la función pública, al dejar esta casa que para mí tiene tan gratos recuerdos, deseo manifestar una vez más la firmeza de mi fe en una democracia perfecta, tal como la entendemos aquí.   

Dentro de esa fe democrática fijamos nuestra posición incorruptible e indomable frente a la oligarquía. Pensamos que los trabajadores deben confiar en sí mismos y recordar que la emancipación de la clase obrera está en el propio obrero. Estamos empeñados en una batalla que ganaremos porque es el mundo el que marcha en esa dirección. Hay que tener fe en esa lucha y en ese futuro. Venceremos en un año o venceremos en diez, pero venceremos.

En esta obra, para mí sagrada, me pongo al servicio del pueblo, y así como estoy dispuesto a servirlo con todas mis energías juro que jamás he de servirme de él para otra cosa que no sea su propio bien. Y algún día, para despertar esa fe, ello es necesario, me incorporaré a un sindicato y lucharé desde abajo.

Al dejar el gobierno, pido una vez más a ustedes que se despojen de todo otro sentimiento que no sea el de servir directamente a la clase trabajadora. Desde anoche, con motivo de mi alejamiento de la función pública ha corrido en algunos círculos la versión de que los obreros estaban agitados. Yo les pido que en esta lucha me escuchen. No se vence con violencia; se vence con inteligencia y organización. Por ello les pido también que conserven una calma absoluta y cumplir con lo que es nuestro lema de siempre, del trabajo a casa y de casa al trabajo.

No debemos por ninguna causa exponer la tranquilidad de un obrero o la felicidad de una familia. Hemos de luchar con inteligencia y organización, y así, el triunfo será nuestro.

Debo decirles que he hablado con el Exmo. Sr. Presidente que me ha prometido que la obra social realizada y las conquistas alcanzadas serán inamovibles y seguirán su curso. Pido, pues, el máximo de tranquilidad a todos los trabajadores del país, tranquilidad y calma es lo que necesitamos para seguir estructurando nuestras organizaciones y hacerlas tan poderosas que en el futuro sean invencibles. Y si un día fuese necesario he de formar en sus filas para obtener lo que sea justo. Mientras tanto que sea la calma y la tranquilidad la que guíe los actos de los obreros para que no se perjudique esta magnífica jornada de justicia social. Pido orden para que sigamos adelante en nuestra marcha triunfal pero, si es necesario, algún día pediré guerra.

Y ahora quiero que demos una vez más ese ejemplo de cultura que han exhibido en esta ciudad las masas de trabajadores, les pido a todos que llevando en nuestro corazón nuestra bandera de reivindicaciones piensen en cada día de la vida que hemos de seguir luchando inquebrantablemente por esas consignas que representan los objetivos que han de conducir a nuestra República a la cabeza de las naciones del mundo. Recuerden y mantengan grabado el tema ¨de casa al trabajo y del trabajo a casa¨ y con  eso venceremos.

Para terminar no voy a decirles adiós les voy a decir ¨hasta siempre¨, porque desde hoy en adelante estaré entre ustedes más cerca que nunca, y lleven finalmente esta recomendación de la Secretaría de Trabajo y Previsión: Únanse y defiéndanla porque es la obra de ustedes y es la obra ¨nuestra¨.  

El 11 de octubre el gobierno convocó a elecciones para el 7 de abril de 1946. A las 23.00 Perón decide aceptar la invitación de Román Subiza para instalarse por unos días en su casa de San Nicolás, partiendo en auto con Evita. A último momento cambia el destino y decide aceptar la invitación de Raúl Freude e instalarse en una casa ubicada en Tigre, más precisamente en el Delta cerca de las Tres Bocas. Inmediatamente encarga a Mercante que informe acerca de su paradero al Ministro de Guerra para no rehuir responsabilidades de ninguna índole.

El viernes 12 de octubre se informa acerca de la renuncia de todo el gabinete, presentando al general Ávalos como único Ministro en funciones. A pesar de haber sido considerada una jornada triunfal por la oposición que había movilizado a unas sesenta mil personas a la Plaza San Martín, en realidad los acontecimientos hacían vislumbrar un verdadero fracaso. En primer lugar la oposición no había podido imponer su planteo de entregar el poder a la Corte Suprema de Justicia de la Nación; en segundo término mientras negociaban con los militares, los sectores reunidos alrededor de la Junta de Coordinación Democrática evidenciaban cruda y agresivamente el histerismo antimilitar que los dominaba; y en tercer lugar no disimularon la intensión restauradora del régimen anterior al 4 de junio de 1943, establecida por la presencia de muchos personajes que aparecieron con papel protagónico, sin contar a aquellos que se movían entre las bambalinas con menor notoriedad pero con mayor eficacia.

En la madrugada del 13 de octubre el Jefe de Policía, Mittelbach, se apersona en la casa de Tigre donde se encontraba Perón y procede a su detención. El Subjefe de Policía, Mayor D´Andrea lo traslada hasta la cañonera Independencia con la que es llevado hasta la Isla Martín García donde fue recibido por su jefe, el Coronel Ladvocat quien lo alojó en una casita de aspecto modesto constituida por: una habitación dividida en dos por un tabique de madera a media altura, a la derecha estaba el dormitorio una cama con mosquitero, una mesita y una radio prestada; a la izquierda el comedor, una mesa, dos sillas y una mesita auxiliar. En la pared del fondo había una ventana que daba a la calle. Del dormitorio se pasaba al baño con lavatorio e inodoro, sobre el cual había un cartel que decía: “utilice bien el inodoro, no sea chancho”.

Luego recibió la visita del médico militar Dr. Mazza quien, procedió a revisarlo y recibió una carta escrita por Perón dirigida a Evita cuyo texto decía:   

A la

Señora Eva Duarte

Buenos Aires

Mi tesoro adorado

Sólo cunando nos alejamos de las personas queridas podemos medir el cariño que nos inspira. Desde el día que te dejé allí con el dolor más grande que puedas imaginar no he podido tranquilizar mi triste corazón. Hoy sé cuanto te quiero y no puedo vivir sin vos. Esta inmensa soledad sólo está llena con tu recuerdo.

Hoy he escrito a Farrel pidiéndole me acelere el retiro, en cuanto salga nos casamos y nos iremos a cualquier parte a vivir tranquilos.

Por correo te escribo y te mando una carta para entregar a Mercante. Esta te la mando con un muchacho porque es probable que me intercepten la correspondencia.

De casa me trasladaron a Martín García, y aquí estoy no sé por qué  y sin que me hayan dicho nada ¿qué me decís de Farrel y de Ávalos? Dos sinvergüenzas con el amigo. Así es la vida.

En cuanto llegué, lo primero que hice fue escribirte. No sé si habrás recibido mi carta que mandé certificada.

Te encargo le digas a Mercante que hable con Farrel, para ver si me dejan tranquilo y nos vamos a Chubut los dos.

Pensaba también que conviene, si iniciaron algunos trámites legales, le consultaras al Doctor Gache Pirán, Juez Federal, muy amigo mío, sobre la forma cómo puede hacerse todo. Decile a Mercante que sin pérdida de tiempo se entreviste con Gache Pirán y hagan las cosas con él. Creo poder proceder por el Juzgado Federal del mismo Gache Pirán.

El amigo Brosen puede ser útil en estos momentos, porque el hombre es de muchos recursos.

Debes estar tranquila y cuidar tu salud mientras yo esté lejos para  cuando vuelva. Yo estaría tranquilo si supiese que no estás en ningún peligro y te encuentras bien.

Mientras escribía esta carta me avisan que hoy viene Mazza  (el Doctor Luis Ángel Mazza, médico militar) a verme, lo que me produce una gran alegría, pues con ello tendré un contacto indirecto contigo.

Estate muy tranquila. Mazza te contará cómo está todo. Trataré de ir a Buenos Aires por cualquier medio, de modo que puedes esperar tranquila y cuidarte mucho la salud. Si sale el retiro nos casamos al día siguiente y si no sale yo arreglaré las cosas de otro modo, pero liquidaremos esta situación de desamparo que tú tienes ahora.

Viejita de mi alma, tengo tus retratitos en mi pieza y los miro todo el día con lágrimas en los ojos. Que no te vaya a pasar nada porque entonces habrá terminado mi vida. Cuídate mucho y no te preocupes por mí, pero quereme mucho. Hoy lo necesito más que nunca.

Tesoro mío, tené calma y aprendé a esperar. Esto terminará y la vida será nuestra. Con lo que yo he hecho estoy justificado ante la historia y sé que el tiempo me dará la razón.

Empezaré a escribir un libro sobre esto y lo publicaré cuanto antes; veremos entonces quien tiene razón.

El mal de este tiempo y especialmente de este país son los tontos y tú sabes que es peor un bruto que un malo.

Bueno mi alma: querría seguirte escribiendo todo el día, pero hoy Massa te contará más que yo. Falta media hora para que llegue el vapor.

Mis últimas palabras de esta carta quiero que sean para recomendarte calma y tranquilidad. Muchos pero muchos besos y recuerdos para mi chinita querida

Juan Domingo Perón

También le escribió una carta a Mercante que le envió a través del Dr. Mazza, cuyo texto decía:

Isla de Martín García, 13  de octubre de 1945

Sr. Tcnel. Domingo Mercante

Bs. As,

Mi querido Mercante

Ya estoy instalado aquí, incomunicado a pesar de la palabra de honor que me dieron en su presencia. El Independencia me condujo y cuando llegué aquí supe lo que vale la palabra de honor de los hombres.

Sin embargo yo tengo lo que ellos no tienen: un amigo fiel y una mujer que me quiere y yo adoro. Mando mucho más que ellos porque actúo en muchos corazones humildes.

Desde que me encanaron no hago sino pensar en lo que puede producirse si los obreros se proponen parar, en contra de lo que les pedí. No le pido que venga porque no lo dejarán que me va: tal es la prohibición según me han comunicado acá.

Le he escrito al general Farrel pidiéndole que me acelere el plazo mínimo del retiro del ejército que solicité y le ruego que usted me haga la gauchada de ocuparse de ello a fin de terminar de una vez con eso. Si el general Farrel se ocupa puede salir inmediatamente. Yo le saqué en el día el del Tcnel. Duco.

Hoy le escribo a Evita pidiéndole una radio para no estar aislado, se puede mandar por el barco llevándola al puerto. El coronel Job le puede informar cómo se hace.

Escríbame con las novedades de ésa pues aquí llegan sólo lo de los diarios y un poco tarde.

Le encargo que arreglen con Subiza para plantear mi caso en forma legal, pues yo no he cometido delito alguno ni militar ni civil. Si estoy a disposición del P. E. tengo el mismo derecho que los demás para acogerme a la ley. Sería interesante que me informar cuál es mi situación porque todavía no sé de qué se trata.

Aquí no se está mal del todo en lo material. El clima parece bueno y el Jefe de esto es un hermano de Ladvocat que parece buena persona; sólo he conversado brevemente y me ha resultado lo más correcto y camarada de cuanto he tratado hasta ahora; aquí hay un mayor Copello que es un excelente camarada y que esta tarde he charlado con él, ambos han sido del ejército.

Me ha hecho gracia que algunos creyeran que me iba a escapar. Son unos angelitos pues si lo hubiera querido hacer tenía diez embajadas con amigos que me hubieran acogido con los brazos abiertos. Ellos olvidan que yo soy un soldado de verdad y que si no hubiera querido entregarme hubieran sido otros los procedimientos que habría seguido. Con todo estoy contento de  no haber hecho matar un solo hombre por mí y de haber evitado toda violencia. Ahora he perdido toda posibilidad de seguir evitándolo y tengo mis grandes temores que se produzca allí algo grave. De cualquier modo mi conciencia no cargará con culpa alguna, mientras pude actuar lo evité, hoy anulado no puedo hacer nada.

Lo que me revienta es que no puedo dormir. Mis nervios han hecho crisis luego de estos dos años de tan intensas sensaciones y comienzan hoy a desquitarse de todo lo que los tuve tensos. Sin embargo estoy tranquilizándome poco a poco.

Le  encargo mucho a Evita porque la pobrecita tiene sus nervios rotos y me preocupa su salud. En cuanto me den el retiro me caso y me voy al diablo.

Salude a todos los amigos y en especial al peronismo. Dígales que estoy pasando lo único que me faltaba para completar mi personalidad: hasta ahora no había tenido la posibilidad de ser víctima y con todo se aprende en esta vida, aunque sea a costa de sacrificios tan penosos como este.

La ingratitud es flor lozana de nuestros tiempos. Se la vence con los valores eternos y a esos Dios no los reparte sino en una ínfima proporción de los vicios. La virtud crece con el sufrimiento y el dolor es su maestro, esperemos de Dios la recompensa, que los hombres son pérfidos y traidoramente injustos.

Querido amigo: usted es de los excelsos por eso vivirá amargado pero con una conciencia feliz. La conciencia es la madre del alma, por eso nos adormece con una canción de cuna cuando está pura y limpia.

Con mi brazo fraterno y amigo le lleguen todos mis sentimientos y todos mis amistosos recuerdos.

Un gran abrazo.

Juan Domingo Perón

Mientras tanto Juan Fentanes, Director de la revista “Crítica” fue nombrado al frente de la Secretaría de Trabajo y Previsión y Juan Álvarez, Procurador General de la Nación, sugerido a Ávalos desde el radicalismo en la persona de Sabattini en una entrevista mantenida en la casa de su yerno el mismo sábado 13, le pidieron que se encargara de la formación del gabinete a lo que accedió, con la compañía de sus amigos radicales intransigentes Francisco Ratto, Héctor Dasso y Roque Coulin. Así le fue propuesto por Ávalos a Farrel, con la anuencia de Sabattini que veía en Álvarez la instalación de una contrafigura sobre el que podría golpear sin mayor riesgo.

El nuevo Secretario de Trabajo y Previsión pronunció esa noche un discurso que fue transmitido por radio, donde aseguró que las conquistas obreras serían respetadas y perfeccionadas en la medida de lo posible, opinó que la Secretaría a su cargo “no debía proponer audaces improvisaciones en materia laboral”, pero tampoco quedar rezagada; aseguraba a los patrones que no se impondrían medidas que ellos no hubieran estudiado previamente y anunciaba que el organismo no sería sede de actividades personalistas o partidarias. Con palabras bastante angelicales concluía afirmando que:

“esta Secretaría … resolvería con criterio de equidad y justicia las diferencias entre capital y trabajo que no se hayan podido conciliar … al resolver esos problemas, la solución final debe satisfacer a ambas partes”

Ese discurso pronunciado en el momento en que caía Perón fue interpretado por los sectores obreros –no sin razón– como augurio de liquidación de las mejoras obtenidas hasta entonces, sumado a la renuncia en pleno de la Corte Electoral augurando el retorno al fraude.

El día 14 el Procurador General, Juan Álvarez, inició su función de Primer Ministro Europeo, tal cual lo definió la prensa adicta de la época, entrevistó al titular de la Corte Suprema de Justicia  para pedirle formalmente el apoyo para cumplir ese cargo, luego se reunió con todos los Presidentes de las Cámaras Federales de Apelaciones del país para confirmar su apoyo. tras lo cual concurrió a entrevistar al Presidente de la Nación para aceptar oficialmente el cargo para conformar el gabinete. Inmediatamente, y durante tres días, a una larga cola de ministeriales, algunos de los cuales eran como para ponerse a temblar: Melo, Saavedra Lamas, Hueyo, Iturbe, Pinedo, etc.

Por otro lado algunos delegados de FOTIA habían llegado a Beriso y, desde el cuartel general de Cipriano Reyes, anunciaron a través de los altoparlantes el movimiento que se estaba realizando en Tucumán diciendo:

“Como en los tiempos de Güemes ¡marcharemos con lanzas y tacuaras para pelear por nuestra libertad y por la libertad de nuestro líder!”

El mismo día Perón le envió una carta al general Ávalos solicitando se aclare su situación, diciendo:

Isla de Martín García, 14 de octubre de 1945

A S. E.

Sr. Ministro de Guerra

Comunico al Sr. Ministro que el día 12 de octubre a la noche he sido detenido por la policía federal, entregado a las fuerzas de la marina y confinado en la  isla Martín García.

Como todavía soy un oficial superior del ejército en actividad y desconozco el delito de que se me acusa como así las causas por las cuales he sido privado de mi libertad y sustraído de la jurisdicción que por ley me corresponde, solicito quiera servirse ordenar se realicen las diligencias del caso para esclarecer los hechos y de acuerdo a la ley disponer en consecuencia mi procesamiento o proceder a resolver mi retorno a jurisdicción y libertad, si correspondiere.

Juan Perón. Coronel

El lunes 15 se derogó el Estatuto Orgánico de los Partidos Políticos “atendiendo al legítimo reclamo de la ciudadanía” según reza el decreto respectivo. A partir de allí constituyeron las “juntas promotoras” para los tres partidos políticos que subsistían como reconocidos.

Ese mismo día la Mesa Directiva de la Unión Cívica Radical, a instancia de Sabattini, adoptó una resolución donde afirmaba que la solución de la crisis consistía en la entrega del poder al Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación “reclamada por la opinión unánime de la República”. Cita textual del documento:

“Que los cambios habidos recientemente en el gobierno de facto no han modificado en forma alguna su esencia. La anarquía a que ha sido llevado no puede encontrar remedio en el simple cambio de hombres que hasta ayer han actuado con absoluta solidaridad de ideas y propósitos. Que la UCR mantiene con firmeza su posición frente a todo gobierno que no sea la expresión legítima de la soberanía y por lo tanto la ratifica en los actuales momentos, con la prohibición expresa a sus afiliados de colaborar, directa o indirectamente, con gobiernos que no hayan surgido o surgieren de su propio seno. Que ha compartido y comparte la acción valiente del pueblo en su reclamo por la inmediata normalización institucional y contempla con simpatía el esfuerzo patriótico de sectores de las Fuerzas Armadas movidos por idénticos anhelos. Que producida la acefalía del gobierno, la entrega del poder al Presidente de la Suprema Corte de Justicia reclamada por la opinión unánime de la República es la solución que resuelve la grave crisis política que agita y perturba la vida de la Nación. Buenos Aires, 15 de octubre de 1945” (firmado) Gabriel Oddone y demás integrantes de la Mesa Directiva.

Tiempo después el Dr. Arturo Frondizi contó aquella experiencia político- partidaria mediante declaraciones públicas, donde textualmente expresó:

“En seguida de la renuncia de Perón llegó Sabattini a Buenos Aires y se instaló en lo de Barón Biza. En la Casa Radical, virtualmente copada por los comunistas, se discutía permanentemente la actitud que debía adoptar el partido. Los intransigentes eran agraviados y hasta agredidos; yo me salvé porque muchos de los que allí estaban copando la casa habían sido defendidos por mí cuando fueron presos políticos. Me pareció indispensable montar guardia al lado de Sabattini y allí me quedé no sé cuánto tiempo, insistiéndole para que aceptara el ofrecimiento del general Ávalos.

Haga algo, doctor –le decía y – ¡Dé un paso al frente! ¡Cualquier cosa! Por ejemplo ir a la Casa Rosada a hablar con Ávalos.

Le dije que el doctor Álvarez andaba formando un gabinete con conservadores y que eso el país no lo aguantaría.

En el ejército hay malestar. Se han dicho cosas terribles contra las Fuerzas Armadas en la Casa Radical, y entre la gente que asistía a los debates públicos  había muchos oficiales vestidos de civil, escuchando todo eso … El ejército no va a permitir que se vuelva a lo de antes, al 43 … ¡Usted tiene que evitarlo!

Hay que señalar que en ese momento el prestigio de Sabattini era inmenso en todo el país. Era un caudillo extraordinario y veía con mucha claridad el proceso. Pero se le había escapado un aspecto fundamental.

Vea Frondizi –me contestó en esa oportunidad–. A Perón yo le he sacado del ala y voy a volver a sacarlo cuantas veces sea necesario. Algunos amigos nuestros están impacientes por ocupar funciones de gobierno pero es conveniente esperar. A nosotros nos conviene un ministro conservador. Deje que ocurra eso y el camino de Buenos Aires a Villa María va a ser chico para la fila de coches de los que van a venir a vernos.

Y agregó:                                                                                                                

Y no se preocupe por Perón. Está terminado.

El planteo de Sabattini era correcto, en líneas generales. Lo que no previó fue el movimiento popular que trajo a Perón de vuelta”

Amadeo Sabattini y el general Eduardo Ávalos fueron los cabecillas del golpe del 9 de octubre de 1945. El dirigente radical lo reveló en el diario Tribuna de Rosario, a su paso por Villa María, y sus declaraciones fueron reproducidas por la  revista Ahora, edición del 25 de octubre.

El 19 de mayo de enero de 1946, a su regreso del interior, Perón fue entrevistado por el diario La Época donde, en este sentido, dijo:

-       Vaya a saber qué mosca habrá picado al tanito de Córdoba.

-       Ha hecho acusaciones concretas

-       Sí. Comenzó diciendo que yo he usurpado el poder. Pero mal he podido usurpar algo que detenté jamás. Por otra parte, en materia de usurpaciones Sabattini no está limpio de culpa. Él ha confesado antes que pretendió hacer eso que me achaca favoreciendo el motín de Campo de Mayo. Ha dicho expresamente que él dirigió el movimiento, y si no usurpa ahora nada, es porque la fortuna le volvió la espalda. Y, entre nosotros, yo creo que la fortuna estuvo muy inteligente.

Y el coronel terminaba su entrevista con unos dichos que se hicieron famosos:

“Creí en un tiempo que este mozo era hábil, pero después de sus declaraciones de Rosario, publicadas por el semanario Ahora, llegué a la conclusión de que su criterio y su habilidad cabían en una caja de fósforos y además entraban los fósforos”

Continuando con el relato cronológico que venimos dando, si estos eran los hechos notorios que seguía la opinión pública al minuto, otras cosas menos resonantes seguían silenciosamente otro proceso. Esa misma mañana el capitán Héctor Russo, que había sido hasta dos días antes director de las Delegaciones Regionales en la Secretaría de Trabajo y Previsión y fuera detenido inmediatamente después a la renuncia de Perón, al recuperar la libertad empuñó el teléfono y se comunicó con las oficinas de la Secretaría distribuidas en todas las provincias. Comunicó que el Coronel había sido detenido esa madrugada, que la CGT estaba por reunirse para considerar una declaración de huelga general, que la reacción patronal se había apoderado de la Secretaría, que en todo el gran Buenos Aires existía inquietud. Aconsejó mantenerse en contacto.

Así fue que la Comisión Central Confederal de la CGT se reunió en la sede de la Unión Tranviario Automotor tratando, como punto único de la Orden del Día: huelga general. En Rosario la CGT local anunció que iba a gestionar la libertad de Perón. Hubo manifestaciones en Berisso y Ensenada promovidas por la gente del Sindicato de la Carne

Por otro lado Mercante cubría también una fatigosa jornada. Después de haber dejado a Perón en la cañonera que lo condujo a Martín García, empezó a recorrer los aledaños de Buenos Aires hablando con dirigentes de todos los niveles, a quienes les contaba sobre la detención de Perón y señalaba  el jueves 18 como fecha ideal para una huelga general, hasta que recibió la orden de presentarse arrestado en Campo de Mayo donde permaneció hasta el 17.

Desde el martes 16 había comenzado a desplazarse una gruesa columna de Avellaneda a Plaza de Mayo. El grupo de Cipriano Reyes, del gremio de la carne, también abandonó su trabajo y se sumó al movimiento popular. Espontáneamente se reunió el Comité Confederal de la CGT y resolvió una huelga general por 48 horas.

Por otro lado el capitán médico Dr. Miguel Ángel Mazza fue recibido por el Presidente Farrel quien inmediatamente quiso conocer el estado de salud del coronel Perón, informando acerca de una dolencia pulmonar que padecía de antigua data (tal cual lo habían convenido con Perón en Martín García) agregando que la responsabilidad de la salud, cuando estaba libre, corría por su cuenta; mientras que en estas circunstancias de detención la responsabilidad es del Estado. A este relato lo acompañó el coronel Tauber, allí presente, que dijo:

“Ha visto mi general se está haciendo un héroe. Es una infamia lo que se comete. Nos han engañado”

Ahí surgió la posibilidad de una reunión a la que asistieron: Mazza, Ávalos, Vernengo Lima y otros; donde se trató la posibilidad de sacarlo a Perón de Martín García y, luego de deliberar ante la negativa de Vernengo Lima, coincidieron en trasladarlo de la isla al Hospital Militar bajo la supervisión del Dr. Mazza acompañado por una junta médica militar.

Por otro lado aquel martes 16 presentaba características curiosas: el gobierno que dirigían Ávalos y Vernengo Lima se esforzaban por complacer a la oposición, que veía colmadas sus expectativas con hechos que consideraban claves como, por ejemplo: la detención de Perón; la convocatoria a elecciones; la derogación del Estatuto de los Partidos Políticos y la entrega de la conducción futura a un hombre como Álvarez. A pesar de ello algunos sectores insistían sobre la entrega del gobierno a la Corte y la “desperonizacion” de la política, tal cual lo exigía el comunismo.

No obstante reinaba en la atmósfera un clima de alivio, pues al día siguiente Álvarez estaría presentando el nuevo gabinete y el 18 estaba anunciada la solemne reapertura de las universidades; mientras Perón estaba terminado, se lo sometiera a proceso o no. En cuanto a los trabajadores, si bien amenazaban con una huelga general, eran controlados por los sindicatos conducidos por socialistas y comunistas. Para completar aquellas buenas noticias para ese sector de la política, el Senado de los Estado Unidos terminaba de acordar la designación de Braden como Embajador de ese país e la Argentina.    

El tratamiento de la designación como embajador de Braden merece un párrafo aparte. En los Estados Unidos se encontró un Senado opositor que se resistía a confirmarlo en su cargo lo que motivara un pedido de audiencia de Braden al Presidente Harry Truman donde logró convencerlo de postergar la Conferencia Interamericana que había sido convocada para el 20 de octubre en Río de Janeiro. El propósito de esa Conferencia era formalizar el Acta de Chapultepec mediante un régimen de seguridad continental para la posguerra, pero había fuertes resistencias, del sector más reaccionario del Departamento de Estado, a negociar un tratado de asistencia militar con las naciones latinoamericanas que incluyan a lo que llamaban “el régimen argentino”, esta posición terminó complicando el nombramiento de Braden en el Congreso.

En particular, el republicano Arthur Vanderberg y el demócrata John Connally, que habían sido delegados en la conferencia en la ciudad de México y San Francisco, encabezaban el grupo de senadores que acusaban a Braden de intervenir en los asuntos internos de la Argentina e ir en contra de la política de “buena vecindad”  comportándose como “un toro en un negocio de venta de artículos de porcelana”. La postergación de la conferencia sobre seguridad continental aumentaría esas críticas, responsabilizando a las políticas seguidas por Braden el entorpecimiento de la  marcha en los compromisos hemisféricos. Varios senadores se expresaron en contra por esa razón y el más elocuente fue el senador republicano por Wisconsin, Robert La Follette  

Para acelerar la designación un grupo de argentinos envió un telegrama al Senador Tom Connally, Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de ese país, haciéndole saber que:

“La opinión pública democrática argentina coincide con la posición de Mr. Braden respecto al problema de la libertad en América y consideraría como una actitud amistosa para nuestro pueblo y nuestra democracia su confirmación”.

Firmado: Alejandro Ceballos, Héctor González Iramain, Mariana Sáenz Valiente de Grondona, Adela Grondona, Bernando Houssay, Alicia Moreau de Justo, Andrés Justo, Susana Larguía, Ana Rosa Schlieper de Martínez Guerrero, Raúl Monsegur, Victoria Ocampo, Arturo Orzábal Quintana, María Rosa Oliver, Eugenia Silveyra de Oyuela, Cora Ratto de Sadowsky, Juan Antonio Solari.     

A esto hay que agregarle que el Presidente de la Corte rechazaba un Recurso de Habeas Corpus interpuesto en favor de Perón.

Desde la tarde de ese martes 16 manifestaciones obreras avanzaban desde Avellaneda gritando por la libertad de Perón, se reunían frente a la Secretaría de Trabajo y Previsión para luego dirigirse a la Plaza de Mayo. En el Gran Buenos Aires y algunos barrios de Capital Federal se arrojaban volantes que decían:

“La contrarrevolución mantiene preso al libertador de los obreros argentinos, mientras dispone la libertad de los agitadores vendidos al oro extranjero. Libertad para Perón. Paralizad los talleres y los campos”

Unión Obrera Metalúrgica

El 17 a las 6.30 de la mañana llegó la comitiva médica, junto a Perón, al Puerto de Buenos Aires para trasladarlo inmediatamente al quinto piso del Hospital Militar.

Así da comienzo una jornada que marcó un hito en la historia de nuestra Patria. Scalabrini la definió como: “el subsuelo de la Patria sublevado”. Desde otra óptica ideológica, Félix Luna al respecto publicó: “Acaso el único antecedente que reconozca una vvaga semejanza con esa jornada sea el movimiento del 5 y 6 de abril de 1811, cuando el gauchaje de los suburbios de Buenos Aires, conducido por el ¨alcalde de las quintas¨ se concentró en la Plaza de Mayo para apoyar al gobierno supuestamente conservador de Saavedra contra la oposición supuestamente progresista de los partidarios de Moreno. En aquella oportunidad, la orgullosa clase mercantil que había hecho la Revolución de Mayo y los jóvenes patriotas que juraban por la memoria de Moreno sintieron el mismo asombro (o la misma repugnancia) que sintieron los porteños de 134 años más tarde, cuando descubrieron una caliente y vociferante presencia popular cuya existencia no habían imaginado hasta entonces. Porque lo más singular del 17 de octubre fue la violenta y desnuda presentación de una nueva realidad humana, que era expresión auténtica de la nueva realidad nacional. Y eso es lo que resultó más chocante a esta Buenos Aires orgullosa de su rostro europeo: reconocer en esa hora desaforada que tenía el color de la tierra, una caricatura vergonzosa de su propia imagen. Caras, voces, coros, todos desconocidos: la ciudad los vio con la misma aprensión con que vería a los marcianos desembarcando en nuestro planeta. Argentinos periféricos, ignorados, omitidos, apenas presumidos, que de súbito aparecieron en el centro mismo de la urbe para imponerse arrolladoramente. Por eso lo del 17 de octubre no provocó el rechazo que provoca una fracción política partidista frente a otra: fue un rechazo instintivo, visceral, de quienes miraban desde las veredas el paso de las turbulentas columnas. Empezaba la mañana cuando comenzaron a llegar rotundos, desafiantes, caminando o en vehículos cuyos costados repetían hasta el hartazgo el nombre de Perón en tiza, cal y carbón. A medida que avanzaban, las cortinas de los negocios bajaban abruptamente. Venían de las zonas industriales aledañas a Buenos Aires. Nadie los conducía, todos eran capitanes”.

   El día anterior Arturo Jaureche se habíaencontrado con un dirigente forjista de Gerli que le preguntó:

-       ¿Qué hacemos mañana, doctor?

-       ¿Mañana? ¿Qué pasa mañana?

-       Y … la gente se viene para Buenos Aires … ¡No los para nadie! Todos están con Perón

-       ¿Y quién organiza eso?

-       ¡Qué sé yo! Nadie … Todos … ¿Qué hacemos nosotros?

Jaureche confiesa que nada sabía de semejante movimiento. Pero no vaciló

-       Mirá, si es así, cuando la gente salga ¡agarrá la bandera del comité y ponete al frente!

Y cuenta:

-       Pedro Arnaldi movía treinta votos en Gerli. El 17 de octubre a la madrugada pasó el Puente Puyrredon, con su bandera, al frente de diez mil almas …

A partir de las 7 de la mañana la Avenida Mitre en Avellaneda estaba llena de gente, gritos, banderas y carteles improvisados. Algunos pasaron el puente hasta que la policía lo levantó, otros atravesaron el Riachuelo en botes o por otros accesos (balsas improvisadas y hasta a nado), cuando el puente volvió a tenderse nuevos y numerosos contingentes lo cruzaron. En Gerli, en Lomas de Zamora, en Quilmes estaba ocurriendo lo mismo. A las 8 de la mañana la mayoría de los obreros ferroviarios habían abandonado el  trabajo, los barrios comenzaban a quedar vacíos sumidos en un profundo silencio que impresionó a personajes como Ernesto Sábato, que relató esa situación diciendo:

“Estaba en Santos Lugares con la extraña impresión de lo que era una revolución popular … había un silencio profundo, no había noticias, todo estaba paralizado. Yo tuve la impresión de que algo muy poderoso y hasta lleno de misterio estaba aconteciendo; la impresión de que una fuerza enorme y silenciosa, casi subterránea, se había puesto en movimiento. Siempre había asociado la palabra revolución con la idea de ruido, de corrida, de gritos. Y de pronto desde allí, desde Santos Lugares, tuve la sensación de que un movimiento popular podía ser algo potente pero silencioso”

Antes de las 10 de la mañana eran ya muy nutridas las columnas que marchaban hacia el centro de Buenos Aires cantando al unísono: “sin galera y sin bastón lo queremos a Perón” congelados en la historia por una fotografía publicada en “Crítica” que, si bien era un diario popular, que ilustraba una multitud de muchachones descamisados y en alpargatas, a quienes calificó de “aluvión zoológico”. Llegaban sin rencor ni prepotencia, simplemente exponiendo su fuerza al corazón de una ciudad que muchos recorrían por primera vez.

Cuando la situación se puso más espesa, fue en el momento que advirtieron que probablemente la única persona que podía evitar una posible guerra civil estaba impedida de su libertad, alojado en el Hospital Militar acompañado por: el general Tanco, Quijano, Velazco, Antille, Pistarini, De la Colina, Benítez, Lucero, Molina, Uriondo, Lucero, Herrera y el Dr. Mazza; quienes lo mantenían informado de lo que estaba ocurriendo, le informaron sobre la gran marea humana, de los infructuosos recursos de Farrel para calmar la multitud, mientras Ávalos, en el centro de la tormenta, parecía un león enjaulado en la Casa Rosada que, apenas pudo salir de allí, acudió a entrevistar a Perón en el Hospital Militar, en cuyas puertas también aguardaba una multitud. Ambos conversaron sobre lo que estaba ocurriendo, y el Ministro de Guerra le pidió al coronel que hablara con el pueblo y les pidiera que se retiraran de la Plaza de Mayo. Más tarde lo llamó Farrel con el mismo objetivo.

Después de tantos cabildeos decidieron ir a buscar a Perón al Hospital Militar y, al producirse la reunión le hizo algunos pedidos tales como: que sea despedido Vernengo Lima, para luego llamar a los dirigentes obreros y encontrarse todos con Farrel y llegaron a un acuerdo. Los obreros sostenían que todos, incluido Farrel, habían sido traicionados por agentes de la oligarquía, entonces exigieron la renuncia de todos el gabinete y de los traidores.

Concluida la reunión, Perón y Farrel concurrieron a la casa de gobierno y, ante una multitud que se calculó en un millón de personas al grito: ¡queremos a Perón!, ¡queremos a Perón!, ¡queremos a Perón!, el coronel se dirigió a su pueblo y dijo:

“Trabajadores: hace casi dos años desde estos mismos balcones que tenía tres honras en mi vida: la de ser soldado, la de ser un patriota, y la de ser el primer trabajador argentino. Hoy a la tarde, el Poder Ejecutivo ha firmado mi solicitud de retiro del servicio activo del Ejército. Con ello, he renunciado voluntariamente al más insigne honor al que puede aspirar un soldado: llevar las palmas y laureles de general de la Nación. Ello lo he hecho porque quiero seguir siendo el coronel Perón, y ponerme con este nombre al servicio integral del verdadero pueblo argentino. Dejo el sagrado y honroso uniforme que me entregó la Patria para vestir la casaca de civil y mezclarme en esa masa sufriente y sudorosa que elabora el trabajo y la grandeza de la Patria,

Por eso doy mi abrazo final a esa institución, que es el puntal de la Patria: el Ejército. Y doy también el primer abrazo a esa masa grandiosa, que representa la síntesis de un sentimiento que había muerto en la República: la verdadera civilidad del pueblo argentino. Esto es pueblo. Esto es el pueblo sufriente que representa el dolor de la tierra madre, que hemos de reivindicar. Es el pueblo de la Patria. Es el mismo pueblo que en esta histórica plaza pidió frente al Congreso que se respetara su voluntad y su derecho. Es el mismo pueblo que ha de ser inmortal, porque no habrá perfidia ni maldad humana que pueda estremecer a este pueblo, grandioso en sentimiento y en número. Esta verdadera fiesta de la democracia, representada por un pueblo que marcha, ahora también para pedir a sus funcionarios que cumplan con su deber para llegar al derecho del verdadero pueblo.

Muchas veces he asistido a reuniones de trabajadores. Siempre he sentido una enorme satisfacción, pero desde hoy: sentiré un verdadero orgullo de argentino, porque interpreto este movimiento colectivo como el nacimiento de una conciencia de trabajadores, que es lo único que puede hacer grande e inmortal a la Patria. Hace dos años pedí confianza. Muchas veces me dijeron que ese pueblo a quien yo sacrificara mis horas de día y de noche, habría de traicionarme. Que sepan hoy los indignos farsantes que este pueblo no engaña a quien lo ayuda. Por eso, señores, quiero en esta oportunidad, como simple ciudadano, mezclarme en esa masa sudorosa, estrecharla profundamente en mi corazón, como lo podría hacer con mi madre. (En ese instante alguien cerca del balcón le gritó: ¡un abrazo para la vieja!) Perón le respondió: que sea esta unidad indestructible e infinita, para que nuestro pueblo no solamente posea una unidad, sino para que también sepa dignamente defenderla.

¿Preguntan ustedes dónde estuve? ¡Estuve realizando un sacrificio que lo haría mil veces por ustedes! No quiero terminar sin lanzar mi recuerdo cariñoso y fraternal a nuestros hermanos del interior, que se mueven y palpitan al unísono con nuestros corazones desde todas las extensiones de la Patria. Y ahora llega la hora, como siempre para vuestro secretario de Trabajo y Previsión, que fue y seguirá luchando al lado vuestro para ver coronada esa era que es la ambición de mi vida: que todos los trabajadores sean un poquito más felices.

Ante tanta nueva insistencia, les pido que no me pregunten ni me recuerden lo que hoy ya he olvidado. Porque los hombres que no son capaces de olvidar, ni merecen ser queridos y respetados por sus semejantes. Y yo aspiro a ser querido por ustedes y no quiero empañar este acto por un mal recuerdo. Dije que había llegado la hora del consejo, y recuerden trabajadores, únanse y sean más hermanos que nunca. Sobre la hermandad de los que trabajan ha de levantarse nuestra hermosa Patria, en la unidad de todos los argentinos. Iremos diariamente incorporando a esta hermosa masa en movimiento a cada uno de los tristes y descontentos, para que, mezclados a nosotros, tengan el mismo aspecto de masa hermosa y patriótica que son ustedes.

Pido, también, a todos los trabajadores amigos que reciban con cariño éste mi inmenso agradecimiento por las preocupaciones que todos han tenido por este humilde hombre que hoy les habla. Por eso, hace poco les dije que  los abrazaría como abrazaría a mi madre, porque ustedes han tenido los mismos dolores y los mismos pensamientos que mi pobre vieja querida habrá sentido en estos días. Esperamos que los días que vengan sean de paz y construcción para la Nación. Sé que se habían anunciado movimientos obreros; y ahora, en este momento, no existe ninguna causa para ello. Por eso les pido, como un hermano mayor, que retornen tranquilos a sus trabajos y piensen. Y hoy les pido que retornen tranquilos a sus casas, y esta única vez, ya que no se los puedo decir como secretario de Trabajo y Previsión, les pido que realicen el día de paro festejando la gloria de esta reunión de hombres que vienen del trabajo que son la esperanza más cara de la Patria

He dejado deliberadamente para lo último, el recomendarles que antes de abandonar esta magnífica asamblea, lo hagan con mucho cuidado. Recuerden que entre todos hay numerosas mujeres obreras, que han de ser protegidas aquí en la vida por los mismos obreros; y, finalmente, recuerden que estoy un poco enfermo de cuidado y les pido que recuerden que necesito un descanso que me tomaré en el Chubut ahora,  para reponer fuerzas y volver a luchar codo a codo con ustedes, hasta quedar exhausto si es preciso. Pido a todos que nos quedemos por lo menos quince minutos más reunidos, porque quiero estar desde este sitio contemplando este espectáculo que me saca de la tristeza que he vivido en estos días”.

La manifestación se retiró al grito de ¡mañana es san Perón, que trabaje el patrón!, transformando al 18 de octubre en un día feriado festejando la épica revolucionaria, en lugar de una triste huelga de protesta.

Perón, por su lado, se retiró con Evita a descansar 4 días a la quinta de los Subiza en San Nicolás; mientras tanto Mercante asumía como Secretario de Trabajo y Previsión.

El 22 de octubre Evita y Perón se casaron en el Registro Civil de Junín, ante el Jefe de la Sección 1ra. Hernán Antonio Ordiales, quien labró el acta ante los testigos Domingo Mercante y Juan Duarte. Semanas después se realizará el oficio religioso en la Iglesia de San Francisco en la ciudad de La Plata. Perón dijo entonces:

“Evita había vuelto a trabajar conmigo con más espíritu y con mayor pasión. Pensábamos al unísono, con el mismo cerebro, sentíamos con una misma alma. Era natural, por ello, que en tal comunión de ideas y de sentimientos naciera aquel afecto que nos llevó al matrimonio”

Aquel casamiento encrespó a quienes no entendieron jamás que un militar contraiga matrimonio con una actriz. Primero trataron de disuadirlo, luego justificaron que su desenvolvimiento en el ejército se debió a una casualidad, ya que no era de su estirpe y no merecía semejante honor por su “baja condición” demostrada al unirse a “esa”. Se instalaron en el departamento de la calle Posadas, que pasaría a ser el cuartel general de campaña.

A partir del 7 de noviembre se formalizó la convivencia política cuando el general Urdapilleta, Ministro del Interior, imparte la orden a la Policía Federal para que permita la actividad de los partidos políticos.

Comenzada la campaña política, la mayoría de los dirigentes políticos del laborismo eran de extracción sindical. En ese primer momento estaban: Luis Monsalvo por los ferroviarios, Luis Gay por los telefónicos, Cipriano Reyes por la carne, Vicente Garófalo del vidrio, entre otros. También hubieron muchos sectores de clase media que supieron ver este proceso, como el caso significativo de los jóvenes radicales de F.O.R.J.A. que aunque no pertenecían a las huestes de Quijano, estaban en contra de la hipocresía emanada del comité central del radicalismo.   

Los partidos Socialista, Demócrata Progresista y Comunista, por separado, se dirigen al Comité de la Unión Cívica Radical a los efectos de invitarlos a concertar una acción conjunta. Así le dan andamiaje electoral a la Unión Democrática. Paralelamente José Hortencio Quijano y Armando Antille convocan a una reunión a los delegados de capital y las provincias para dejar constituidas la Junta Reorganizadora de la Unión Cívica Radical que. A partir de allí, pasó a llamarse UCR Junta Renovadora que junto al partido Laborista será el apoyo electoral de Perón.

El 17 de noviembre el Episcopado dio su acostumbrada recomendación por las elecciones: que los católicos no debían votar a quienes proclamaban la separación de la Iglesia y el Estado, o sostuvieran en su plataforma el divorcio o el laicismo escolar. La plataforma de la Unión Democrática, pese a ser confeccionada con injerencia de los comunistas, socialistas y demoprogresistas, que particularmente sostenían la separación de la Iglesia y el Estado, así como el divorcio; no contenía nada de esto en su oferta electoral.

El 11 de diciembre fue organizado en la Plaza de Mayo, por la CGT y la Federación de Empleados de Comercio un acto pidiendo la sanción de una norma que debía otorgar a los obreros participación en las ganancias, tal cual lo había prometido Perón en aquel memorable discurso pronunciado al momento de renunciar como Secretario de Trabajo y Previsión. El 20 de diciembre Mercante sancionó un decreto revolucionario de aumento a las asignaciones, estableciendo el “sueldo anual complementario” (salario de un mes que se entregaría como aguinaldo), vacaciones pagas e indemnización por despido no motivado.

Inmediatamente se obtuvo la respuesta de las entidades patronales. La Asamblea Permanente de Entidades del Comercio, la Industria y la Producción convocó a sus agrupaciones a pronunciarse. El Colegio y la Asociación de Abogados  sostuvieron que el decreto era inconstitucional. Apoyados en la opinión de los juristas y la conducta del Partido Comunista, dos mil representantes patronales presididos por Eustaquio Méndez Delfino, Arnaldo Massone, Luis Colombo, Joaquín Anchorena, entre otros; protestaron contra la erogaciones que el decreto impuso y que no habrían de cumplir. Al tener a su lado a los comunistas, los patrones creyeron vencer.

Empezó el año y el decreto no se cumplió. En la primera quincena de enero no se incrementaron los salarios ni se pagaron aguinaldos. Los trabajadores reclamaron en la Secretaría de Trabajo y Previsión, y Mercante les recordó que el decreto cedía un plazo a los patrones. Cumplido que fue el plazo, los patrones tampoco pagaron. Algunos comercios fueron ocupados por sus empleados, entonces la patronal contestó con un lock-out produciendo un total cierre de comercios y fábricas; lo que fue contestado con un paro general y, al encontrarse sin luz, sin transporte, la patronal terminó negociando pagando a plazos, o diciendo que era por única vez. Lo cierto que el triunfo final fue de los trabajadores que vieron incorporados: el aumento, el aguinaldo y la indemnización por despido.  

La contraofensiva del proyecto internacional que impulsaba a la Unión Democrática no se hizo esperar. La guerra había quedado atrás, también la pesadilla del nazismo y el fascismo. Europa buscaba su reconstrucción; el mundo de reordenaba en una comunidad internacional de naciones sostenidas en base a un acuerdo entre las grandes potencias y la emergencia de dos grandes superpotencias: los Estados Unidos y la Unión Soviética. El continente americano estaba también en constante ebullición, con recambios de gobierno, y claroscuros entre: procesos electorales en curso, golpes de estado y movilizaciones.

En ese contexto comienza la arremetida final contra la candidatura de Perón. Durante los primeros días de 1946 Arnaldo Cortesi, analista de la situación política sudamericana, en una extensa nota publicada en la revista dominical del New York Times tituló: “Un grito que crece en América del Sur: Democracia. Contra los dictadores y las camarillas armadas, la lucha por el gobierno del pueblo se va abriendo camino”; y en la nota desarrolla el tema diciendo:

“Algunos creen que existe una incompatibilidad innata entre la mentalidad latina, o hispanoamericana, y la democracia. Quizás lo que quieren decir que ven en Sudamérica una falta de disciplina mental y la autolimitación que la democracia presupone. Resulta remarcable en cualquier caso que las masas en Sudamérica siguen a coloridos líderes ante que a ideas. En la Argentina, por ejemplo, el mayor partido político, la Unión Cívica Radical, debe su posición predominante a la atracción hipnótica hacia esa extraña mezcla de materialismo terrenal y misticismo etéreo que responde al nombre de Hipólito Yrigoyen.

En la actualidad el coronel Juan Domingo Perón debe gran parte de su fortuna política a su magnética personalidad y su natural aptitud para dramatizarse a sí mismo y todo lo que hace”  

Así da comienzo la campaña, desde el Departamento de Estado de los Estados Unidos, con miras a las elecciones del 24 de febrero en la Argentina. El centro neurálgico de la propaganda pergeñada por Braden, estaba compuesto por documentación incautada al régimen nazi tras la liberación de Alemania, relacionadas con  los vínculos con la Argentina.

El 17 de enero son convocados los periodistas a la sede de la embajada de Estados Unidos en la Argentina, sita en la calle Sarmiento, donde le son entregado el texto de trece telegramas intercambiados entre la embajada de Alemania en Buenos Aires y Berlín, que habían sido recogidos en la Cancillería del Reich por las fuerzas aliadas tras la liberación. Esos telegramas describían las relaciones del régimen nazi con funcionarios del gobierno argentino en el otorgamiento de subsidios para la compra de papel utilizados por medios afines a las políticas del Eje, que guardaban estrechos vínculos y relación de dependencia con la Presidencia de Ramón Castillo.

El 31 de enero, los dirigentes de la Unión Democrática hacen público un manifiesto denunciando el “clima de intimidación y violencia” creado por los peronistas para continuar diciendo en el manifiesto: “En una libre elección, la derrota del candidato nazi será aplastante y definitiva”.

El 9 de febrero la Unión Democrática realiza su acto de cierre de campaña en la esquina de Avenida 9 de Julio y Avenida de Mayo, bajo la consigna: “Por la libertad, contra el nazismo”, tal cual rezaba un cartel que acompañaba las gigantografías de: Tamborini y Mosca y los nombres de los cuatro partidos de aquella alianza. Los oradores del acto fueron: Alfredo Palacios, Rodolfo Ghioldi, Luciano Molinas y Eduardo Laurencena.

El 11 de febrero, Braden en persona entregó a los diplomáticos latinoamericanos un libro encuadernado en azul, de 86 páginas, titulado: “Consultas entre las repúblicas americanas respecto a la situación argentina”. Estaba más que claro que se trataban de “consultas” que ningún país latinoamericano había consultado, y contenía la transcripción de aquellos telegramas que comprometían al gobierno de Castillo, quien debió dejar el poder a partir de la Revolución Nacional del 4 de junio de 1943 encabezada por el GOU en cuya organización había tenido un papel protagónico Perón que, inmediatamente contrarresta la agresión que provocó el llamado “Libro Azul” mediante la publicación del “Libro Azul y Blanco” donde expuso su proyecto de gobierno, sustentado en la gestión y los ataques realizados durante ese año y medio, sacando también inmediato provecho de la osada jugada de Braden al redoblar la apuesta empapelando las calles con la consigna definitoria de su campaña electoral, lo que podría ser,  al fin y al cabo, su carta de triunfo: “Braden o Perón”.

El 12 de febrero, frente al obelisco y ante varios ciento de miles de personas, se hace el cierre de campaña del Partido Laborista que proclamaba la fórmula Perón – Quijano. En esa oportunidad, en su extenso discurso, Perón dijo:

“Una tempestad de odio se ha desencadenado contra los ¨descamisados¨, que sólo piden ganarse honradamente la vida y poder sentirse libres de la opresión patronal y de todas las fuerzas oscuras o manifiestas que respaldan sus privilegios. Esta tempestad de odios se vuelca en dicterios procaces contra nosotros, procurando ensuciar nuestras acciones y nuestros más preciados ideales. De tal manera nos han atacado que si hubiéramos tenido que contestar una a una sus provocaciones no hubiéramos tenido tiempo bastante para construir lo poco que hemos podido realizar en tan escaso tiempo. Pero debemos estarles agradecidos porque no puede haber victoria sin lucha. Y la victoria que con los brazos abiertos nos aguarda tendrá unas características análogas a la que tuvo que conquistar el gran demócrata norteamericano, el desaparecido Presidente Roosevelt, que a los cuatro años de batallar con la plutocracia confabulada contra sus planes de reforma social, pudo exclamar después de su primer elección, en el acto de prestar juramento el día 20 de enero de 1937: ¨En el curso de estos cuatro años hemos democratizados más el poder del gobierno, porque hemos empezado a colocar a las potencias autocráticas privadas en su lugar y las hemos subordinado al gobierno del pueblo. La leyenda que hacía invencible a los oligarcas ha sido destruida ellos nos lanzaron un desafío y han sido vencidos¨

Entremos, pues, al fondo de la cuestión; empezaré por decir que el tenor de las declaraciones publicadas en los Estados Unidos de Norteamérica corresponde exactamente al de los conceptos vertidos por mí. He dicho entonces, y lo repito ahora, que el contubernio oligárquico – comunista no quiere las elecciones; he dicho también, y lo reafirmo, que el contubernio trae al país armas de contrabando; rechazo que en mis declaraciones exista imputación alguna de contrabando a la Embajada de los Estados Unidos; reitero, en cambio, con toda energía, que esa representación diplomática o más exactamente el señor Braden se hallan complicados en el contubernio, y más aún, denuncio al pueblo de mi Patria que el señor Braden es el inspirador, creador, organizador y jefe verdadero de la Unión Democrática

Cuando el señor Braden llegó a nuestro país ostentando la representación diplomática del suyo, la situación era la siguiente: después de un largo e injusto aislamiento, que ningún argentino sensato pudo jamás aceptar como justo, la República Argentina fue incorporada al seno de las Naciones Unidas. Suscribió todos los pactos, y con la rectitud que caracteriza su vida de relación internacional inició el cumplimiento estricto de las obligaciones contraídas. Como corolario de la nueva situación y a fin de darle expresión concreta y efectiva, llegó hasta nosotros de los Estados Unidos la misión Warren.

En una estada breve pero eficaz, esta misión concentró diversos acuerdos con nosotros, acuerdos políticos, económicos y militares, cuya ejecución habría de beneficiar a ambos países, dentro de un plan de mutuo respeto y beneficio común.

Cuando el gobierno de la nación se disponía a dar cumplimiento a cada una de las obligaciones estipuladas; cuando se preparaban los embarques de lino a cambio de combustible que debíamos recibir y que el país necesitaba urgentemente; cuando se creía que el oro bloqueado en los Estados Unidos podría ser repatriado, cuando, en fin, las dos naciones se disponían a olvidar resentimientos, eliminar malentendidos, reanudar las corrientes culturales y comerciales que fueron tradición en el pasado, todo en una atmósfera de comprensión y cooperación recíproca, llega al país el señor Braden anula todos los convenios a que se había arribado con la misión Warren.

El señor Braden, quebrando toda la tradición diplomática, toma partido a favor de nuestros adversarios, vuelca su poder, que no le es propio, en favor de los enemigos de la nacionalidad y declara abiertamente la guerra a la revolución, pronunciando un discurso en Rosario que llena de asombro, estupor e inquietud a nuestro país, y a todas las naciones latinoamericanas. A partir de ese momento se suceden los discursos y las declaraciones, y el embajador Braden, sin despojarse de su investidura, se convierte en el jefe omnipotente e indiscutido de la oposición, a la que alienta, organiza, ordena y conduce con mano firme y oculto desprecio.

El pueblo argentino, el auténtico pueblo de la patria, repudia esa intromisión inconcebible, y su indignación desborda y supera largamente la alegría enfermiza de los que se alinean presurosos en las filas del señor Braden. Los viejos políticos venales recogen sus palabras y hacen con ellas sus muletas, se sienten redimidos y perdonados, sin darse cuenta que son ahora más miserables subordinados al extranjero, dentro de los propios confines patrios.

El señor Braden revela muy pronto la razón de sus agresiones al gobierno de la revolución, y a mí en particular; es que él quiere implantar en nuestro país un gobierno propio, un gobierno títere, y para ello ha comenzado por asegurarse el concurso de todos los traidores disponibles. El señor Braden, para facilitar su acción, subordina a la prensa y a todos los medios de expresión del pensamiento; se asegura por métodos propios el apoyo de los círculos universitarios, sociales y económicos, descollando su extraordinaria habilidad de sometimiento en el campo de  la política. Naturalmente, de la política depuesta por la revolución del 4 de junio.

Logrado su primer paso en la realización del plan denunciado, o sea la reunión compacta de todos los enemigos de la revolución, y más especialmente la de mis adversarios, el señor Bradn creyó oportuno y conveniente para múltiples fines pasar revista a su pequeño ejército de traidores. No encontró para ello mejor que organizar la marcha de la Constitución y la Libertad, la que se llevó a efecto después de vencer el ex embajador muchas trabas y dificultades.

El señor Braden, en su afán de asegurarse la constitución de un gobierno propio en la Argentina, pactó aquí con todo y con todos, concedió su amistad a conservadores, radicales y socialistas; a comunistas, demócratas progresistas y por nazis; y junto a todos ellos extendió su mano a los detritos que la revolución fue arrojando en su seno en sus hondos procesos depuradores. El ex embajador sólo exigía, para brindar su poderosa amistad, un a bien probada declaración de odio hacia mi humilde persona.

Los discursos, declaraciones y actos del señor Braden, tanto durante su gestión al frente de la Embajada de los Estados Unidos como en sus funciones actuales, prueban de manera irrefutable su activa, profunda e insolente intervención en la política interna de nuestro país. He dicho ya en otras ocasiones que las nuevas condiciones imperantes en el mundo han creado una interdependencia entre todos los países de la tierra; pero he finado el alcance de esa interdependencia a lo económico, sosteniendo el derecho de cada nación a adoptar la filosofía político – social más de acuerdo con sus costumbres, su religión, posición geográfica y circunstancias históricas, si es que en verdad se quiere subsistir con la dignidad y la jerarquía del Estado soberano.

Declaro que la intromisión del señor Braden en nuestros asuntos, hasta el extremo de crear, alentar y dirigir un conglomerado político adicto, no puede contar con el apoyo del pueblo y del gobierno de los Estados Unidos. El presidente Truman ha expresado recientemente que todos los pueblos capaces tienen derecho de elegir sus propios gobiernos. El Senado de los Estados Unidos, al aprobar el nombramiento del señor Braden para su cargo actual, estableció expresamente que no podría intervenir en las cuestiones de los países latinoamericanos sin previa consulta. El mismo gobierno aludido reiteró hace poco la prohibición de intervenir en política de otros países a los hombres de negocios norteamericanos. El propio señor Braden alterna sus amenazas de intervención económica y militar con protestas de no intervencionismo.

Una de las consecuencias más graves de la beligerancia del señor Braden con respecto al gobierno de la revolución fue la nulidad de los convenios a que se había arribado con la misión Warren, y de los que tanto los Estados Unidos como la Argentina esperaban beneficios recíprocos. El ex Embajador, después de anular los convenios mencionados, no solo no hizo ninguna tentativa para reemplazarlo por otros nuevos, sino que se resistió a tratar la cuestión todas las veces que lo insté a ello. Es que así, naturalmente, el señor Braden creaba más y más dificultades al gobierno al que yo pertenecía.

La permanencia del señor Braden en nuestro país se caracterizó, pues, por su intromisión en nuestros asuntos; por haber dado forma, aliento y directivas al amorfo organismo político que nos enfrenta, por haber desprestigiado implacable y sistemáticamente la revolución del 4 de junio, a sus hombres y a mí en particular, y por último, por haber brindado su amistad a todos los enemigos del movimiento renovador del 4  de junio, sin importarle para nada su filiación política e ideológica.

En  nombre del señor Braden, cuando actuaba como embajador en nuestro país, alguien suficientemente autorizado expresó que yo jamás sería presidente de los argentinos y que aquí, en nuestra patria, no podía existir ningún gobierno que se opusiera a las ideas de los Estados Unidos.

Ahora yo pregunto: ¿para qué quiere el señor Braden contar en la Argentina con un  gobierno adicto y obsecuente? ¿es acaso porque pretende repetir en nuestro país su fracasada intentona de Cuba, en donde, como es público y notorio, quiso herir de muerte la industria y llegó incluso a amenazar y a coaccionar la prensa libre que lo denunciaba?

Si, por un designio fatal del destino, triunfaran las fuerzas regresivas de la oposición, organizadas, alentadas y dirigidas por Spruille Braden, será una realidad terrible para los trabajadores argentinos la situación de angustia, miseria y oprobio, que el mencionado embajador pretendió imponer al pueblo cubano.

En consecuencia, sepan quienes voten el 24 por la fórmula del contubernio oligárquico – comunista que con ese acto entregan, sencillamente, su voto al señor Braden. la disyuntiva, en esta hora trascendental, es esta: o Braden o Perón. Por eso, glosando la inmortal frase de Roque Sáenz Peña, digo. ¨Sepa el pueblo votar¨

El Encargado de Negocios de los Estados Unidos en Buenos Aires John Moors Cabot, anoticia, en un telegrama urgente fechado el 13 de febrero, sobre el discurso que había dado Perón el día anterior, en el marco de su campaña al presentar su candidatura circunscribiéndolo a estos escuetos párrafos:  

“En su mensaje de proclamación anoche Perón reiteró sus cargos contra Braden, de una intervención directa en los asuntos internos de la política argentina.

Lo que se transmite a Washington son los párrafos dedicados al ex Embajador:

La estancia del Señor Braden en nuestro país se caracterizó entonces por su injerencia en nuestros asuntos, por su forma de dar directivas y estímulos a una organización política amorfa que se opuso a nosotros, por sus ataques implacables y sistemáticos al prestigio de la revolución del 4 de junio, de sus hombres y de mi persona en particular. Y, por último, por el ofrecimiento de su amistad a todos los enemigos del movimiento del 4 de junio sin importar su filiación política e ideológica.

En el nombre del señor Braden, cuando era embajador en nuestro país, alguna persona plenamente autorizada dijo que yo nunca volvería a ser presidente de la Argentina y que aquí en nuestro país ningún gobierno que se opusiera a las ideas de los Estados Unidos podría existir.

Ahora me pregunto: ¿Por qué el señor Braden quiere en la Argentina un gobierno adicto y servil? ¿Es porque él está tratando de repetir en nuestro país el intento que fracasó en Cuba, donde es de conocimiento público que quería provocar la ruina de la industria azucarera y donde se fue tan lejos como para amenazar la libertad de prensa que él mismo denunció? Si a través de un designio fatal del destino triunfaran las fuerzas regresivas de la oposición organizada, apoyada y dirigida por Spruille Braden, la situación de los trabajadores argentinos sería de una terrible realidad de miseria, sufrimiento e ignominia, la misma que el ex embajador intentó, sin éxito, imponer al pueblo de Cuba.

Por lo tanto, sepan los que voten el 24 la fórmula del contubernio oligárquico-comunista que estarán simplemente votando por el señor Braden. La disyuntiva de la hora es Braden o Perón.

Por eso, glosando la frase inmortal de Roque Sáenz Peña ¡Sepa el pueblo votar!” 

Cuando fue la fecha señalada para las elecciones, un día antes convocó al pueblo por la radio y, de la misma manera que le hablaba en público, sin subterfugios, con el lenguaje directo que sólo entiende la gente que no cree en los dobles mensajes, los que hablan siempre con la verdad, les pidió con el corazón que no fueran ese día a ninguna fiesta preparada por los patrones, diciéndoles:

“Quédense en casa y el 24 bien temprano tomen las medidas para llegar a la mesa en la que han de votar. Si el patrón de la estancia cierra la tranquera con candado, rompa el candado o la tranquera o corte el alambrado y pase a cumplir con la Patria. Si el patrón lo lleva a votar, acepte y luego haga su voluntad en el cuarto oscuro”

La fórmula Perón – Quijano obtuvo 1.527.231 votos y 1.207.155 la de Tamborini – Mosca. El triunfo de Perón fue tan amplio que además de resultar electo Presidente, le respondían a él todos los Gobernadores, 26 de los 30 Senadores y 109 de los 166 Diputados. En las Cámaras no tuvo representación el socialismo y salieron perdiendo conservadores y liberales.

El 24 de mayo, la Asamblea Legislativa, designa Presidente y Vicepresidente por el período comprendido entre el 4 de junio de 1946 – 4 de junio de 1951 a Juan D. Perón y J. Hortensio Quijano. El 29 de mayo, un decreto firmado por Farrel y Sosa Molina lo restituía a la actividad militar con anterioridad al 17 de octubre de 1945 y lo ascendieron, como habría correspondido si hubiera continuado en actividad, a partir del 31 de diciembre de 1945 al grado de general de brigada.

La mayor sorpresa sobre el resultado electoral y la asunción de Perón a la Presidencia de la Nación, la tuvieron los representantes de la democracia del Departamento de Estado cuando descubrieron que, la oposición, había perdido por más de trecientos mil votos; debiendo comenzar a gobernar en ese adverso contexto nacional e internacional que, por ejemplo, se trasuntó en el informe que Lord Iverchapel, embajador británico en Washington, en diciembre de 1946 describió al Foreigh Oficce diciendo:

“La Argentina es una especie de espina clavada en la carne para el gobierno norteamericano por liderar la resistencia latinoamericana a la hegemonía de los Estados unidos sobre el hemisferio occidental. Exasperan a los estadistas norteamericanos con su pretensión de ser la voz de América Latina contra la dominación ¨yankee¨ o la ¨diplomacia del dólar¨. Su exasperación se genera en el convencimiento que la Argentina representa algo más que un desafío transitorio y que otros países latinoamericanos, aunque inclinados a sospechar de la Argentina como de un trepador arrogante, la consideran, a pesar de todo, una bienvenida punta de lanza contra la penetración norteamericana"

No era fácil, había que luchar contra un enemigo tenaz. Para ello contaba con el apoyo popular en la búsqueda de consolidar y expandir el crecimiento equilibrado de la economía argentina, integrando una economía agroindustrial independizada al máximo de las contingencias externas y atendiendo especialmente a la elevación sustancial del nivel de vida de la población trabajadora. Para el logro de esos objetivos se invirtió una considerable cantidad de dinero e carácter de impulso estatal para la puesta en marcha del proceso de inversiones: un tercio de esa suma se destinó a transporte y comunicaciones; otro tercio a energía combustible y agua; y el monto restante para acción social, salud pública, acción agraria y forestal, obras sanitarias y construcción de edificios públicos

Aparte de establecer las pautas mínimas para el manejo financiero, se estructuraron las sociedades mixtas, las cooperativas, se fundó el Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (IAPI); todo conducente a conquistar las dos metas más importantes para cualquier país que se jacte de autodependiente: la recuperación de la deuda y los servicio públicos; porque aparte de la deuda externa contraída, también se enviaba dinero al exterior en concepto de beneficios aportados por las compañías de servicios privados a sus dueños, que estaban fuera del país.               

En mayo de 1946 fue fundado el IAPI que resultó ser una de las medidas políticas más originales que haya conocido el mundo hasta entonces, dado que se trató de un instrumento sin precedentes orientado al comercio de importación y exportación, manteniendo permanentemente informado al gobierno acerca del comportamiento fluctuante de los mercados internacionales minimizando, de esta manera, la posibilidad de errores en las decisiones que cotidianamente debía tomar el área de economía, rompiendo así el monopolio capitalista que, en materia de importaciones y exportaciones, hasta entonces había tenido empresas multinacionales como: Dreyfuss y Bunge & Born     

El 23 de mayo de 1947, Perón anuncia a través de la radio que todos los partidos que habían apoyado su campaña electoral se disuelvan y encarga a los legisladores que integran las cámaras legislativas nacionales la “organización de todas las fuerzas peronistas como Partido Único de la Revolución”. Perón, en un intento por despersonalizar el Movimiento sugiere el nombre de Partido Único de la Revolución, gesto inútil ya que hasta ese momento, desde la propia prensa, se identificaba a sus sega a sus seguidores como “peronistas”. Pero insiste en que el partido no debe denominarse con el derivado de su apellido. Cuando el Dr. Guillermo Staforini  recurre a un término que hacía referencia a la palabra “justicia”, primordial al gobierno de Perón, propone llamarlo “Partido Justiciarista”, propuesta que Perón corrigió: “Justicialista, por ser más eufónico”.

Más allá del nombre, Perón se preocupó de imbuir al nuevo partido de ideología y, a partir de allí, incluir en su carta orgánica la incorporación de sindicatos, agrupaciones gremiales, centros políticos, afiliados individuales y, muy especialmente, quedó establecido que en ningún caso podían integrar el partido personas de ideas totalitarias o integrantes de la oligarquía. Había considerado fundamental contar con una orientación ideológica, partiendo de la experiencia de haber conformado una lista del partido Laborista horas antrs de las elecciones del 24 de febrero, integradas por pensamientos heterogéneos y hasta opuestos, lo que quedó en evidencia durante las primeras reuniones que realizaron los Diputados calificadas como “terribles”.

Con el asesoramiento de José Figuerola, en el Consejo Coordinador de estadísticas y Censos, confeccionó un plan y orden de prioridades para la acción de gobierno; de allí surgió el “Primer Plan Quinquenal”, con el objetivo primordial de poner en marcha al país con recursos propios, ya que el dinero genuino se dilapidaba en pago de servicio de deuda contraída por el país de manera no siempre clara. El Presidente Perón, en junio de 1947, refiriéndose al tratamiento dado a la deuda externa, dijo:

“Hemos repatriado toda la deuda pública que estaba en el exterior. No hemos aumentado la deuda interna. La República Argentina llegó a deber doce mil quinientos millones de pesos al extranjero, que los pagaban ustedes en proporción de casi dos millones de pesos por día y, hoy no solamente no pagamos esos millones en concepto de amortización e intereses, sino que podemos decir que cobramos algunos millones por año. Y los cobramos por los servicios que deben cumplir los que nos adeudan dinero”.

En lo atinente al sistema financiero debió enfrentar a la oligarquía de dominación que había estado signada por el predominio de la alianza entre la alta burguesía agraria y el imperialismo británico; participaban también, sectores complementarios para su funcionamiento, ubicados en las finanzas, el comercio y el transporte. Finalizada la Segunda Guerra, los sectores que emergían en el panorama nacional, requerían, para poder crecer, la definitiva eliminación del control imperialista monopólico sobre el comercio de exportación y las finanzas, y la contención de los intereses extranjeros en el mercado interno. ¡Hacer argentino el dinero del país era indispensable!. Nacionalizar los depósitos bancarios, concentrar en el Banco Central la facultad de emitir moneda y el control de cambio, en fin, nacionalizar la economía argentina para que sirva a los argentinos.  Luego de abordar semejante tarea, en julio de 1947, refiriéndose a este tema Perón dijo:

“La primer acción de gobierno para reconquistar su independencia económica fue nacionalizar el Banco Central de la República Argentina. Sería como decir que nosotros hemos nacionalizado el gobierno nacional. Desde su organización en nuestro país, hasta el día que lo nacionalizamos, llenó las funciones de todos los bancos centrales: la regulación financiera de todos los factores que accionaban en el mercado argentino. En consecuencia, era el custodio del oro, era el custodio de la circulación fiduciaria o de la moneda y era e regulador del crédito y de todos los valores argentinos. Su directorio estaba formado por los delegados de los bancos extranjeros de plaza, de manera que nosotros teníamos en ese banco, que emitía nuestra moneda y custodiaba nuestro oro, sólo dos representantes frente a ocho que eran representantes de empresas extranjeras. Ese era el Banco Central de la República Argentina. Como consecuencia de ello, todo el control del sistema financiero no se gobernaba desde la República Argentina sino desde los distintos mercados financieros del mundo. Nosotros hemos establecido, en pequeño, un mercado propio aquí, y toda esa tarea la ha tomado sobre sí el gobierno. El Banco Central está hoy formado por un directorio netamente argentino, con los cual hemos nacionalizado dicha institución.

“¿Qué era el Banco Central? Un organismo al servicio absoluto a los intereses de la banca particular e internacional. Manejaba y controlaba los cambios y el crédito bancario y decidía la política monetaria de la Nación, con total independencia respecto de la política económica que la Nación debía desarrollar para la promoción de su riqueza. En nombre de teorías extranjeras desoía los justos reclamos en favor de una mayor industrialización, que era la base de la independencia del país. Organizados como un perfecto monopolio, los bancos eran dirigidos a través de un pool cerrado, en el cual las entidades particulares podían imponer su criterio en asamblea sobre los bancos oficiales juntos. Así, los bancos privados, con sólo un aporte inicial de sólo el 30,4 por ciento del capital –unos seis millones más o menos–, tenían el extraordinario privilegio de manejar las asambleas, custodiar el oro de la Nación, y el ejercicio de todas las facultades del gobierno, indelegables por razones de autonomía estatal.

El Banco Central promovía la inflación contra la cual aparentaba luchar, violando el artículo 40 de la ley orgánica y emitiendo billetes sin limitaciones contra divisas bloqueadas en el exterior, de cuyo oro no se podía disponer en el momento de su emisión. En otras palabras, se confabulaba contra la Nación y se actuaba visiblemente en favor de intereses foráneos e internacionales. Por eso, su nacionalización ha sido, sin lugar a dudas, la medida financiera más trascendental de estos últimos cincuenta años”.  

Estas mediadas le valieron el ataque del comunismo, que le endilgaron ser agente de la oligarquía internacional; pero más virulenta fue la arremetida del capitalismo que vio cercenada su posibilidad de continuar saqueando a la Argentina en detrimento de su pueblo, por eso Perón dejó muy clara su posición política en octubre de 1946, cuando dijo:

“No somos, de manera alguna, enemigos del capital, y se verá en el futuro que hemos sido sus verdaderos defensores. Es menester discriminar claramente entre lo que es capitalismo internacional de los grandes consorcios de explotación foránea, y lo que es el capital patrimonial de la industria y el comercio. Nosotros hemos defendido a este último y atacado sin cuartel y sin tregua al primero. El capitalismo internacional es frío e inhumano; el capital patrimonial de la industria y el comercio representa, según nuestro sentir, la herramienta de trabajo de los hombres de empresa. El capitalismo internacional es instrumento de explotación y el capital patrimonial lo es de bienestar; el primero representa por lo tanto, miseria, mientras que el segundo es prosperidad. No somos enemigos del capital, aún foráneo, que se dedica a su negocio, pero si lo somos del capitalismo, aún argentino, que se erige en oligarquía para disputarle a una Nación el derecho de gobernarse por sí y al estado el privilegio de defender al Estado contra la ignominia o contra la traición”.

Algunos años después, al referirse a este punto en particular, destacaba la importancia de la tarea emprendida para sanear las finanzas del país, de acuerdo al principio que definió diciendo:

La nacionalización del Banco Central fue el punto de partida para llevar a cabo todas las cosas que se han ido aplaudiendo porque cuando la plata se hizo argentina se pudo ir comprando todo lo demás que no era argentino.

Cada año los servicio de ferrocarriles representaban una erogación de los dineros públicos de cientos cincuenta millones de pesos, la corporación de transporte de la ciudad de Buenos Aires, veinte millones; los seguros, ciento cincuenta millones; los servicios eléctricos, ciento cincuenta millones; la comercialización de las cosechas, mil millones; los fletes marítimos quinientos millones. Si se considera la necesidad de otras remesas financieras de diversas empresas establecidas en el país, y las remesas invisibles, siempre numerosas por la especulación, podía calcularse una descapitalización anual por envíos y evasiones que pasaba los seis mil millones de pesos. Si vemos que el monto de la producción anual, en aquellos años, no superaba los diez mil millones de pesos, quedará claramente demostrado de para quién o quiénes trabajaban los argentinos.

Realizado un estudio exhaustivo con un equipo técnico, arrojó la conclusión que: había que invertir treinta mil millones de pesos para la adquisición de los servicios, a los cuales había que sumarles veinte mil millones de pesos más para la renovación de la maquinaria. Con Miguel Molina al frente de las negociaciones, en su calidad de Presidente del Consejo Económico Nacional con la asistencia del conocido “equipo de los cuatro”: Cereijo – Ares – Barro y Gómez Morales. Así se decidió comprar los ferrocarriles y, luego de escuchar a un Directorio que llegó de Londres dispuesto a la venta, la negociación concluyó en la suma de dos mil millones de pesos (contrario a los diez mil millones de pesos que demandaban los ingleses) por la compra de todos los bienes directos e indirectos y, un años después, el gobierno de Gran Bretaña firmó con el gobierno argentino un tratado mediante el cual se comprometió a mantener la convertibilidad de la libra esterlina, que nos permitía el negociar triangular con los Estados Unidos. Entonces Miranda agotó los saldos acreedores argentinos en Londres para repatriar la deuda y, al firmar el contrato de compra–venta de los ferrocarriles, estableció dos cuestiones fundamentales en cuanto a la adquisición y a la forma de pago: primero, que se compraban en la suma de dos mil veintinueve millones de pesos los bienes directos e indirectos de la empresa. Segundo, que la forma de pago era al contado y en efectivo, con disponibilidad de fondos existentes en Estados Unidos si se mantenía la convertibilidad de la libra, sino el pago sería en especies.

Perón le daba una importancia fundamental a la independencia de los precios, por eso y en esa dirección enfocó su política a partir de lograr la independencia económica, ya que años después dijo:

“Denme la organización financiera –sistema bancario–, la importación, la exportación, los sistemas de transporte terrestres y los transportes marítimos de mi país; yo les entrego todo lo demás, y a ese país lo manejo yo.

Eso pasaba con nuestro país: nos tenían tomados desde el exterior. Los transportes terrestres sabemos de quién eran. La importación y la exportación, lo mismo. Es curioso que por cada importador o exportador argentino hubiese cien extranjeros. El sistema bancario lo manejaban los bancos extranjeros. Flota mercante no teníamos, y nuestros productos se transportaban en bancos extranjeros, con seguros y reaseguros extranjeros. Nos manejaban desde afuera.

Hoy hemos recuperado todo eso y hoy es posible la política de precios, porque todas esas cinco palancas las manejamos nosotros desde aquí, y las manejamos en beneficio de los argentinos y no de los grandes consorcios capitalistas. Hemos llegado ahora a la segunda etapa, pero antes hubo que comprar todo eso. Toda la organización de nuestra riqueza en nuestras manos, nos permite ahora seguir una política económica propia para beneficiar a nuestros productores y para beneficiar a nuestros consumidores.”

La Nación alcanza su libertad económica para quedar, de hecho y de derecho, con el pleno poder para darse una justicia y economía en defensa de la solidaridad. El 9 de julio de 1947, con gran despliegue oficial, se promulgó en la misma Casa histórica de Tucumán donde se había declarado en 1816 la Independencia Política, el Acta de la Independencia Económica. Esta declaración es uno de los hechos más trascendentes producidos por el gobierno peronista. Refleja la consolidación de la independencia nacional de los poderes y organismos internacionales, en un país sin deuda externa, con una pujante industria nacional abasteciendo al mercado interno, y con los resortes económicos estratégicos regulados por el gobierno. Entonces se labró el acto que a continuación se detalla:

Acta independencia económica

“En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de mil novecientos cuarenta y siete, en celebración del centésimo trigésimo primer aniversario de la declaración de la independencia política, sancionada por el Congreso de las Provincias Unidas, reunido en mil ochocientos dieciséis, se reúnen en acto solemne, los representantes de la Nación en sus fuerzas gubernativas y en sus fuerzas populares y trabajadoras, para refirmar el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica de los poderes capitalistas foráneos que han ejercido su tutela, control y dominio, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los que en el país pudieran estar a ellos vinculados.

A tal fin los firmantes en representación del pueblo de la Nación, comprometen la energía de su patriotismo y la pureza de sus intenciones en la tarea de movilizar las inmensas fuerzas productivas nacionales y concertar los términos de una verdadera política económica, para que en el campo del comercio internacional tenga base de discusión, negociación y comercialización los productos del trabajo argentino, y quede de tal modo garantizada para la República la suerte económica de su presente y porvenir. Así lo entienden y así lo quieren, a fin de que el pueblo que los produce y elabora y los pueblos de la tierra que los consumen, puedan encontrar un nivel de prosperidad y bienestar más altos que los alcanzados en ninguna época anterior y superiores a los que puedan anotarse en el presente. Por ello,  refirman la voluntad de ser económicamente libres, como hace ciento treinta y un años proclamamos ser políticamente independientes.

La fuerza de la producción e industrialización tienen ahora la amplitud y el alcance no conocidos y pueden ser superadas por la acción y el trabajo del pueblo de la República. El intercambio y la distribución suman cifras que demuestran que el comercio y la industria se expanden conjuntamente con aquellos. La cooperación, que contribuye a fijar de manera permanente las posibilidades humanas, será activada hasta alcanzar el completo desenvolvimiento que demandan las nuevas concepciones del comercio y empleos mundiales de la energía.

A su término, una vez leída esta declaración y preguntados si querían que las provincias y territorios de la República Argentina tuviesen una economía recuperada y libre del capitalismo foráneo y de las economías económicas mundiales o de las nacionales comprometidas con aquellas, aclamaron y reiteraron su unánime y espontáneo, así como decidido voto por la independencia económica del país, fijando por su determinación el siguiente

Nos, los representantes del pueblo y del gobierno de la República Argentina, reunidos en Congreso Abierto a la voluntad nacional, invocando la Divina Providencia, en el nombre y por la autoridad del pueblo que representamos, declaramos solemnemente a la faz de la tierra la justicia en que fundan su decisión, los pueblos y gobiernos de las provincias y territorios argentinos, de romper los vínculos dominadores del capitalismo foráneo enclavado en el país y recuperar los derechos al gobierno propio de las fuentes económicas nacionales. La Nación alcanza su libertad económica para quedar, en consecuencia, de hecho y de derecho, con el amplio y pleno poder para darse las formas que exijan la justicia y la economía universal, en defensa de la solidaridad humana.

Así lo declaran y rarifican ante el pueblo y gobierno de la Nación, el gobierno y el pueblo aquí representados, comprometiéndose, uno y otro el cumplimiento y sostén de esta su voluntad, bajo el seguro y garantía de sus vidas y honor. Comuníquese a la Nación, y en obsequio al respeto que se debe a los demás Estados, detállense en un manifiesto y acta las fuentes determinantes de esta declaración, dada en la Sala de Sesiones del Congreso de las Provincias Unidas, donde en mil ochocientos dieciséis se proclamara la Independencia de la República, y refrendada por los representantes  del pueblo y gobierno argentinos aquí reunidos.

Firmas: Quijano, Borlengui, Gramuglia, Miranda, Pistarini, Carrillo y otros

El 6 de junio de 1946, dos días después de asumir la presidencia, Perón envía al Congreso de la Nación un mensaje en el que anuncia el restablecimiento de las relaciones con la Unión soviética. Este gesto marca el rumbo que tomaría la política exterior a partir de ese momento, en el sentido de no aceptación de lo que llamaban “el conformismo imperialista”, resultado del reparto de Yalta, y de lo que más adelante sería conocido como “La Tercera Posición”

Una invitación especial de Francisco Franco para conocer España le ofrece a Perón la posibilidad de difundir su proyecto de gobierno y de posicionar una nueva imagen del país en Europa, de realizar acuerdos comerciales y de señalar una postura diferente al decidir una ayuda importante y oportuna a ese país que había quedado marginado del plan Marshall por la adhesión de Franco al Eje.

En la primera asamblea de la Organización de las Naciones Unidas –a partir de septiembre de 1946– el delegado Argentino, Dr. José Arce, había negado a la ONU el derecho de intervenir en cuestiones internas del Estado español, lo que había despertado un legítimo entusiasmo y reconocimiento por parte del pueblo que se había sentido defendido por la postura de la Argentina.

En un mundo, pos segunda guerra mundial, que se había dividido en dos grandes superpotencias; fue posible semejante postura tercerista merced a la reforma económica que Perón explicó diciendo:

“Esta primera etapa de la reforma económica está cumplida y consolidada, pese a lo que digan, a lo que piensen y a lo que sientan ellos. Nos queda por delante la segunda etapa, en la que cada uno debe trabajar para producir más, con el convencimiento que ya la riqueza no se va por los famosos tubos de los vasos comunicantes de que he hablado tantas veces. Ahora la llave la tenemos nosotros y el tanque subirá en la medida que nosotros produzcamos.

Si nuestro país puede vivir menesterosamente con cuatro mil millones de pesos al año a cambio de producir ocho mil millones, para que quienes explotan el país desde el exterior se lleven los otros cuatro mil millones que sobran; yo me pregunto: ¿de qué nos valdrá producir cien mil millones de pesos, si solamente nos van a dejar los cuatro mil millones para vivir en medio de necesidades y de miserias? Para evitar que esto ocurra hay un solo medio: obtener la independencia económica del país porque mientras ella no sea efectiva es inútil que trabajemos más, es inútil que enriquezcamos más al país porque desde afuera se lo llevarán todo. Si la Argentina quiere cumplir el objetivo de que sus hombres trabajen y vivan mejor, lo primero que debe realizar es la independencia económica, es decir, vivir, trabajar y producir primero para sí, después para los demás.

El principal objetivo de esta reforma económica ha sido el de llevar al país a la independencia. ¿Cómo se ha cumplido esta finalidad? Simplemente, cubriendo dos etapas que se han ido cumpliendo paulatinamente y casi el mismo tiempo: primero, reconquistados todos los valores que habían sido enajenados al extranjero, o sea: ferrocarriles, teléfonos, gas, usinas, etc.; segundo, repatriando la deuda que teníamos en el exterior, por la que nos sacaban sumas fabulosas de dinero en concepto de intereses y por la que la República
llegó a pagar hasta dos millones de pesos por día, que salían de nuestros bolsillos.

La deuda ha sido repatriada, y hoy no sólo no debemos un centavo al extranjero, sino que nos deben casi todos los países del mundo.

La reforma económica, que constituye la segunda fase de la reforma total, ¿en qué consiste? La República Argentina es un país que desde hace cien años ha ido aumentando la producción de su riqueza en forma relativamente rápida, y en nuestros días su riqueza es extraordinaria. Pero ¿de qué vale a un país poseer riqueza si su fruto, producido por el trabajo de sus hombres, sirve para alimentar a individuos que viven con lujos y  placeres fuera de la República?

Algunos dirán que somos nazis, que somos fascistas; yo les pregunto en qué país del mundo la economía es libre. Cuando no la orienta el gobierno la orientan los grandes consorcios financieros, con esta diferencia: el gobierno la orienta en beneficio de todos los habitantes del país y los consorcios capitalistas hacia sus cajas registradoras.

Prueba de la situación económica – financiera del país es el convenio firmado en octubre de 1947, mediante el cual la Argentina concedía a España  un crédito de trecientos cincuenta millones de pesos y un empréstito de cuatrocientos millones de pesos amortizable en veinticinco años.

De esta manera el gobierno argentino demuestra la realidad de una guerra terminada, que debe ser analizada por la justicia y los historiadores; mientras los gobernantes del mundo deben posicionarse en el futuro a fin de lograr lo mejor para el desarrollo de los pueblos que representan. Esa Tercera Posición no quería decir estar en contra del capitalismo, sino presentar batalla a la supremacía ejercida por minúsculos sectores en detrimento de la inmensa mayoría de los pueblos, por el simple y sencillo hecho de ser los tenedores del capital. En ese sentido Perón claramente definía su postura diciendo:

“El objetivo de nuestra reforma económica fue siempre muy claro para nosotros porque consideramos en todo momento que el bienestar material de la Nación se consigue por los mismos medios con que suelen alcanzarlo los hombres y las familias: con buenas ideas, con mucho trabajo y, ¿por qué no decirlo?, también con buenos negocios. Las buenas ideas no han faltado nunca en el país. Durante cien años mucha gente había pensado quizás en la independencia económica y aún en la economía social. Nadie tuvo, sin embargo, la suerte o el valor de hacer lo que pensaba. Nosotros recogimos todas las buenas ideas que encontramos en nuestro camino a la Casa de Gobierno y, cuando llegamos allí, pusimos lo que faltaba: mucho trabajo, e hicimos lo que suelen hacer los hombres para alcanzar un cierto bienestar económico: buenos negocios.

Nosotros subordinamos la producción al consumo y no, como el régimen capitalista, el consumo a la producción. Esto es el justicialismo. Nosotros estamos estructurando una nueva economía, que pone en macha un mundo distinto a aquel otro”  

Así fue que Perón decide aceptar la invitación y enviar como su representante a su esposa Evita, e inmediatamente se suman las invitaciones de: Francia, Italia y Portugal. El acto principal de despedida se realizó en la Sociedad Rural, organizado por los sindicatos que, el 5 de junio, congregaron a más de cien mil trabajadores.

El 6 de junio de 1947 parte rumbo a Europa María Eva Duarte de Perón, con una comitiva integrada por: la Sra. Lilian Lagomarsino de Guardo,  el Sr. Alberto Dodero, los Edecanes Vice Comodoro Jorge Aníbal Rodríguez, Capitán de Fragata Arturo Gutiérrez y Mayor Jorge Bolloffet, el Sr. Juan Duarte, su médico personal el Dr. Francisco Alsina, el fotógrafo Emilio Abras, su peinador Julio Alcaráz y, Asunta y Juanita a cargo de su guardarropas. También es incorporado a la comitiva el escritor Francisco J. Muñoz Aspiri.

El avión partió de la base aérea de Palomar a las 16.23 hs., conducido por los pilotos Rey, Lorenz e Imaz; y el día 7 de junio aterrizó en el aeropuerto de Barajas escoltado por una escuadrilla de 41 aviones de caza. Evita es recibida por el General Franco, que estaba acompañado por su esposa Carmen Polo, su hija y miembros del gabinete. Durante su estadía en Madrid se hospedó en el Palacio del Prado y, el 9 de junio, habiéndose trasladado al Palacio Real recibe la más importante condecoración española: la Gran Cruz de Isabel la Católica. Visita a Sevilla, Toledo, Santiago de Compostela y Zaragoza; rompiendo el protocolo en diversas ocasiones con su pedido constante de visitar los barrios más humildes. El 26 de junio, a las 15.55, el avión de la Flota Aérea Mercante Argentina, en medio de una salva de 21 cañonazos, levanta vuelo rumbo a Italia.

En Roma, siguiendo su recorrido, la esperaba el ministro de Relaciones Exteriores: Conde Sforza, el encargado de la Santa Sede y la esposa del Primer Ministro Alcides de  Gasperi. En la mañana del viernes 27, de largo traje negro y con el cabello cubierto con un velo del mismo color, es recibida por el Santo Padre Pío XII, recorre el Palacio Apostólico y recibe de manos del Papa un rosario. Al día siguiente recibe, en nombre de Perón en la Embajada Argentina en la Santa Sede, la Gran Cruz de San Gregorio Magno, otorgada por el Jefe de la Iglesia al mandatario argentino.  

Después de unos días de descanso en Rapallo, siguió su camino a Lisboa donde almorzó con el Presidente Fragoso Carmona y se entrevistó con Don Juan de Borbón. Luego de su estadía de tres días en Portugal, vuela a París donde se reúne con los estadistas Edouard Herriot y George Bidault, Canciller de Francia. El 22 de julio fue recibida por el Presidente Vincent Auriol en el Cas en el Castillo de Ramboulliet. En su visita a Notre Dame, fue acompañada por el Nuncio Apostólico Monseñor Angelo Roncalli, quien tiempo después fue convertido en el Papa Juan XXIII quien le dijo:

“Siga Señora en su lucha por los pobres. Pero no olvide que esa lucha, cuando se emprende de veras, termina en la cruz”

Ya en el final de su viaje parte hacia Suiza acompañada del representante argentino de la Confederación Helvética, el mayor Benito Llambí. Saliendo de Ginebra paso por Lisboa y llegó a Dakar donde abordó el vapor Buenos Aires que la trasladó a Recifes a mediados de agosto.

Luego de pasar por Río de Janeiro y por Montevideo llegó a Dársena Norte en el Puerto de Buenos Aires, el sábado 23 de agosto. La esperaban Juan Perón, su gabinete, Mercante, el Secretario de la CGT, su madre y sus hermanas y una multitud que la aclamaba. Allí se refirió a su viaje diciendo:

“Yo llevé a Europa el mensaje espiritual de los trabajadores argentinos que labran la grandeza y no luchan en contiendas fratricidas, sino por altos ideales”

Por entonces Evita, al referirse en Europa a los altos ideales del pueblo argentino se refería a que la recuperación de la nacionalidad, por entonces, significaba tomar partido en la pugna establecida entre los dos bandos. Esa fue la postura de la Argentina al definirse, no por uno de los bandos, sino por una Tercera Posición independiente. Esta circunstancia ideológica plasmada como forma de gobierno y presentada en la ONU y en Europa, fue magistralmente definido en el VII Congreso Internacional de Cirugía en agosto de 1950 por Juan Perón, cuando dijo:

“Los argentinos no pretendemos crear en el mundo actual una tercera fuerza; porque entendemos que tal vez haya pasado el momento oportuno para organizarla. Pero considerando que las ideas son más poderosas que todas las fuerzas materiales reunidas, hemos creído que era nuestro deber ofrecer al mundo la idea de una Tercera Posición ideológica; y para ofrecerla al mundo con un atractivo mayor la hemos realizado ya nosotros, entregándola a la humanidad más como una experiencia que como una doctrina”

En 1948 la realidad ideológica y de gobierno que contaba con el apoyo de la inmensa mayoría del pueblo, diametralmente opuesta a lo que se había vivido tan sólo cinco años antes, durante el gobierno de la “década infame”, ameritaba enderezar muchas ideas torcidas y dejarlas por escrito para que no volviese a ocurrir.

La oposición se resistió a la reforma llamándola “la constitución de Perón”. En el mes de octubre, cuando se reúne la Comisión Nacional del Partido Radical, aparecieron dos tendencias muy definidas con respecto a la reforma: el grupo de los “unionistas”, cercanas a los grupos que proponían un golpe de estado y proponían abstenerse; por el otro lado estaban los “intransigentes” que reivindicaban la figura de Don Hipólito Yrigoyen, partidarios de participar en el debate reformista. En la votación salió vencedora la línea intransigente encabezada por Moisés Lebenshon, que era Presidente del Bloque y, si viene bien se oponía a algunas reformas, apoyaba otras. El dictamen del Comité Nacional sostenía que era necesario concurrir a la convocatoria reafirmando el carácter popular de la Unión Cívica Radical.

Entonces Perón decidió iniciar una consulta acerca de una eventual reforma de la Constitución Nacional. Asumida la decisión y, por primera vez en la vida institucional de la Argentina, se decide hacer una encuesta que fue elaborada con relación a la necesidad y los contenidos sobre los cuales debía basarse la reforma de la Constitución Nacional de 1853.

La encuesta se realizó sobre un temario de dieciséis puntos. El primer punto se refería a aspectos específicos de la necesidad de reformar nuestra Carta Magna, en el segundo se trataba la reforma del Preámbulo; del tercero al; del tercero al séptimo punto se trató la primera parte de nuestra Ley Fundamental: Declaraciones, Derechos y Garantías; del punto octavo al decimosexto se consultó sobre los aspectos relacionados a los: poderes del estado, sistema federal, provincias, territorios nacionales y régimen municipal. Ese material fue impreso y editado en 257 páginas por la Subsecretaría de Informaciones de la Presidencia de la Nación. Luego el material fue sometido al estudio y debate de treinta y dos juristas especialistas en la doctrina jurídica nacional.

El 28 de agosto de 1948 fue sancionada la ley 13.233 que en su artículo 1ro. dice:

“Declárase necesaria la revisión y reforma de la Constitución Nacional, a los efectos de suprimir, modificar, agregar y corregir sus disposiciones, para la mejor defensa del los derechos del pueblo y del bienestar de la Nación”

El 3 de septiembre es promulgada la ley 13.233 y el Presidente Perón, desde la Casa de Gobierno, en su discurso dice:

“La Constitución es un instrumento fundamental de la República, y de acuerdo con sus dictados ha de estructurarse un nuevo orden de cosas y han de consolidarse la revolución y los postulados que sostuvimos”

El 23 de septiembre el Presidente Perón y el Ministro del Interior Borlenghi firman el decreto nro. 29.146/48, mediante el cual fijan el 5 de diciembre de 1948 convocando a elecciones de 158 Convencionales Constituyentes.

El 5 de diciembre se llevan a cabo las elecciones (las últimas que no contaron con el voto de la mujer, a pesar de haberse promulgado la ley el 23 de septiembre de 1947, porque aún no se habían confeccionado los padrones). Los resultados de aquel acto comicial fue: 1.730.000 votos para el Partido Peronista, 750.000 votos para la Unión Cívica Radical, 83.000 votos para el Partido Comunista y 19.000 votos para el Partido Conservador. De esta manera quedaron distribuidos 110 convencionales peronistas y 48 convencionales radicales.

El 27 de enero de 1949, accediendo a la invitación que le formulara la Convención Nacional Constituyente, el Presidente general Juan Domingo Perón pronunció el siguiente discurso:

“Señores Convencionales Constituyentes:

En la historia de todos los pueblos hay momentos brillantes cuyas fechas se celebran año tras año y en las cuales se establecen los principios y despiertan los valores que los acompañaron en su vida de nación; tales fueron entre nosotros la Revolución de Mayo y su trascendencia americana, impulsada por nuestros generales y nuestros soldados. Están unidas esas fechas al entusiasmo popular que les otorga siempre su matiz de espontaneidad propicia para cantar el triunfo o la derrota. Son las horas solemnes que gestan la historia, son los momentos brillantes que cantan los poetas y exclaman los políticos, son horas de exaltación y de triunfo.

Hay otras épocas en que, calladamente, los países se organizan sobre sólidos cimientos. Se las puede llamar épocas de transición, porque siempre señalan la decadencia de una era y el comienzo de otra. Pero no es esa su mayor importancia, sino que en realidad, en tales momentos, se extraen conclusiones y capitulan los resultados de los hechos precedentes, para poder aplicar unas y otras al porvenir. El resultado cede su puesto a la serena reflexión, pero es necesario abstraer y clasificar para poder organizar y constituir. El resultado no depende de la fuerza ni del ingenio, sino del buen criterio y la imparcialidad de los hombres.

Dios no ha sido avaro con el pueblo argentino. Hemos saboreado los momentos de emoción exaltada y hemos gustado las horas tranquilas de sedimentación jurídica.

La cruzada emancipadora y la era constituyente son altísimo exponente de la creación heroica y de la fundación jurídica.

Permitidme que después de agradecer la invitación que me habéis hecho de asistir a este acto tan trascendental para la vida de la República, eleve mi corazón y mi pensamiento hacia las regiones inmarcesibles donde mora el genio tutelar de los argentinos, el general San Martín.

San Martín es el héroe máximo, héroe entre los héroes y padre de la patria. Sin él se hubieran diluido los esfuerzos de los patriotas; quizá no hubiera existido el aglutinante que dio nueva conformación al continente americano. Fue el creador de nuestra nacionalidad y el libertador de pueblos hermanos. Para él sea nuestra perpetua devoción y agradecimiento. Los constituyentes del 53 habían padecido ya la consecuencia de la desorganización, de la arbitrariedad y de la anarquía. La generación del 53 era la sucesora de la de aquella de la Independencia; la heroica. Más que la estrategia de los campos de batalla, tenía presente la oscura lucha civil; más que los cabildos populares, la desorganización política y el abandono de las artes y de los campos. Había visto de cerca la miseria, la sangre y el caos; pero debía elevarse apoyándose en el pasado para ver, más allá del presente, la grandeza del futuro; y más aún, tenía que sobreponerse a la influencia extranjera, ahondar en el modo de ser del país para no caer en la imitación de leyes foráneas. Hubo de liberarse de la intransigencia de los círculos cerrados y de los resabios coloniales, para que la Constitución no fuera a la zaga de las de su tiempo.

“Augustos diputados de la Nación”, nombró Urquiza a los del Congreso Constituyente, y no estuvieron por debajo de ese objetivo; reconstruyeron la patria; procuraron con la legislación unir indisolublemente al pueblo y a la soberanía, renunciando a todo interés que no fuera el supremo del bienestar de la Nación.

De esta manera se elaboró nuestra Carta Magna, no sólo para legislar sino para organizar, defender y unir a la Argentina.

La evolución de los pueblos, el simple transcurso de los tiempos cambian y desnaturalizan el sentido de la legislación dictada por los hombres de una época determinada. Cerrar el paso a nuevos conceptos, nuevas ideas, nuevas formas de vida, equivale a condenar a la humanidad a la ruina y al estancamiento. El pueblo no puede ver cerrado los caminos de la reforma gradual de sus leyes; no puede impedírsele que exteriorice su modo de pensar y de sentir y los incorpore a la carta fundamental de su legislación. No podría el pueblo argentino permanecer impasible ante la evolución de las ideas  experimentadas de cien años acá; mucho menos podría tolerar que la persona humana, que el caballero que cada pecho criollo lleva dentro permaneciera a merced de los explotadores de su trabajo y de los conculcadores de su conciencia. Y el límite de todas las tolerancias fue rebasado cuando se dio cuenta que las actitudes negativas de todos los poderes del Estado conducían a todo el pueblo de la Nación Argentina al escepticismo y a la postración moral, desvinculándolo de la cosa pública.

Las Fuerzas Armadas de la Nación, intérpretes del clamor del pueblo, sin rehuir la responsabilidad que asumían ante el pueblo mismo y ante la historia, el 4 de junio de 1943 derribaron cuanto significaba una renuncia a la verdadera libertad, a la auténtica fraternidad, entre los argentinos.

La Constitución conculcada; las leyes incumplidas o hechas a medida de los intereses contrarios a la patria; las instituciones políticas y la organización económica al servicio del capitalismo internacional; los ciudadanos burlados en sus más elementales derechos cívicos; los trabajadores a merced de las arbitrariedades de quienes obraban con la impunidad que les aseguraban los gobiernos complacientes; éste es el cuadro que refleja vivamente la situación que existía al producirse el movimiento militar de 1943.

No es de extrañar que el pueblo acompañara a quienes, interpretando, derrocaban al régimen que permitía tales abusos. Por esto decía que no pueden cerrársele los caminos de la reforma gradual de perfeccionamiento de los instrumentos de gobierno que permitan, y aún impulsen, el constante progreso de los ciudadanos y el ulterior perfeccionamiento de los resortes políticos. Cuando se cierra el camino de la reforma legal nace el derecho de los pueblos a una revolución legítima. La historia nos enseña que toda revolución legítima es siempre triunfante. No es la asonada ni el motín ni el cuartelazo; es la voz, la conciencia del pueblo oprimido que salta o rompe la valla que lo oprime. No es la obra del egoísmo y de la maldad. La revolución en estos casos es legítima, precisamente porque derriba el egoísmo y la maldad. No cayeron éstos pulverizados el 4 de junio. Agazapados, aguardaron el momento propicio para recuperar las posiciones perdidas. Y el pueblo, esta vez el pueblo solo, supo enterrarlos definitivamente el 17 de octubre.

Desde entonces, la justicia social que el pueblo anhelaba, comenzó a lucir en todo su esplendor. Paulatinamente llega a todos los rincones de la patria y sólo los retrógrados y malvados se oponen al bienestar de quienes antes tenían todas las obligaciones y se les negaban todos los derechos.

Afirmada la personalidad humana del ciudadano anónimo, aventada la dominación que fuerzas ajenas  a la de la soberanía de nuestra patria ejercían sobre la primera de nuestra fuente de riqueza, es decir: sobre nuestros trabajadores y sobre nuestra economía revelada de nuevo el ansia popular de vivir una vida libre y propia; se patentizó en las urnas el deseo de terminar para siempre y el afán de terminar el retorno de las malas prácticas y de los malos ejemplos que impedían el normal desarrollo de la vida argentina por cauces de legalidad y de concordia.

El clamor popular que acompañó seriamente a las fuerzas armadas el 4 de junio y estalló pujante el 17 de octubre, se impuso solemne el 24 de febrero.

Tres fechas próximas a nosotros, cuyos significados se proyectan hacia el futuro y cuyo eco parece percibirse en las generaciones del porvenir. La primera señala que las fuerzas armadas respaldan los nobles deseos y elevados ideales del pueblo argentino; la segunda, representa la fuerza quieta y avasalladora de los pechos argentinos decididos a ser muralla para defender la ciudadela de sus derechos o ariete para derribar los muros de la opresión; y en la última, resplandece la conjunción armónica, la síntesis maravillosa y el sueño inalcanzado aún por muchas democracias, de imponer la voluntad revolucionaria en las urnas, bajo la garantía que la libre conciencia del pueblo sería respaldada por las armas de la patria.

Desde este punto y hora empezó para la Argentina la tarea de su reconstrucción política, económica y social. Comenzó la tarea de destruir todo aquello que no se ajuste al nuevo estado de la conciencia jurídica expresada tan elocuentemente en las jornadas referidas y confirmada cada vez que ha sido confirmada la voluntad popular. Podemos afirmar que hoy el pueblo argentino vive la vida que anhelaba vivir.

No hubiéramos reparado en nada si para devolver su verdadera vida al pueblo argentino hubiera sido preciso transformar radicalmente la estructura del Estado; pero, por fortuna, los próceres que nos dieron honor, patria y bandera, los que más tarde estructuraron los basamentos jurídicos de nuestras instituciones, marcaron la senda que indefectiblemente debía seguirse para interpretar el sentimiento argentino y conducirlo con paso firme hacia sus grandes destinos. Esta senda no es otra que la libertad individual, base de la soberanía, pero ha de cuidarse que el abuso de libertad individualmente no lesione la libertad de otros y que la soberanía no se limite a lo político, sino que se extiende a lo económico, o más claramente dicho, que para ser libres y soberanos no debemos respetar la libertad de quienes la usan para hacernos esclavos o siervos.

Por el instinto de conservación individual y colectiva, por el sagrado deber de conocer al ciudadano y a la patria, no debemos quedar indefensos ante cualquiera que alardeando de su derecho a la libertad quiera atentar contra nuestras libertades. Quien tal pretendiera tendrá que chocar con la muralla que le ofrecerán todos los corazones argentinos.

Hasta el momento actual sólo se habían anunciado los problemas que debían solucionarse de acuerdo a la transformación que el pueblo argentino desea. Ahora la representación de la voluntad general del pueblo argentino ha manifestado lo que contiene esa voluntad, y a fe que no es mucho. Yo, que he vivido con el oído puesto sobre el corazón del pueblo, auscultando sus más mínimos latidos, que me he enardecido con la celebración de sus palpitaciones y abatido con sus desmayos, podría concretar las aspiraciones argentinas diciendo que lo que el pueblo argentino desea es no tolerar ultrajes de afuera ni de dentro, ni admitir vasallaje político y económico, vivir en paz con todo el mundo, respetar la libertad de los demás a condición de que nos respeten a nosotros, eliminar las injusticias sociales, amar a la patria, defender nuestra bandera hasta nuestro último aliento.

Convencido como estoy que éstos son los ideales que encarnan los convencionales aquí reunidos, permitidme que exprese la emoción profunda que me ha producido el ver que, para precisar el alcance del anhelo de los Constituyentes del 53, el Partido Peronista haya acordado ratificar en el Preámbulo de la Carta Magna de los argentinos la decisión irrevocable de constituir lo que siempre he señalado: una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Con la mano puesta sobre mi corazón, creo que este sueño íntimo, insobornable, es el de todos los argentinos, de los que me siguen y de los que no tengo la fortuna de verlos a mi lado.

Con las reformas proyectadas por el Partido Peronista, la Constitución adquiere la consistencia de la que hoy está necesitada. Hemos rasgado el viejo papelerío declamatorio que el siglo pasado nos transmitió. Con sobriedad espartana escribimos nuestro corto mensaje a la posteridad, reflejo de la época de vivimos y consecuencia lógica de las desviaciones que habían experimentado los términos usados en 1853.

El progreso social y económico y las regresiones políticas que el mundo ha registrado en los últimos años, han creado necesidades ineludibles; no atenderlas, proveyendo a lo que corresponda, equivale a derogar los términos en que fue concebida por sus autores.

¿Podían imaginar los Constituyentes del 53 que la civilización regulará hasta el salvajismo que hemos conocido en las guerras y revoluciones del siglo XX? ¿Imaginaron los bombardeos de ciudades abiertas, los campos de concentración, las brigadas de choque, el fusilamiento de prisioneros, las mil violaciones al derecho de gentes, los atentados a las personas y los vejámenes a los países que a diario vemos en esta posguerra interminable? Nada de ello era concebible. Hoy nos parece una pesadilla, y los argentinos no queremos que estos hechos amargos se puedan producir en nuestro país; aún más, deseamos que no vuelvan a ocurrir en ningún lugar del mundo, y anhelamos que la Argentina sea el reducto de las verdaderas libertades de los hombres y la Constitución su imbatible parapeto.

En el orden interno, ¿podían imaginarse los convencionales del 53 que la igualdad garantizada por la Constitución llevaría a la creación de entes poderosos, con medios superiores a los propios del Estado? ¿Creyeron que estas organizaciones internacionales del oro se enfrentarían con el Estado y llegarían a sojuzgarlo y extraerle las riquezas del país? ¿Pensaron siquiera que los habitantes del suelo argentino serían reducidos a la condición de parias obligándoles a formar una clase social pobre, miserable y privada de todos los derechos, de todos los bienes, de todas las ilusiones y de todas las esperanzas? ¿Pensaron que la máquina electoral montada por los que se apropiaron los resortes del poder llegaría a poner la libertad de los ciudadanos a merced del caudillejo político, del patrono o del amo que contaba su poderío electoral por el número de conciencias impedidas de manifestarse libremente?

Hay que tener el valor de reconocer cuando un principio, aceptado como inmutable, pierde su autoridad. Aunque se apoye en la tradición, en el derecho o en la ciencia, debe declararse caduco tan pronto lo reclame la conciencia del pueblo.

Mantener un principio que ha perdido su virtualidad, equivale a sostener una ficción.

Con las reformas propiciadas, pretendemos correr definitivamente un tupido velo  sobre las ficciones que los argentinos de nuestra generación hemos tenido que vivir. Deseamos que se desvanezca el reino de las tinieblas y de los engaños, aspiramos a que la Argentina pueda vivir una vida real y verdadera; pero esto sólo puede alcanzarse si la Constitución garantiza la existencia perdurable de una democracia verdadera y real.

La demostración más evidente de que la conquista de nuestras aspiraciones va por buen camino, la ofrece el hecho de que se reúne el Congreso Nacional Constituyente después de transcurridos más de cinco años y medio del golpe de fuerza que derribó al último gobierno oligárquico.

La acción revolucionaria no hubiera resistido los embates de la pasión, de la maldad y del odio, si no hubiese seguido la trayectoria inicial que dio impulso y sentido al movimiento. La idea revolucionaria no hubiera podido concretarse en un molde constitucional de no haber podido resistir las críticas, los embates y el desgaste propios de los principios, cuando chocan con los escollos que diariamente salen al paso del gobernante; y los principios de la revolución no se hubieran mantenido si no hubiesen  sido el fiel reflejo del sentimiento popular argentino.

Muy profunda ha de ser la huella impresa en la conciencia nacional por los principios que rigen nuestro movimiento, cuando en la última consulta electoral el pueblo os ha consagrado, otorgándoos amplios poderes reformadores.

De esta Asamblea que hoy inicia su labor constructiva debe salir el edificio que la Nación entera aguarda para alojar dignamente al mundo de ilusiones y esperanzas que sus auténticos intérpretes le han hecho concebir.

En este momento se agolpan en mi mente las quimeras de nuestros próceres y las inquietudes de nuestro pueblo; los episodios que han jalonado nuestra historia; la lucha titánica desarrollada en casi 139 años transcurridos desde el alumbramiento de nuestra patria: la emancipación, los primeros pasos para organizarse, las discordias civiles, la estructuración política, los anhelos de independencia total, la entrega a los intereses foráneos, la desesperación del pueblo al verse sojuzgado económicamente y el último esfuerzo realizado por romper toda atadura que nos humillara y toda genuflexión que nos ofendiera.

Todo esto desfila por mi mente y golpea mi corazón con igual ímpetu que repercute y exalta vuestro espíritu. Y pienso en los fútiles subterfugios que han opuesto a las reformas proyectadas y veo tan deleznables los motivos y tan envueltas en tinieblas las sinrazones que ratifico –como seguramente vosotros ratificáis en el altar sagrado de vuestras conciencias– los elevados principios en que las reformas se inspiran y las serenas normas que concretan sus preceptos. Y consiente de la responsabilidad que a esta magna Asamblea alcanza, os exhorto a que ningún sórdido interés enturbie nuestro espíritu y ningún móvil mezquino desvíe nuestro derrotero; que salga limpia y pura la voluntad nacional. Así añadiremos un galardón más de gloria a nuestra patria.

En los grandes rasgos de las reformas proyectadas por el Partido Peronista, se perfila clara la voluntad ciudadana que ha empujado nuestros actos.

Cuando al crearse la Secretaría de Trabajo y Previsión se inició definitivamente la era de la política social, las masas obreras argentinas siguieron esperanzadas la cruzada redentora que de tanto tiempo atrás anhelaban. Vieron claro el camino que debía recorrerse.

En el discurso del día 2 de diciembre de 1943 afirmaba que por encima de los preceptos casuísticos que la realidad puede tomar caducos el día de mañana, está la declaración de los altísimos principios de cooperación social. El objeto que con ello perseguía era robustecer los vínculos de solidaridad humana; incrementar el progreso de la economía nacional; fomentar el acceso a la propiedad privada; acrecer la producción en todas sus manifestaciones; defender al trabajador mejorando sus condiciones de trabajo y de vida.  

Al volver la vista atrás y examinar el camino recorrido desde que tales palabras fueron pronunciadas no puedo menos que preguntar a los esforzados hombres de trabajo de la patria entera, si a pesar de todos los obstáculos que se han  opuesto al logro de mis aspiraciones he logrado o no lo que me proponía alcanzar.

Y cotejando este programa mínimo, esbozo de la primera hora, cuando era tan fácil prometer sin tasa ni medida, ¿no es cierto que se nota una completa analogía con los rasgos esenciales de la reforma que el peronismo lleva al Congreso Constituyente? La mesura con que Dios guió mis primeros pasos es equiparable a la prudencia que inspiran las reformas proyectadas. Si así no hubiese sido, tened la absoluta certeza de que como jefe del Partido no hubiese consentido que se formularan. En toda mi vida política he sostenido que no dejaré prevalecer una decisión del partido que pueda lesionar en lo más mínimo el interés supremo de la patria. Creed que esta afirmación responde al más íntimo convencimiento de mi alma y que fervientemente pido a Dios que mientras viva me lo mantenga.

Había pensado en la conveniencia de presentar ante vuestra honorabilidad el comentario de las reformas que aparecen en el anteproyecto elaborado por el Partido Peronista. Desisto, sin embargo, de la idea, porque exigirá un tiempo excesivo. Por otra parte, la explicación se encuentra sintetizada en el propio anteproyecto y desarrollada ampliamente por mí en un discurso que ha tenido gran difusión.

Señores: la comunidad nacional como fenómeno de masas aparece en las postrimerías de la democracia liberal. Ha desbordado del ágora la política ocupada por unas minorías incapaces de comprender la novedad de los cambios sociales de nuestros días. El siglo XIX descubrió la libertad, pero no pudo idear que ésta tendría que ser ofrecida de un modo general y que para ello era absolutamente imprescindible la igualdad de su disfrute. Cada siglo tiene su conquista, y a la altura del actual debemos reconocer que así como el pasado se limitó a obtener la libertad, el nuestro debe proponerse la justicia.

El contenido de los conceptos “Nación, sociedad y voluntad nacional”  no era antes lo que es en la actualidad. Era una fuerza pasiva, era el sujeto silencioso y anónimo de veinte siglos de dolorosa evolución. Cuando este sujeto silencioso y anónimo surge como masa, las ideas viejas se vuelven aleatorias y la organización política tradicional tambalea. Ya no es posible mantener la estructuración del Estado en una rotación entre conservadores y liberales; ya no es posible limitar la función pública a la mera misión del Estado gendarme; no basta ya con administrar: es imprescindible comprender y actuar, es menester unir, es preciso crear.

Cuando esa masa plantea sus aspiraciones, los clásicos partidos turnantes averiguan que su dispositivo no estaba preparado para una demanda semejante; cuando la democracia liberal divisa al hombre al pie de su instrumento de trabajo, advierte que no había calculado sus problemas, que no había contado con él, y lo que es más significativo, que en el futuro ya no se podría prescindir del trabajador.

Lo que los pueblos avancen en el camino político puede ser desandado en un día; puede desviarse, rectificarse o perderse lo que en el terreno económico se avance, pero lo que en el terreno social se adelante, eso no retrocede jamás.

Y la democracia liberal, flexible en sus instituciones para retrocesos y discretos  políticos y económicos, no era igualmente flexible para los problemas sociales, y la sociedad burguesa, al romper sus líneas, ha demostrado el espectáculo impresionante de los pueblos puesto de pie para medir la magnitud de su presencia, el volumen de su clamor y la justicia de sus aspiraciones.

A la expectación popular sucede el descontento, la esperanza en la acción de las leyes se transforma en resentimiento, y aquellas toleran la injusticia. El Estado asiste impotente a una creciente pérdida de prestigio,  sus instituciones le impiden tomar medidas adecuadas y se manifiesta el divorcio entre su fisonomía y la de la Nación que dice representar. A la pérdida del prestigio sucede la ineficiencia, y a ésta la amenaza de rebelión, porque si la sociedad no halla en el poder el instrumento de su felicidad, labra en la intemperie el instrumento de la subversión: éste es el signo de la crisis.

El ocaso de los absolutismos abrió a las iniciativas amplio cauce, pero las iniciativas no regularían por sí mismas los objetivos colectivos, sino los privados. Mientras se fundaban los grandes capitalismos el pueblo permaneció aislado y expectante. Después, frente a la explotación, fortaleció su propio descontento. Hoy no es posible pensar organizarse sin el pueblo, ni organizar un Estado de minoría para entregar a unos pocos privilegiados la administración de la libertad.

Esto quiere decir que de la democracia liberal hemos pasado a la democracia social.

Nuestra preocupación no es tan solo crear un ambiente favorable para los más capaces o mejor dotados labren su propiedad, sino procurar el bienestar de todos. Junto al arado, sobre la tierra, en los talleres y en las fábricas, en el templo del trabajo, donde quiera que veamos al individuo que forma esa masa, al descamisado que identifica entre nosotros nuestra orgullosa comprensión de los acontecimientos de este siglo, se halla también el Estado. El Estado argentino de hoy tiene puestas en el su atención y preocupación.

La felicidad y el bienestar de las masas son las garantías del orden, son el testimonio de que la primera consigna del principio de autoridad en nuestra época ha sido cumplido.

Quedan con su conciencia los que piensan que el problema pueda solucionarse aprisionando con una mano de hierro las justas protestas de las necesidades de los que quieren convertir a la Nación en un rencoroso régimen de trabajo forzado, sin compensaciones y sin alegrías.

Nosotros creemos que la fe y la experiencia han iluminado nuestro pensamiento para permitir extraer de esas crisis patéticas de la humanidad las enseñanzas necesarias.

Esa masa, ese cuerpo social, ese descamisado que estremece con su presencia la mole envejecida de las organizaciones estatales, que no han querido aún modificarse ni progresar, es precisamente nuestro apoyo, es la causa de nuestros trabajos, es nuestra gran esperanza y es lo que da precisamente tono, matiz y sentido a nuestra democracia social.

Señores: Estamos en este recinto unidos espiritualmente en el gran anhelo de perfeccionar la magna idea de la libertad, que las desviaciones de la democracia liberal y su alejamiento de lo humano hicieron imposible. Cuando el mundo vive horas de dolorosa inquietud, nos enorgullece observar que lo que impulsa y anima nuestra acción es la comunidad nacional esperanzada, consiente de la trascendencia del momento, del sino decisivo de esta época en que nos hallamos. Queremos hacernos dignos de su confianza.

Señores convencionales: Termino mis palabras con las que empieza y seguirá empezando nuestra constitución. Invoco a Dios, fuente de toda razón y justicia, para que os dé el acierto que los argentinos esperamos y la patria necesita.

El 1ro de febrero tuvo lugar la primera sesión ordinaria. Las siguientes sesiones se sucedieron el 15 de febrero y el 8 de marzo. En esta tercera sesión ordinaria, la minoría impugnó la legitimidad de la convocatoria y retiró sus convencionales. Las sesione continuaron 9, 10 y 11 de marzo.

El 16 de marzo se realizó la última sesión especial en la cual los Convencionales juran la Reforma sancionada. El Comité Nacional de la Unión Cívica Radical, resolvió autorizar a los legisladores radicales a jurar la Constitución sancionada en 1949 (decisión publicada en el Boletín Nº 7 del Comité Nacional de fecha 31 de mayo de 1949).

El 9 de abril de 1949, en una solemne sesión plenaria desarrollada en la Universidad Nacional de Cuyo en la Provincia de Mendoza, con motivo de llevarse a cabo el Primer Congreso de Filosofía del Mundo en nuestro país, ante 147 filósofos argentinos y extranjeros de países como: Alemania, Bolivia, Brasil, Canadá, Colombia, Chile, España, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Irlanda, Italia, México, Perú, Portugal, Santo Domingo, Suiza, Portugal y Venezuela; el Presidente general Juan Domingo Perón pronunció un discurso que, a partir de allí, recibió el nombre de “La Comunidad Organizada” en cuya introducción dijo:

“Nuestra comunidad, a la que debemos aspirar, es aquella donde la libertad y la responsabilidad son causa y efecto, en que exista una alegría de ser, fundada en la persuasión de la dignidad propia”

En la oportunidad desarrolló temas de reflexión trascendental como: El hombre y la sociedad se enfrentan con la más profunda crisis de valores que registra su evolución – El hombre puede desafiar cualquier mudanza si se halla armado de una sólida verdad – Si la crisis medieval condujo al Renacimiento, la de hoy, con el hombre más libre y la conciencia más capaz, puede llevar a un renacer más esplendoroso – La preocupación teológica – La formación del espíritu americano y las bases de la evolución ideológica universal – El reconocimiento de las esencias de la persona humana como base de la dignificación y del bienestar del hombre – La realización perfecta de la vida – Los valores morales han de compensar las euforias de las luchas y las conquistas  y oponer un muro infranqueable al desorden – El amor entre los hombres habría conseguido mejores frutos en menos tiempo del que ha costado a la humanidad la siembra del rencor – El grado ético alcanzado por un pueblo imprime rumbo al progreso, crea orden y asegura el uso feliz de la libertad – El sentido último de la ética consiste en la corrección del egoísmo – La Humanidad y el Yo. Las inquietudes de la masa – Superación de la lucha de clases por la colaboración social y dignificación humana – Revisión de las jerarquías – Espíritu y materia: dos polos de la Filosofía – Cuerpo y Alma: el “Cosmos” del “Hombre” - ¿La felicidad que el hombre anhela pertenecerá al reino de lo material o lograrán las aspiraciones anímicas del hombre el camino de la perfección? – El hombre como portador de valores máximos y células del “Bien General” – Hay que devolver al hombre la fe en su misión – La Comunidad Organizada. Sentido de la Norma – La terrible anulación del hombre por el Estado y el problema del pensamiento democrático en el futuro – Sentido de la proporción. Anhelo de armonía. Necesidad de equilibrio.

Aquel Congreso recibió el saludo del Filósofo Alemán Martín Heidegger, autor de “Ser en el Tiempo” donde dijo:

“Envío saludos a los colegas de todo el mundo y deseo que el Congreso que se ha celebrado en vuestro país, tan abierto y magnánimo, tenga un feliz término”

1950 fue considerado y declarado el “Año del Libertador General San Martín”, con el objeto de adherir, la comunidad argentina toda, a los sentimientos de independencia y soberanía y, a la vez, solidarizar nuestro país con los pueblos de América. Adhesión que no hubiera tenido sentido en la república sumisa de los tiempos opositores, cuando firmaba compromisos internacionales indignos, pero que sí cobraba relevancia dentro de la vigorosa y alta virtud de los actos de un pueblo que había logrado la plenitud de sus derechos y de su libertad. El 17 de octubre, ante la multitud reunida en la Plaza de Mayo, Perón dio a conocer la columna vertebral de la Doctrina Nacional Justicialista: “Las veinte verdades peronistas”

En enero de 1951 comenzó un año muy particular que quedó marcado a fuego en la historia del peronismo, por una conspiración oligárquica encabezada por el general Benjamín Menéndez oponiéndose al gobierno que, por entonces, había transformado la estructura productiva del país, modificando el reparto de la economía nacional lesionando intereses de quienes fueron los dueños del poder económico desde siempre en nuestro país. Para la segunda quincena de agosto los ex generales Rawson, Menéndez, Govannoni, Molina y Elvio Anaya, y los coroneles Suárez, Gallo y otros; intentaron vulnerar la disciplina y el deber militar incitando a la revolución determinados jefes de unidades.

El viernes 28 de septiembre a las 7.30 de la mañana, fue requerida la presencia del general Vaca en su despacho en Campo de Mayo a requerimiento del general Delmiro Videla Balaguer, comunicándole que el Colegio Militar General San Martín había recibido la visita del coronel Esteban Font, quien era Jefe de la Plana Mayor de la Dirección de Institutos Militares, manifestándole a él que era el jefe de esa unidad, que al llegar a la “puerta 8” no le fue permitida la entrada al acantonamiento de Campo de Mayo, y que un capitán intentó detenerlo por orden del general Benjamín Menéndez quien, al parecer, con el general Rawson, se encontraba en la escuela de Caballería que se encontraba sublevada. El plan de la asonada golpista fue: sacar a la Escuela de Caballería de Campo de Mayo con treinta tanques y marchar hasta El Palomar, rendir allí al Colegio Militar y unirlo a sus filas. Mientras tanto, el destacamento motorizado de La Tablada debía tomar la Base Aérea de Morón y, a partir de allí, harían una entrada triunfal en Buenos Aires, por otro lado un grupo de hombres de la Fuerza Aérea debían arrojar panfletos con una proclama revolucionaria por toda la Capital Federal. A las 9.15 estaba muy clara la situación: los únicos focos rebeldes estaban en la Escuela de Caballería y en La Tablada, denotando el estado de extrema debilidad de aquella intentona golpista, a punto tal que los conspiradores se entregaron como prisioneros en el Colegio Militar, temerosos del riesgo que pudiera haber corrido sus vidas.

A pesar de no haberse generado ningún hecho bélico merced a la ineptitud de los golpistas, la noticia había corrido por todo el país a punto que la CGT ordenó un paro de 24 horas con movilización, para expresar su defensa al gobierno democrático.  El Secretario General, José Espejo, se comunicó con los organismos inferiores e inmediatamente los trabajadores salieron a la calle levantando barricadas e interponiendo interferencias orientadas a que los levantiscos depusieran su actitud. El pueblo salió masivamente a la calle para defender la democracia.

El 22 de agosto de 1951 Eva Perón, en el acto más grande que se había visto en la Argentina, ya con su enfermedad a cuestas, tuvo en una verdadera asamblea popular, uno de los diálogos más profundos y emotivos con su gente. Desde entonces, ese día ha quedado en la historia de las luchas populares como el Día del Renunciamiento, 

Evita, en el Cabildo Abierto convocado por la CGT en las avenidas 9 de Julio y Belgrano de Buenos Aires, frente al entonces Ministerio de Obras Públicas, ante el anuncio de que se le ofrecía ser candidata a vicepresidente del general Perón en las siguientes elecciones del 11 de noviembre le habló así a más de un millón y medio de trabajadores:

“Hoy, mi general, en este Cabildo del Justicialismo, el pueblo que en 1810 se reunió para preguntar de qué se trataba, se reúne para decir que quieren que Perón siga dirigiendo los destinos de la patria”.

Espejo, secretario general de la CGT, propone a Eva Perón como compañera de fórmula. Y ésta responde:

“Mis queridos descamisados: yo les pido a los compañeros de la CGT, a las mujeres, a los niños, a los trabajadores aquí congregados, que no me hagan hacer lo que nunca quise hacer. Yo les pido a la Confederación General del Trabajo y a ustedes, por el cariño que nos une, por el amor que nos profesamos mutuamente, que para una decisión tan trascendental en la vida de esta humilde mujer, me den por lo menos 4 días más para pensarlo”.

Terminante, el pueblo no quiso esperar más, pidiendo su aprobación en ese mismo momento, a lo que Evita continuó diciendo:

“Compañeros: Yo no renuncio a mi puesto de lucha, renuncio a los honores. Yo me guardo, como Alejandro, la esperanza, por la gloria y el cariño de ustedes y del general Perón.

Compañeros: les digo a todos que yo tenía tomada otra posición pero haré al final lo que el pueblo diga. ¿Ustedes creen que si el puesto de vicepresidente fuera una carga y yo hubiera sido una solución no hubiera contestado que sí? Es que estando al lado del general Perón en el gobierno, el puesto de vicepresidente no es más que un honor y yo aspiro nada más que al honor del cariño de los humildes de mi patria”.

Luego de 5 días, Eva Perón anunció por radio su decisión irrevocable y definitiva de renunciar a la candidatura a vicepresidente.

En una campaña electoral enrarecida por el reciente intento golpista, el 11 de noviembre se realizaron las elecciones generales. El resultado fue contundente: la fórmula Perón–Quijano obtuvo 4.745.157  el 62 % de los votos, frente a la fórmula Balbín–Frondizi con 2.406.050 equivalente al 32 % de los votos. Además el peronismo ganó en todas las provincias y el voto femenino tuvo un peso decisivo ya que votaron el 62 % del padrón femenino y el 61 del masculino. Evita sufragó desde su lecho de enferma en el Policlínico de Lanús. Por primera vez seis mujeres ocuparon bancas en el Senado de la Nación y veintiuna en la Cámara de Diputados, todas peronistas.

El Vicepresidente electo, Hortensio Quijano, falleció dos meses antes de hacerse cargo de la vicepresidencia el día 3 de abril de 1952. En la nueva elección para cubrir el cargo el peronismo presentó como candidato a Alberto Tessaire que obtuvo 4.994.106 votos, frente a Crisólogo Larralde por el radicalismo que obtuvo 2.493.422 votos.

El 4 de junio de 1952 asumió su segunda Presidencia el general Juan Domingo Perón,  acompañado por Evita que fue al último acto al que asistió. Así es como el peronismo inicia su segunda etapa de gobierno con mayoría en ambas Cámaras y un sólido respaldo popular expresado en las urnas, señal que advirtió la oposición para persuadirse sobre la imposibilidad de luchar contra Perón mediante elecciones libres y democráticas, comenzando entonces a gestar una etapa antidemocrática a fin de acceder al poder propiciando golpes militares.

Cerca del mediodía del sábado 26 de julio al mediodía, Evita perdió el conocimiento. Alrededor de las cinco de la tarde entró en coma y a las 20 hs radio del estado informó a la población que su estado era de suma gravedad. A las 20.23 hs el Dr. Taquini tomó el pulso a Evita e informó a Perón que había fallecido. El 10 de agosto a las 17.50  diecisiete mil soldados al mando del  general José Domingo Molina, con una salva de veintiún cañonazos, marcan el instante en que el ataúd fue introducido al recinto de la CGT.

En este nuevo período de gobierno, Perón impulsa muy fuertemente la economía social sustentada en la organización de cooperativas cuya actividad estaba decido a defender por sobre los monopolios y oligopolios económicos que prevalecían en la Argentina hasta ese momento. En ese sentido, ya en 1952, se definió diciendo:

“Hay que defender las cooperativas y el cooperativismo, y hay que defenderlos todos los días. Los cooperativistas deben ser hombres de lucha; no pueden ser hombres pacíficos que se olviden de luchar después que han establecido las bases cooperativistas.

Probablemente no se les haya presentado jamás a los cooperativistas una situación como la actual, quién sabe si en el futuro se les volverá a presentar de nuevo; y esto debe ser aprovechado por todos los productores. Si no lo aprovechan quizá tengan mucho que lamentar en el futuro. No olviden que, como decía Martín Fierro, el hierro ha de doblarse caliente; ahora está caliente y hay que hacer fuerza para doblarlo.

Yo comencé por fijar, para este 2º Plan Quinquenal, ya determinativa y definitivamente, que para nosotros, en el orden de la organización, el cooperativismo es lo mismo que el justicialismo. Aspiramos, asimismo, a que cada trabajador agrario sea un productor; a que cada productor sea un propietario y que cada propietario sea un cooperativista. Para nosotros el cooperativismo es, a los productores, lo que el sindicalismo en los trabajadores. El Plan Quinquenal agrario es para nosotros fundamentalmente cooperativo.

En el 2º Plan Quinquenal el cooperativismo tiene su decálogo de acción que es el siguiente: el gobierno aspira a que las cooperativas agropecuarias constituyan las unidades básicas de la economía social agraria y participen: Primero: en el proceso colonizados y en la acción estatal y privada tendiente a lograr la redistribución de la tierra en unidades económicas sociales adecuadas. Segundo: que participen en el proceso productivo mediante la utilización racional de los elementos básicos del trabajo agropecuario: maquinaria agrícola, galpones ferroviarios, silos, elevadores de granos, semillas, etc. Tercero: que participen también en el proceso interno de comercialización de las cosechas de sus asociados, para lo cual el Estado auspiciaría el acceso de los productores organizados a los centros de consumo; mercados oficiales, proveedurías, etc. Cuarto: que participen en el proceso de la comercialización y defensa de la producción agropecuaria de sus asociados en los mercados internacionales. Quinto: que participen en el proceso de la industrialización regional primaria de la producción agropecuaria de sus asociados. Sexto: que participen en la acción estatal tendiente a suprimir toda intermediación comercial innecesaria. Séptimo: que participen en la fijación de los precios básicos y precios diferenciales que se fijarán a favor de las cooperativas agropecuarias. Octavo: que participen en la redistribución de los márgenes de utilidad que se obtengan con motivo de la comercialización. Noveno: que participen en la acción social directa a cumplirse en forma integral en beneficio de los productores agrarios. Décimo: el Estado auspicia la organización de un sistema nacional unitario de cooperativas de productores agropecuarios que represente a todos los productores del país y defienda sus intereses económicos y sociales.

Asimismo, el Estado, mediante todos sus centros de enseñanza, promoverá la formación de una nueva conciencia nacional agraria hacia el cooperativismo”

Estos principios enunciados por Perón se vieron plasmados en su acción de gobierno, dados a conocer en lo que llamó el 2º Plan Quinquenal Capítulo XVi: Régimen de Empresas cuyo objetivo fundamental era:

“El Estado, en relación con las actividades económicas de producción, industria y comercio, auspiciará preferentemente la creación y el desarrollo de las empresas cuyo capital esté al servicio de la economía en función del bienestar social”.

De esta manera queda sumamente clara la adhesión directa a la Tercera Posición desde el punto de vista empresarial y, referente a las cooperativas, en el punto cuatro de ese mismo capítulo hace referencia diciendo:

“El 2º Plan Quinquenal establece asimismo el estímulo y la protección del Estado al desarrollo de las empresas cooperativas, mediante un sistema nacional que represente a todos los sectores económicos y sociales del país, y que asegure la defensa de sus intereses.

Esa protección y ese estímulo serán ejercidos:

1º Por medio de la asistencia técnica: nada quedará librado a la improvisación ni a los experimentos sin  base racional. Personal capacitado asesorará a las cooperativas a fin de que rindan en gran escala y sirvan a la economía de sus integrantes y del país.

2º Por medio del crédito bancario: el estado facilitará los recursos económicos necesarios para poner en marcha las cooperativas, para consolidarlas y fortalecerlas. Cuando mayor sea la utilidad de la actividad de las cooperativas, mayor será la ayuda estatal.

3º Por medio del aprovisionamiento: el Estado facilitará a las cooperativas las materias primas necesarias para su funcionamiento.

4º Por medio del régimen impositivo: el ordenamiento de los impuestos tendrá en cuenta muy especialmente el carácter cooperativo de estas empresas, a las que aplicará un régimen especial de estímulo.

5º Por medio de la prioridad en los servicios y trámites: las cooperativas serán atendidas con preferencia en los casos en que soliciten determinados elementos o inicien ante la administración nacional cualquier clase de gestiones. Si llega a ser escasa la cantidad disponible de algunos artículos, ellos serán facilitados preferentemente a las cooperativas.

El Estado tomará también a su cargo la función de establecer una coordinación permanente entre las cooperativas de producción agropecuarias e industriales y las cooperativas de distribución y consumo. De tal manera se suprimirá al intermediario inútil, con lo cual se aumentará el beneficio de los miembros de las empresas y se beneficiará con mejores precios a los consumidores.

Esta y todas las otras políticas implementadas por el gobierno de Juan Domingo Perón estuvieron orientadas a la recuperación de la nacionalidad tomando partido, definiéndose ante la pugna establecida entre los dos bandos. La Argentina se definió, pero no por uno de los bandos, sino por una Tercera Posición independiente, sin pretender generar una tercera fuerza que intervenga entre los dos imperialismos en pugna; persiguiendo el objetivo de decidir soberanamente sus propios destinos e integrar fraternalmente ese destino con sus hermanos de América.

Pero en la pugna ideológica no es posible permanecer silencioso. A una idea se le contrapone otra idea mejor. De ahí que las ideas son más poderosas que todas las fuerzas materiales juntas, por eso resulta prudente analizar la Tercera Posición desde lo positivo y lo negativo:

a)    Librada la Segunda Guerra Mundial, en términos generales entre capitalistas y comunistas, la Tercera Posición no es capitalista ni comunista.

b)    Habida cuenta que la evolución del mundo es pendular, la solución no puede estar en uno de los extremos que son en sí mismos una posición inestable.

“Debemos huir de todos los extremos, siempre unilaterales y exagerados, porque la evolución del mundo ha sido y será pendular, y la estabilización se halla en la vertical. Porqué habríamos de pretender la detención del péndulo en una posición siempre inestable!” (Juan Perón, en el homenaje a las Autoridades Nacionales organizado por la Asociación Bancaria, marzo 20 de 1945)

c)    El hecho que rechace tanto al capitalismo como al comunismo no significa que la Tercera Posición sea una abstención, es decir, que se desentienda de los problemas políticos, económicos y sociales que afronta el mundo contemporáneo. Por el contrario, significa una verdadera toma de posición frente a estos problemas; de ahí que hablemos, precisamente, de una Tercera Posición. La opinión contraria, la de los que dicen “de este bando o del otro”, “el capitalismo o el comunismo”, es un infundio de la propaganda interesada dirigida a forzar la libre voluntad de los pueblos.

“La Tercera Posición no es, de manera alguna, una posición de neutralidad frente a los problemas políticos, económicos y sociales del mundo contemporáneo. Es, en cambio, una actitud positiva que se ofrece a la humanidad como solución de sus problemas” (Juan Perón ante el Honorable Congreso de la Nación, el 1º de mayo de 1950)

Analicemos ahora la caracterización positiva de esta Tercera Posición ideológica que es el Justicialismo.

En el orden económico:

La Tercera Posición busca poner el capital al servicio de la economía y no a la inversa, que es lo ocurrido en la historia de nuestro país, logrando así una economía social.

“En el orden económico la Tercera Posición es el abandono de la economía libre y de la economía dirigida por un sistema de economía social, al que se llega poniendo el capital al servicio de la economía”  (Juan Perón en su mensaje en el Honorable Congreso de la Nación, el 1º de mayo de 1950)

De este modo la economía deja de ser individualista sin pasar a ser colectivista, y es calificada de Justicialista.

“Puestas, pues, las cosas en su lugar, capital y propiedad individuales en función social. Nuestra economía dejó de ser individualista sin  pasar a ser colectivista, poniéndose de este modo en el justo medio que nos permite calificarla y denominarla con el nombre de economía Justicialista” (Juan Perón ante el Honorable Congreso de la Nación, 1º de mayo de 1950)

En el orden social:

El Justicialismo, mediante el fomento extraordinario de la cultura social del pueblo, ha llegado, por medio de las organizaciones sociales, a completar una hazaña que perdurará en forma ejemplar a través de los tiempos.

La eliminación de las distinciones de clases y una distribución justa de la riqueza entre los que la producen, son los resultados tangibles. El instrumento básico de esta reforma ha sido la justicia social.

“En el orden social la Tercera Posición entre el individualismo y el colectivismo es la adopción de un sistema cuyo instrumento básico es la justicia social” (Juan Perón ante el Honorable Congreso de la Nación, 1º de mayo de 1950)

En el orden político:

La Tercera Posición se opone decididamente a todos los imperialismos y tiende hacia la paz y la cooperación de todas las naciones en un plano de igualdad.

La soberanía de cada nación, que se toma como punto de partida ya que lo contrario sería fomentar los imperialismos, debe ponerse al servicio de la humanidad y servir así de base para un sistema cooperativo de gobierno mundial.

“En esta mitad del camino creemos nosotros que puede estar una solución para la paz. En el orden político, la Tercera Posición significa poner la soberanía de las naciones al servicio de la humanidad en un sistema cooperativo de gobierno mundial” (Juan Perón ante el Honorable Congreso de la Nación, 1º de mayo de 1950)

La Tercera Posición ideológica es, al mismo tiempo, una acción en plena marcha que el pueblo argentino le ofrece al mundo, ya en parte realizada con el ejemplo, que es siempre lo más persuasivo.

“Desde mi puesto, en la guardia que monto como hombre y como soldado, me es dable comprobar como, en medio de un mundo sin fe y sin esperanza, nuestro pueblo, con el optimismo de los mejores días de los grandes pueblos, ofrece a la humanidad el espectáculo de una nación que, por ser socialmente justa, vive en paz consigo misma; por ser económicamente libre, puede proveer a la necesidad material de sus hijos y, por ser políticamente soberana, puede decir sin reservas sus palabras de paz a los hombres desde su Tercera Posición, cuya filosofía social, económica y política es quizá la única solución de este mundo atormentado en que nos toca vivir”. (Juan Perón a los jefes y oficiales de las Fuerzas Armadas, julio 5 de 1950)

Queda claro que durante los primeros años de gobierno el peronismo logró llevar a cabo una rápida transformación en el país. Promovió una justicia distributiva antes impensable, aumentando decisivamente la participación de los trabajadores en el ingreso nacional. Puso a los sectores humildes y marginados de la sociedad en condiciones de vida y consumo más dignas. Fortaleció las organizaciones obreras, otorgándoles la capacidad de discutir y ampliar sus derechos frente a la antes omnímoda voluntad patronal, amparadas por una amplia legislación laboral cuyo cumplimiento estricto vigiló el gobierno. La vida del hombre de trabajo cobró otro sentido, se dignificó al adquirir conciencia del lugar que ocupaba y no sentirse disminuido por su condición. Afirmaron su identidad.

También la economía se transformó: ya no fue la Argentina el país granja, de producción eminentemente primaria. Existía una amplia industria que abastecía el consumo interno y también incipiente pero promisorios esbozos de una industria de bases, que el gobierno impulsó.

Políticamente se amplió la base de la democracia: en las elecciones de noviembre de 1951 votaron las mujeres, los ciudadanos residentes en los Territorios Nacionales y los suboficiales de las Fuerzas Armadas. Los cargos electivos se abrieron a los sectores  populares, hombres y mujeres de extracción sindical se sentaron en las bancas de la Legislatura, y también ocuparon cargos en el gabinete de Ministros.

Esta revolución que se iniciaba, sólo sería una realidad y podría afianzarse a través de la organización política de todos los sectores del pueblo, que les otorgara un definitivo protagonismo. No se trataba solamente de producir transformaciones en las estructuras económicas y en el orden social, sino que esas transformaciones hallaran expresión en una forma de organización política diferente a la vigente en la Argentina liberal, distinta de las políticas de círculos.

Años después Perón resumió el papel de la doctrina y de la participación popular diciendo:

“Ya no sirven las ideologías. Marx fue el último de los ideólogos, la Z de las ideologías. Hoy la revolución pasa por la doctrina. Las ideologías le daban a los pueblos tres o cuatro líneas generales a seguir. Los obligaba a ajustarse a un libreto fijo para cumplir con un objetivo lejano. El hombre de hoy quiere saber qué papel juega en todo esto hy aportar lo suyo. Las ideologías han fracasado porque los problemas son diferentes. El hombre de hoy se resiste a que se le embrete, a que se le empuje. Quiere ser hombre. La doctrina, al integrarlo, al estimularlo, al comprenderlo, le da ese lugar que le corresponde en la historia. Y solo así es como se puede liberar, lograr la unión nacional, regional, continental, la Revolución Humana. Se trata de que los argentinos construyamos la estructura revolucionaria, que es el poder mismo. De esta forma el pueblo no delegará el poder; sino que lo ejercerá, será suyo. El poder no es el gobierno político solamente. El poder surge del bienestar general y de la participación total.

Yo siempre pienso que estas reformas necesitan de dos clases de hombres: de los hombres de acción, que son los que la realizan, y de los hombres de concepción, que son los que las explican y la divulgan. El sistema que yo he seguido en esto fue el de ir haciendo las cosas y explicarlas después. En esta revolución hay que hacer un poco así: primero ir, y después ya vamos a ver los medios que van a explicar, porque lo primero que tenemos que hacer es presentar el hecho, realizar la tarea y posteriormente, consolidarla. Para el primer momento necesitamos conductores; hombres de acción. Para la segunda tarea se necesitan predicadores, para la consolidación, para convencer por la persuasión. Por eso he sido más bien partidario de un método real: realizar. Ahora, después explico, cuál fue la idea que me llevó a esa realización. Después de hechas las cosas se encontrarán muchas razones, siempre que hayan salido bien. Pero ahora necesito a los predicadores de nuestra doctrina.

¿Qué entendemos por doctrina? La doctrina es una síntesis que es necesario enseñar, que es necesario inculcar, que se puede inculcar y la estamos inculcando al pueblo. La teoría es un conocimiento general del desarrollo de esta propia doctrina y que se puede enseñar y que estamos repitiendo despacito, como se debe enseñar al pueblo: repitiendo, repitiendo, repitiendo, hasta enseñar.

Las formas de ejecución son casualmente la planificación y la realización de esa doctrina a través de esa teoría que inculcamos primero, y que enseñamos después. Al realizar vamos desglosando todas esas formas de ejecución. De manera que ahora hay que difundir y consolidar la doctrina. Si bien ya le hemos dado un grado de consolidación al llevarla a la Constitución y a las leyes del Estado, ahora hay que consolidarla en el ánimo de los hombres, en el espíritu. Hemos elegido las tres grandes banderas en contra de las cuales hoy no puede estar ningún argentino; nadie puede estar en contra de la independencia económica, de la justicia social ni de la soberanía nacional. Hemos tomado para nosotros, para nuestro movimiento las verdaderas causas, los verdaderos objetivos sobre las cuales se fundamenta nuestra doctrina”

En 1953 el gobierno atravesaba dificultades económicas, y sufría el creciente jaqueo de planes conspirativos de una oposición minoritaria, pero irreductible y peligrosa, dispuesta a aprovechar el más mínimo signo de debilidad; sumado a la inevitable fatiga propia de un hombre que llevaba cumplido un intenso período de gobierno.

El rápido desmantelamiento del intento golpista de Menéndez no había desalentado a las fuerzas comprometidas en aquella conspiración, por el contrario, se sintieron estimuladas por la relativa indulgencia con que el gobierno había tratado a los responsables. El lugar de Menéndez no tardó en ser ocupado por el coronel retirado José Francisco Suárez, quien urdió un nuevo plan descubierto en febrero de 1952.

Suárez contaba con el concurso de militares y civiles de filiación liberal, y elaboró un plan tremebundo consistente en: asaltar con  vehículos blindados la residencia presidencial, el Departamento de Policía y el Correo; dar muerte a Perón y a Evita (que se encontraba ya muy enferma), y actuarían coordinadamente con fuerzas militares que avanzaban desde Campo de Mayo y Ciudadela, al tiempo que entrarían en operaciones grupos de civiles armados. La ocupación de los objetivos estratégicos y el asesinato de Perón y su esposa, pondrían al resto de las fuerzas armadas ante el hecho consumado

Un par de oficiales de inteligencia de aeronáutica, infiltrados en sus filas, desbarataron el complot el 3 de febrero. Hubo numerosas detenciones de militares y civiles implicados, además de la del jefe de la conspiración. La opinión pública fue informada en el mes de mayo y, aunque el número de detenidos fue importante, una parte del grupo permaneció en las sombras y pudo continuar actuando. A partir de ese hecho el gobierno endureció su actitud para con los sospechosos.

Las líneas de las conspiraciones continuaron de manera tal que abril de 1953 fue un mes aciago para el gobierno peronista. Desde hacía algunos meses causaba atención el aumento de los costos de los alimentos, así como la notoria escases de carne en Buenos Aires, fenómeno que afectaba particularmente a los trabajadores deteriorando sus ingresos. La creciente inquietud popular condujo a una iniciativa de la Federación de Trabajadores de Luz y Fuerza, que propuso reunir un congreso para tratar el tema. Si bien la iniciativa no prosperó, a fines de marzo el gobierno suspendió los embarques de carne al exterior.

El 1º de abril Perón convocó a una reunión conjunta del: gabinete económico, el comité nacional de precios y salarios, la CGT y la CGE. Entonces el Presidente se refirió al tena diciendo:

“… la central obrera ha exigido la intervención del gobierno ante el desmesurado aumento de precios, dando cuenta de la existencia de un plan concertado de maniobras de agio y especulación, destinadas a deteriorar la capacidad de compra de la población y generar descontento.

Es la primera vez que la confederación me ha puesto el cuchillo en la barriga, pero con verdad y justicia. Todo el problema incide, especialmente, en la especulación en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Podríamos decir que en este momento el productor recibe más o menos dos pesos por kilogramo vivo y el carnicero minorista llega a vender el kilogramo de carne hasta a veinte pesos. De manera que el que hace llegar el novillo cobra dos pesos, es decir que hay dieciocho pesos en el medio. ¿Quién es el que gana esos dieciocho pesos? Ahí está el cáncer en esa intermediación que no tiene límite. Para solucionar este problema, vamos a declararnos, tanto el gobierno como la comisión consultiva económica  y la comisión de precios y salarios en sesión permanente hasta que solucionemos el problema. Vamos a declarar que cada comprador debe ser un inspector del gobierno para mandar preso al comerciante que no cumpla con los precios que ha comprometido con nosotros. Y de los sectores que incidan en el no abastecimiento, de esos me encargo yo, porque ya he dicho que aunque sea voy a carnear en la Avenida General Paz y voy a repartir carne gratis si es necesario”

El 4 de abril Perón se reunió con el gabinete económico donde se decidieron medidas tales como: se racionalizó la venta de algunos productos, se obligó a los almaceneros a vender harina de trigo, se fijaron precios máximos para la carne y otros productos de primera necesidad y se instauró un férreo control contra las maniobras especulativas procediendo a la clausura de algunos comercios.

Establecido el curso de acción, el 8 de abril el Presidente habló por radio dirigiéndose al pueblo argentino, en cuyo discurso expresó:

“El gobierno se encuentra frente a un plan de acción que no es nuevo entre nosotros. Desde que estamos en el gobierno venimos enfrentando todos los años acciones que responden a un plan de ejecución opositora, tanto de las fuerzas internas como de las fuerzas foráneas. Pero me resulta sugestivo el hecho que en la ocasión coincida en el tiempo y en el espacio una acción concentrada en medidas adversas a la acción del gobierno. El gobierno no puede resolver solo este problema; ni el de los ladrones ni el de los coimeros. El de los ladrones, porque si hay tontos que se dejan robar, yo no puede tener policías para cuidar a millones de estúpidos que no saben comprar y se dejan robar. Y segundo, porque si en la administración pública hay coimeros y no hay hombres decentes que sepan denunciarlos y hacerse responsables de la denuncia que hacen, ellos son los culpables de la existencia de los coimeros. Y a los señores que se encargan de repartir rumores, sean éstos enemigos del gobierno o partidarios del gobierno, que se cuiden mucho. Hace diez años que vengo poniendo el pecho a los enemigos de adentro y a los enemigos de afuera, y lo he de poner mientras tenga un hálito de vida, aunque no me acompañe nadie, porque sé que cumplo con mi deber. Se ha ordenado una investigación para establecer la responsabilidad de cada uno de los funcionarios, empezando por mí. Nadie será perdonado”

Ante estas expresiones, el 8 de abril, la CGT convocó a un paro general y a una movilización en apoyo al Presidente de la Nación a realizarse el 15 de abril en Plaza de Mayo. En aquella oportunidad, ante la multitud, Perón dijo:

“Yo no soy de los hombres que se desalientan a pesar de la legión de malintencionados y bienintencionados que golpean sobre mi espíritu y mi sistema nervioso. Yo no soy de los hombres que se desalientan desfilando, como lo hacen, entre una legión de aduladores y una legión de alcahuetes. Si esto pudiera desalentarme, si mediante esto pudiera algún día perder la fe inquebrantable que tengo en mi pueblo, habría dejado de ser Juan Perón”  

A poco de comenzado el discurso se escuchó una fuerte explosión en las cercanías de la Plaza. Ante esta situación Perón continúa diciendo:

“Compañeros, estos son los mismos que hacen circular los rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba”

Un rato después se escuchó otra explosión, dando lugar a corridas y escenas de pánico, mientras Perón continuaba diciendo:

“Compañeros, podrán tirar muchas bombas y hacer correr muchos rumores pero, lo que nos interesa a nosotros es que no se salgan con la suya. Hemos de individualizar a cada uno de los culpables de estos actos y les hemos de ir aplicando las sanciones que correspondan”          

Esa misma noche, grupos de manifestantes enardecidos, asaltan la Casa del Pueblo (sede del Partido Socialista), el local central de la Unión Cívica Radical y el del Partido Demócrata Nacional, procediendo a incendiar sus edificios. Otro tanto ocurrió con la sede del Jockey Club, tradicional reducto de la oligarquía porteña.

La valiosa Biblioteca de la Casa del Pueblo y del Jockey Club y la colección de cuadros existentes en éste último, quedaron reducidos a cenizas, causando que la clase media alta y alta se horrorizaran. Quedaba claro que el peronismo había caído en la trampa de la provocación, y en la memoria de muchos argentinos quedó aquella imagen vandálica ligada directamente a este sector político, argumento utilizado una y otra vez por la oposición para batir el parche. Todos recordaron aquellas pérdidas materiales y pocos se ocuparon en destacar las víctimas humanas causadas por la barbarie de los atentados.

Aquellos dos atentados explosivos, una bomba colocada en un bar de la calle Hipólito Yrigoyen y la otra en la estación del subterráneo, dejaron el saldo de cinco muertos y más de un centenar de heridos. En la irracionalidad del hecho se hace evidente el profundo encono que despierta, no ya el gobierno sino la irrupción popular, en ciertos sectores opositores. Las bombas no fueron colocadas para atentar contra Perón o contra algún funcionario del gobierno; quisieron “escarmentar” directamente a los “peronistas” a los “cabecitas negras”.

El 1º de mayo en el acto celebrado en la Plaza de Mayo, en su discurso Perón aludió al tema diciendo:

“Hace apenas quince días, la sangre de cinco compañeros fue vertida en esta plaza por la mano traidora de la reacción. No actúen ustedes en forma colectiva, porque eso les da lugar a decir que vivimos en el más absoluto desorden y que aquí no hay gobierno”

Los hechos de abril golpearon al gobierno, y Perón procuró sacudir de su movimiento la tendencia a la abulia y la inmovilidad. En la medida en que no se produjo la organización necesaria para una profunda renovación de las prácticas políticas. La revolución tiende a paralizarse y a caer en los viejos y conocidos vicios de camarillas y corruptelas.

Con esa certidumbre Perón emprendió, de ahí en más, un renovado esfuerzo por hacerse comprender y propulsar la organización revolucionaria de todos los sectores del movimiento. El 13 de mayo de 1953, se dirige a un grupo de delegados sindicales de la industria del vestido diciendo:

“Yo creo, y soy un convencido de ello, que no se puede practicar una democracia en ningún país del mundo, sin una organización popular. Si la democracia es el gobierno del pueblo, ¿cómo puede ejercerse desde el pueblo si no existe una organización  que la haga real y efectiva? ¿ustedes creen que los gobiernos de la oligarquía podían ser considerados gobiernos democráticos? ¿a quiénes representan ellos? a un pequeño sector de privilegiados dentro de la comunidad argentina. ¿Cómo va a hacer eso un gobierno democrático, un gobierno popular? El gobierno popular es el que surge del pueblo. Y esto solamente puede alcanzarse dentro de una organización popular que imponga el gobierno y que imponga al gobierno que es lo que tiene que hacer. Esa es la democracia como  la entiendo yo; y no una democracia falsificada, como la que vemos en todas partes. Sólo con esa organización integral del pueblo se va a tener realidad democrática con que muchos pueblos sueñan en el mundo. Claro que para alcanzar esto tenemos que luchar contra las oligarquías, y las oligarquías no se entregan, están agonizando pero todavía ¨patean¨. Lo único que vence a esto en forma aplastante y en forma, diríamos, irreversible, es la organización. Por eso he insistido tanto en la necesidad de la organización del pueblo. Solamente es dueño de su destino un pueblo organizado. Los pueblos que no se organizan no serán jamás dueños de sus destinos; serán instrumentos de los organizados. Los pueblos tienen una de estas dos características: organizados, son dueños de su destino; desorganizados, son instrumentos de los organizados, generalmente pequeños núcleos que cargan la parte del león en el reparto de los beneficios del trabajo de la comunidad. Esa es la realidad absoluta. El sistema capitalista no es nada más que mantener pueblos desorganizados para poderlos explotar. Nuestro sistema quiere un pueblo organizado, para que no pueda entrar de nuevo la explotación. Solamente mediante una solidaridad absoluta entre nosotros podemos llegar a constituir una comunidad justa. Las comunidades no son justas mientras no sean solidarias, porque nadie brinda la justicia en forma gratuita”

Poco después, desde la revista “Mundo Peronista” que editaba la Escuela Superior Peronista, se impulsó una campaña de autocrítica y depuración del Movimiento, que tuvo las características de una “revolución cultural”, donde expresaba: “Si cada funcionario público hubiese cumplido leal y honestamente con su deber, poniendo por encima de su comodidad personal los superiores intereses de la patria, jamás habría sido posible que la antipatria formase aquí un clima artificial de desasosiego y un ambiente propicio para que los malos comerciantes robasen al pueblo”.

Y continuaba el artículo: “De nada sirve que usted grite su peronismo todo el día, si usted es un ladrón o un coimero, o un perro con la gente, o si se escuda en su peronismo para llegar tarde o para salir más temprano, con el cuento o con el pretexto de que tiene que ir a la unidad básica”

Sin embargo la prédica de Perón cayó en el vacío y el movimiento no salió de su atonía. Ante esa sensación de parálisis, la oposición fue ganando terreno al polarizar las opiniones y aglutinar enemigos de la causa nacional.

El 1º de mayo de 1954, al inaugurar el período de sesiones en el Honorable Congreso de la Nación, Perón retomó su prédica llegando a explicar punto por punto el camino a seguir en la tarea organizativa. Fue un máximo esfuerzo por hacer comprender sus concepciones estratégicas que, invariablemente, fueron desoídas. Dijo en la oportunidad:

“Ya en aquellos momentos iniciales de 1943 advertimos que un pueblo organizado con la plenitud de su conciencia social, un pueblo que tuviese un cuerpo y un alma, vale decir: una personalidad definida, podría tomar aquellas banderas y perpetuar así en el tiempo nuestros levantados ideales de justicia, de libertad y de soberanía. Desde entonces nuestra consigna de gobierno fue siempre la misma ¨es necesario organizarse¨, ¨se impone organizarse¨ ¨el imperativo de la hora es organizarse¨. Para cumplir la misión asumida en 1946, y perpetuar nuestros ideales, era necesario llevar a cabo dos tareas indispensables: 1º conformar una doctrina nacional sobre la base de nuestras banderas; 2º organizar todos los sectores del pueblo para completar nuestros fines entregándole al pueblo organizado aquella doctrina y las realidades logradas bajo sus signos de justicia, de libertad y de soberanía

La historia no recuerda que jamás haya triunfado lo inorgánico y lo anárquico ante la fuerza invencible de las organizaciones, siempre que éstas hayan tenido un alma, vale decir, una doctrina que cumplir o realizar.

No deseo terminar la primera parte de este mensaje sin dejar establecidas algunas normas que juzgo conveniente y necesario establecer para nuestra acción futura, solidaria y común:

1º Es necesario y urgente que las organizaciones del pueblo, sociales, económicas, políticas y culturales, se desarrollen y consoliden en toda la nación siguiendo, en lo posible, el sistema de nuestra organización política federal.

2º El gobierno anhela que las organizaciones del pueblo actúen libremente. No les imponemos más que la condición legal de que concurran a afianzar, en el orden interno y en el orden internacional, la justicia social, la independencia económica y la soberanía política de nuestro pueblo.

3º Resulta imprescindible, por lo tanto, que todas las organizaciones del pueblo conozcan y comprendan los principios fundamentales de la Doctrina Nacional. Ella les dará unidad de concepción para realizar sus fines con unidad de acción y les facilitará la convivencia solidaria con las demás organizaciones del pueblo.

4º Las instituciones sociales, económicas, políticas y culturales de la Nación no deben olvidar  que ellas personifican al pueblo. Son el cuerpo del pueblo argentino, vivificado por el espíritu de la Doctrina Nacional. Estas condiciones establecidas por la experiencia universal en todas las organizaciones que han cumplido eficientemente las finalidades que inspiraron su creación.

5º Es necesario coordinar las funciones que cumplen las organizaciones del pueblo. Esta tarea de coordinación debe ser llevada a cabo por las mismas organizaciones del pueblo conducidas por el gobierno. Deberán armonizar para ello sus funciones sociales, económicas, políticas o culturales. Deben tener en cuenta que una organización del pueblo sólo es ¨preponderantemente¨ social, o económica, o política, o cultural.

6º Señalo también como absolutamente necesario acordar las acciones de las organizaciones del pueblo con las que deben cumplir concomitantemente, y según sus propias responsabilidades los organismos de conducción y de ejecución del Gobierno y del Estado”

Desde el otoño de 1954 comenzó lo que la historia dio en llamar “El conflicto con la Iglesia”. Al conflicto lo desató un grupo de integrantes del Episcopado que tenían una manifiesta animadversión para con todo aquello que fuera peronista pues, es obvio que el movimiento peronista es “profundamente cristiano y profundamente humanista” como reza su doctrina política parte integrante de la Iglesia Católica Apostólica Romana en cuya Doctrina Social se funda la ideología.

Es cierto que Perón no ahorró malos calificativos para quienes, escudándose en sus investiduras, utilizaban el púlpito como verdaderas barricadas de campaña política contra el gobierno, incitando a los fieles a la revolución y al desorden evidenciando que, desde 1943, el nacionalismo católico había mercado su influencia en la educación y, en septiembre de 1944, Perón acusó a la Acción Católica Argentina de inmiscuirse en la vida política del país; sumado a que la Juventud Obrera Católica que sostenía principios tales como: “Primer hecho: la clase obrera es anticapitalista. Segundo hecho: la clase obrera está persuadida que la Iglesia es aliada del capitalismo. Consecuencia: la clase obrera está contra la Iglesia y tenemos un anticlericalismo de clase”. Hablaba de clase obrera como concepto genérico, no de un trabajador en especial ya que todo trabajador tenía la libertad de decidir lo que pensaba. Hablaba de la Iglesia como institución nacional, sin hacer la mínima referencia al Vaticano y, por supuesto, en ningún momento a Cristo. Ese grupo de jóvenes cobró una fuerza inusitada con el advenimiento del gobierno peronista.

Fue ese uno de los elementos preponderantes para generar un clima hostil, pues la Iglesia quedó relegada a una función de caridad y justicia frente a un pequeño grupo sin importancia ni gravitación económica. El 11 de noviembre de 1954 se tornó evidente la ruptura entre el gobierno y la Iglesia, que persistía en su decisión de apoyo a la oligarquía.

El 9 de junio de 1955 se celebraba el Corpus Christi, pero postergaron la procesión para el sábado 11 sin requerir autorización a autoridad alguna. Se reunieron en la Plaza de Mayo, donde los arengó el Cura Tato, luego marcharon por la avenida de Mayo hacia el Congreso con intención de incendiarlo en razón de las leyes que se habían votado allí: igualdad de derechos para los hijos considerados naturales o adulterinos y  la posibilidad de divorcio. Los manifestantes llegaron al Congreso, enarbolaron en sus mástiles banderas del Vaticano, se dispusieron a abrir las puertas con palancas de hierro que habían llevado al efecto y, al no poder, arrancaron las placas. Terminado el desorden con la destrucción de vidrios y algunos destrozos en el exterior del Palacio, se  retiraron provocando desorden, rompiendo vidrieras y vehículos estacionados.

Esa manifestación había sido un acto preparatorio para intentar asesinar al Presidente de la Nación cuatro días más tarde. El 16 de junio a las 12.20 hs un avión de la marina que volaba a 500 metros porque “no había techo”, al llegar sobre Paseo Colón e Hipólito Yrigoyen giró levemente y dejó caer una carga de bombas. Abajo, una multitud que esperaba transportes para viajar comenzó a sangrar por los brazos arrancados, los vientres hundidos y sus bocas cerradas sin lograr siquiera emitir una queja. Dos tranvías repletos de pasajeros y un ómnibus saltaron hechos pedazos. Entrada la noche de esa luctuosa jornada se produjo el incendio de varios templos porteños y en el gran Buenos Aires: Santo Domingo, San Francisco, San Ignacio y otras Iglesias, y la Curia Eclesiástica frente a la Plaza de Mayo. Ninguna de las comisiones formadas después de septiembre de 1955, pudo demostrar a quién o quiénes correspondió la responsabilidad de esos hechos. De todas maneras los acontecimientos produjeron indignación y rechazo en un vasto sector de la población, actuando con un sensible desgaste que deterioró fuertemente al gobierno.  

Desde las 11.00 hs de aquella mañana, Perón se había trasladado al Ministerio de Ejército alertado de cómo iba a operar el complot pergeñado para asesinarlo mientras estuviera en su despacho de la Casa Rosada. La llamada “operación complot” debería ser iniciada por la aviación naval a las 7 de la mañana, abriendo camino a la infantería de marina que comandaba Toranzo Calderón, previamente concentrada en Martín García. La misión de esa tropa era: tomar por asalto la Casa Rosada y asesinar al Presidente de la Nación.  

Los factores climáticos y la torpeza golpiza habían sido benévolos con Perón pero no con el pueblo. A eso de las dos de la tarde millares de personas se concentraron en las inmediaciones de la Plaza de Mayo, ocupando las recovas de Leandro N. Alem para defender al gobierno democrático. Fue a los primeros que atacaron los infantes de marina que habían comenzado a marchar sobre la Casa Rosada. A esos de las tres de la tarde una columna, encabezada por una mujer, irrumpió por Bartolomé Mitre e inmediatamente fueron recibidos por ráfagas de ametralladoras y fusiles, hiriendo de muerte a la mayoría de aquellos manifestantes. A las cinco y media de la tarde, una escuadrilla de aviones que venía del río, descargó sus bombas sobre la Casa Rosada y la Plaza de Mayo, dejando un saldo sangriento de transeúntes y manifestantes. A las 17.30 pasó el último avión que ametralló la Plaza de Mayo y continuó rumbo a Uruguay, en él se fugó el Dr. Miguel Ángel Zabala Ortiz. En la plaza y cercanías habían quedado centenares de muertos y millares de heridos. Mientras el contraalmirante Olivieri y el comandante Toranzo Calderón se entregaban detenidos por ser los cabecillas de la intentona, el vicealmirante Gargiullo se suicidó.

La política que se siguió se caracterizó por el ofrecimiento de una tregua que permitiese al país encausarse en la convivencia. Durante algunas semanas se vivió un clima de reencuentro, aunque se había formado dentro de las fuerzas armadas un movimiento, con la colaboración de civiles, que rechazaba de plano todas las propuestas peronistas; la exaltación histérica de la oligarquía con su brazo armado, la marina, estaban decididos a terminar con Perón a como diera lugar, sin prever consecuencias.  Como contrapartida los trabajadores, conocedores de la gravedad de la situación, le hicieron llegar al Presidente el ofrecimiento de sus seis millones de afiliados para constituir milicias y así defender las instituciones que determina la Constitución Nacional.

Al promediar la mañana del 16 de septiembre el gobierno se informó que el general Lonardi (retirado desde 1952) contaba con el apoyo nacionalista católico. Por otro lado Pedro Eugenio Aramburu, en complicidad con los coroneles Señorans, Ossorio Arana y Guevara habían avanzado en sus planes. En la marina se movían los capitanes Rial, Palma y Molnari. Lonardi y Osorio se encontraban en Córdoba al frente de la sublevación de la Escuela de Tropas Aerotransportadas y la Escuela de Artillería. En el noroeste algunos cuarteles habían caído en manos rebeldes. El santo y seña de los golpistas era “Dios es justo”. La Base Naval Comandante Espora tenía resuelto bombardear la Casa Rosada. Lonardi en Córdoba y Rojas en Río Santiago se constituyeron en las cabezas más visibles de la conjura contra el gobierno peronista. La escuadra sublevada amenazó con bombardear Buenos Aires y la destilería en La Plata.

Aquella mañana se iniciaron las acciones. Lonardi pudo tomar la Escuela de Artillería en Córdoba y luego marchó sobre la Escuela de Infantería, concretando así su primer objetivo. Al mismo tiempo se alzaban Curuzú Cuatiá, Río Santiago y Puerto Belgrano, mientras la Escuadra de Mar se dirigía al Río de la Plata. La Infantería de Marina pudo tomar Bahía Blanca, pero en Curuú Cuatiá la rebelión fracasó y Aramburu debió dispersar sus fuerzas. En Río Santiago el almirante Rojas embarcó en el crucero “17 de octubre” y asumió el comando de las fuerzas navales rebeldes. El 18 la Escuadra de Mar llegó al Pontón Escalada; Rojas lanzó desde allí un ultimátum al gobierno: exigía la renuncia de Perón, so pena de bombardear Buenos Aires y la destilería de petróleo de La Plata y, el 19 de septiembre, ordenó el bombardeo de la destilería de Mar del Plata, que realizó el “crucero 9 de Julio”.

Esa noticia llegó hasta el gobierno el 19 de septiembre por la noche, fue tal vez el factor desencadenante que llevó a Perón a desistir de continuar en la Presidencia de la Nación.

Muchos aconsejaban abrir los arsenales y entregar armas y municiones a los obreros que, por otro lado, estaban ansiosos de empuñarlas; pero eso hubiera representado una masacre y probablemente la destrucción de medio Buenos Aires, con los consabidos resultados de pérdidas de vidas humanas tal cual ocurriera en la Guerra Civil Española en 1939, que Perón siempre recordaba por haber conocido puntillosamente aquellos hechos.

Aquel mismo 19 de septiembre envió una nota a las fuerzas armadas diciendo:

“El Ejército puede hacerse cargo de la situación, el orden y el gobierno, para construir la pasificación de los argentinos antes que sea demasiado tarde, empleando para ello la forma más adecuada y ecuánime. Creo que ello se impone para defender los intereses superiores de la nación. Estoy persuadido que el pueblo y el ejército aplastarían el levantamiento, pero el precio será demasiado cruento, perjudicial para sus intereses permanentes. Ante la amenaza de bombardeos a los bienes inestimables de la Nación, y sus poblaciones inocentes creo que nadie puede dejar de deponer otros intereses o pasiones”

Lo curioso fue que el jefe de la revolución no se creía triunfante; el 20 le dijo a Lago que llegó desde Cuyo: “… sólo poseo el terreno que piso. Mañana se reanudará el ataque a Córdoba y tengo muy pocas posibilidades de éxito, pero estoy resuelto a luchar hasta morir”     

A las dos de la madrugada del día 20 pidió a Renzi, su chofer, que le preparara un equipaje mínimo para abandonar la residencia. A las ocho de la mañana se dirigió rumbo a la Embajada de Paraguay donde poco después y, por razones de seguridad, su Embajador Juan Chávez lo condujo hasta la cañonera “Paraguay” amarrada en Puerto Nuevo.

Ya en el exilio, años después, Perón aludió a las debilidades internas del  movimiento diciendo:

“Nuestros enemigos no nos han derrotado; sino que hemos caído víctimas de nuestras debilidades internas. O, con mayor rigor, de nuestras defecciones, de nuestro aburguesamiento. Un movimiento político cuyos dirigentes no estén dotados de una profunda moral, que no estén persuadidos que esta es una función de sacrificio y no una ganga, que no estén armados de probada abnegación, que no sean hombres humildes y trabajadores, ese movimiento está destinado a morir, a corto o largo plazo, tan pronto trascienda que los hombres que lo conducen y dirigen no tienen condiciones suficientes para hacerlo. Muchas veces he dicho que los pescados y las instituciones se descomponen por la cabeza. Por otra parte, en el área popular, los altos standar de vida, la plena ocupación, el acceso fácil y remunerativo a los puestos de trabajo, una justicia distributiva aplicada a rajatabla, creó un clima de enervamiento que era el menos indicado para resistir a la insidia, a la calumnia, al ataque frontal que se llevó contra las posiciones conquistadas. En los equipos dirigentes, amén del desgaste propio del ejercicio del poder, defeccionó el espíritu de lucha, en tanto la corrupción burocrática, el descreimiento, la desidia, ganaban terreno hasta pudrir nuestros mejores elementos y volver aleatoria las intenciones mejor inspiradas”

Al referirse a lo que consideraba una verdadera democracia, también desde el exilio dijo:

“Lo más frecuente es que se considere libre y democrático a un gobierno elegido libremente por un pueblo.

Este es un concepto limitado de la democracia y de la libertad, porque si ese pueblo no es libre no podrá jamás elegir libremente a sus gobernantes.

La libertad del sufragio o la libertad electoral no es, por sí sola, la libertad política de un pueblo.

Un pueblo sometido a la explotación del capitalismo, como estuvo el nuestro hasta 1943, no elegía el gobierno que deseaba, que no podía ser otro que el gobierno de su liberación. Cuando no era engañado mediante el fraude, no tenía otro remedio que limitar su decisión entre un abogado de un imperialismo explotador y el abogado de otro imperialismo.

La libertad electoral de aquella “democracia” se parecía exactamente a la libertad del condenado a muerte, a quien se le concede elegir el árbol desde cuyas ramas prefiere balancearse entre la vida y la eternidad.

El gobierno libremente elegido sólo lo es por un pueblo libre de todo sometimiento extraño a su voluntad. No puede existir libertad electoral –que es la primera libertad política– en un pueblo que no sea socialmente justo y económicamente libre.

La segunda condición de una verdadera democracia es la de que el gobierno sea ejercido “con el pueblo” y la tercera que sea gobierno para el pueblo.

No se gobierna para el pueblo si no se gobierna con el pueblo.

Para gobernar con el pueblo se necesita esto que nosotros poseemos en un principio: una comunidad organizada.

Es cierto que resulta, sin duda alguna, mucho más difícil gobernar con el pueblo porque entonces el gobierno debe hacer con justicia “lo que el pueblo quiere” y no puede servir otro interés que el del pueblo.

Esto es difícil cuando se considera que la política es un fin que se pone al servicio de los gobernantes, o los hombres de gobierno viven y gobiernan de espaldas a sus pueblos.

Pero es fácil cuando se concibe y se realiza la política como un medio cuyos supremos objetivos están en la felicidad y en la grandeza del pueblo y de la Patria.

Esta ha sido no sólo una de las veinte verdades de nuestra doctrina. Por sobre la concepción hemos pensado siempre que debíamos ofrecer  a nuestro pueblo la verdad de nuestras realizaciones. Nunca hemos hecho de la política una finalidad, vale decir “una profesión”, sino un medio, un instrumento, para seguir adelante con el afán de cumplir nuestros mandatos supremos en beneficio de la Patria”.

Cundo dejó la Residencia Presidencial Perón se dirigió hasta la calle Viamonte 1851, donde tenía su asiento la Embajada Paraguaya. Allí fue atendido por el Dr. Rubén Stanley, primer secretario, luego se hizo presente el Embajador Juan R. Chávez quien lo invitó a permanecer en su domicilio particular. Allí se dirigieron en el barrio de Belgrano, calle Virrey Loreto Nº 2472 donde se encontró con el Dr. Cavagna Martínez y su esposa Dolly, y el capitán de navío Enrique Noguera Islera, que estaba a cargo de las Comisiones binacionales encargadas de estrechar la amistad argentino – paraguaya. Fue precisamente Noguera quien sugirió el traslado de Perón a la cañonera Paraguaya por ser un lugar mucho más seguro al ser considerado territorio paraguayo, de difícil acceso por estar en el Río de la Plata amarrada a una dársena de Puerto Nuevo, desde donde se podía controlar cualquier movimiento sospechoso y, si bien estaba en reparación, éstas no eran de importancia contando con su dotación completa sin  impedimento de desplazamiento.

En la cañonera  el capitán le cedió su camarote. Ese mismo 20 de septiembre el Embajador Chavez concurrió al Ministerio del Ejército para informar que el Presidente general Juan Domingo Perón había recibido asilo político de su país, el que fue reconocido recién el 23 en circunstancias de asumir Lonardi a cargo del gobierno de facto.

El 3 de octubre a las 11.40 hs abordó el hidroavión “Catalina PBY–T 29” acompañado por el Embajador Chávez, el agregado militar general Demetrio Cardozo, el capitán de navío Horacio Barbita, el mayor Cialceta (también asilado político). A las 17.45 la máquina aterrizó en el aeródromo militar de Nu Guazú (Campo Grande) en Asunción, ya en esa capital se alojó en la casa del comerciante argentino Ricardo Gayol.

Concluidos los agradecimientos y saludos protocolares, el 5 de octubre Perón concedió una entrevista a la agencia de noticias United Press, cuyo servicio central en Nueva York transmitió el texto íntegro, cuyo contenido textual a continuación se transcribe:

Pregunta: ¿Puede, el señor general, dar una información sobre los sucesos político – militares argentinos, que culminaron con su renuncia a la presidencia de la Nación?

Respuesta: Estallada la Revolución, el día 18 de septiembre la escuadra sublevada amenazaba con el bombardeo de la ciudad de Buenos Aires y de la destilería “Eva Perón”, después del bombardeo de la ciudad balnearia de Mar del Plata. Lo primero, de una monstruosidad semejante a la masacre de la Alianza; lo segundo, la destrucción de diez años de trabajo y la pérdida de cientos de millones de dólares. Con ese motivo, llamé al Ministro de Ejército, general Lucero, y le dije: “Estos bárbaros no sentirán escrúpulos en hacerlo, yo no deseo ser causa para un salvajismo semejante”. Inmediatamente me senté al escritorio y redacté la nota que es de conocimiento público y en la que sugería la necesidad de evitar la masacre de gente indefensa e inocente, y el desastre de la destrucción, ofreciendo, si era necesario, mi retiro del gobierno. Inmediatamente la remití al general Lucero quien la leyó por radio, como Comandante en Jefe de las fuerzas de represión, y la entregó a la publicidad. El día 19, de acuerdo con el contenido de la nota, el Ministro Lucero formó una junta de generales, encargándole discutir con los jefes rebeldes la forma de evitar un desastre. Esta junta de generales se reunió el mismo día 19 e interpretó que mi nota era una renuncia. Al enterarme de semejante cosa llamé a la residencia de los generales y les aclaré que tal nota no era una renuncia sino un ofrecimiento que ellos podrían usar en las tratativas. Les aclaré que si fuera renuncia estaría dirigida al Congreso de la Nación y no al Ejército ni al pueblo, como así mismo, que el presidente constitucional lo era hasta tanto el Congreso no le aceptara la renuncia. La misión de la junta era sólo negociadora. Tratándose de un problema de fuerza, ninguno mejor que ellos para considerarlo, ya que, si se tratara de uno de opinión, lo resolvería yo en cinco minutos. Llegados los generales al Comando de Ejército según he sabido después, tuvieron una reunión tumultuosa en la que la opinión de los débiles fue dominada por quienes ya habían defeccionado. Esa misma madrugada, del 20 de septiembre, fue llamado mi Ayudante, Mayor Gustavo Renner, al comando, y allí el General Manni le comunicó en nombre de los demás que la junta había aceptado la renuncia (que no había presentado) y que debía abandonar el país en ese momento. En otras palabras, los generales se habían pasado a los rebeldes y me imponían el destierro.

P: ¿A qué causa atribuye el estallido revolucionario?  ¿Cree usted que influyó para ello el conflicto con la Iglesia? ¿Y el contrato sobre la explotación petrolífera?

R: Las causas son solamente políticas. El móvil, la reacción oligarco-clerical para entronizar al “conservadorismo” caduco. El medio, la fuerza movida por la ambición y el dinero. El contrato petrolífero, un pretexto de los que trabajan de ultranacionalistas “sui generis”.

P: ¿Estaba el gobierno del señor general en antecedente de la conspiración dirigida por el general Lonardi y otros jefes militares? ¿Es exacto, que la marina de guerra, prácticamente, estuvo en actitud de rebeldía desde el 16 de junio último?

R: El gobierno estaba en antecedentes desde hace 3 años. El 23 de septiembre de 1951 y el 16 de junio de 1955 fueron dos brotes abortados. No quise aceptar fusilamientos y esto les envalentonó. Si la marina fue rebelde desde el 16 de junio, lo supo disimular muy bien, pues nada lo hacía entender así.

P: El señor general en su carta renuncia del 19 de septiembre, decía que quería evitar pérdidas inestimables para la nación. ¿Con las fuerzas leales a su gobierno, podría haber prolongado la lucha? ¿Con probabilidades de éxito?

R: Las probabilidades de éxito eran absolutas, pero para ello, hubiera sido necesario prolongar la lucha, matar mucha gente y destruir lo que tanto nos costó crear. Bastaría pensar lo que hubiera ocurrido si hubiéramos entregado las armas de nuestros arsenales a los obreros que estaban decididos a empuñarlas. Siempre evité el derramamiento de sangre por considerar este hecho como un salvajismo inútil y estéril entre hermanos. Los que llegan con sangre con sangre caen. Su victoria tiene siempre el sello imborrable de la ignominia, por eso los pueblos, tarde o temprano, terminan por abominarlos.

P: Se ha publicado que la Alianza Nacionalista constituía una especie de fuerza de choque. ¿Qué hay de cierto en esto?

R: La Alianza Nacionalista era un partido político como los demás, combativo y audaz; compuesto por hombres jóvenes, patriotas y decididos. Eso era todo. El odio hacia esa agrupación política no difiere del odio que esta gente ha demostrado por los demás. El espíritu criminal, cuando existe voluntad criminal, es más bien cuestión de ocasión para manifestarse. Por eso la masacre de la Alianza es producto de un estado de ánimo y de una ocasión.

P: ¿Exactamente a las 8 del martes 20 buscó usted refugio en la embajada de Paraguay? ¿Es verdad que el señor general pasó la noche anterior y la madrugada del 20 en la residencia presidencial?

R: Es exacto.

P: ¿Considera usted que en la actual situación política argentina el partido peronista podrá desarrollar sus actividades? ¿Cree usted que la CGT mantendrá su anterior estructura y organización? ¿Qué opina el señor general de la orientación futura de los sindicatos obreros?

R: El partido peronista tiene a todos sus dirigentes presos, perseguidos o exilados. En esta forma está proscripto. La masa sigue firme y difícilmente podrá nadie conmoverla.

P: ¿Qué planes tiene usted para el futuro? ¿Es verdad que proyecta ir a Europa, y radicarse temporalmente en España, Italia o Suiza? Si es así ¿cuándo proyecta viajar a Europa?

R: permaneceré en el Paraguay, primero, porque amo profundamente a este pueblo humilde pero digno, compuesto de hombres libres y leales hasta el sacrificio. Segundo, porque entre mis honores insignes tengo el de ser ciudadano y General del Paraguay, y el tercero, porque me gusta. A Europa no pienso ir porque no es necesario y porque no tengo dinero suficiente para hacer el turista en estos momentos, a pesar de la riqueza que me atribuyen mis detractores ocasionales.

P: Lógicamente hay gran expectativas sobre sus futuras actividades, señor general. ¿Piensa usted permanecer al frente de la jefatura del partido peronista?

R: Dicen que un día que el diablo andaba por la calle se descargó una tremenda tormenta. No encontrando nada abierto para guarecerse, se metió en la iglesia que tenía su puerta entornada y, dicen también, que mientras el diablo estuvo en la iglesia se portó bien. Yo haré como el diablo, mientras esté en Paraguay honraré su noble hospitalidad. Si algún día se me ocurriera volver a la política me iría a mi país y allí actuaría. Hacer desde aquí lo que no soy capaz de hacer allí no es noble y no es peronista. El partido peronista tiene grandes dirigentes y una juventud pujante y emprendedora ya sea entre sus hombres y entre sus mujeres. Han “desensillado hasta que aclare”. Tengo profunda fe en su destino y deseo que ellos actúen. Ya tienen mayoría de edad. Les dejé una doctrina, una mística y una organización. Ellos la emplearán a su hora. Hoy imperan la dictadura y la fuerza. No es nuestra hora. Cuando llegue la contienda de opinión, la fuerza bruta habrá muerto y allí será la ocasión de jugar la partida política. Si se nos niega el derecho de intervenir habrían perdido la batalla definitivamente. Si actuamos, ganaremos como siempre: por el 70 % de los votos.

P: El gobierno provisional argentino ha hecho declaraciones diciendo que implantará un régimen de libertad y democracia. ¿Cree usted que todos los partidos políticos, inclusive el peronista, podrán actuar libremente?

R: la libertad y la democracia basada en los cañones y en las bombas no me ilusionan, lo mismo que las declaraciones del gobierno provisional. Yo ya conozco demasiado de estos gobiernos que no basan su poder en las urnas sino en las armas. La persecución despiadada y la difamación sistemáticas no abren buenas perspectivas a una pasificación. De modo que creo lo peor. Dos quiera que me equivoque. Ello sólo sería, si esta gente cambiara diametralmente, lo que dudo suceda.

P: Cualquier otra manifestación del señor general, la United Press tendrá mucho gusto en difundir en más de 5.000 diarios y estaciones radiofónicas que en todo el mundo tienen el servicio de esta agencia de noticias.

R: Por lo que hemos podido escuchar, cuanto sostiene el gobierno de facto es falso por su base. No podrán justificar su revolución ante el Pueblo. Ya en sus declaraciones comienzan por confesar ingenuamente que harán lo que nosotros hemos hecho y respetarán nuestras conquistas sociales. Si son sinceros es un reconocimiento tácito, si no lo son, peor aún.

Nosotros representamos el Gobierno Constitucional elegido en los comicios más puros de la política argentina en toda su historia. Ellos son sólo los usurpadores del poder del Pueblo. Si llamaran a elecciones libres, como las que aseguramos nosotros, las volveríamos a ganar por el 70 % de los votos. ¿Cómo entonces pueden ellos representar a la opinión pública?

Esta revolución, como la de 1930, también septembrina, representa la lucha entre la clase parasitaria y la clase productora. La oligarquía puso el dinero, los curas la prédica y un sector de las fuerzas armadas, dominada por la ambición de algunos jefes, pusieron las armas de la República. En el otro bando están los trabajadores, es decir el Pueblo que sufre y produce. Es su consecuencia una dictadura militar de corte oligarco-clerical  y ya sabemos a donde conduce esta clase de gobierno.

Que es una democracia y que enarbola banderas de libertad, sólo a gobierno uruguayo y a sus diarios y diarios alquilados puede ocurrírsele semejante barbaridad.

Si la democracia se hiciera con revoluciones para burlar la libertad soberana del Pueblo, yo sería cualquier cosa menos democrático. El tiempo dará la respuesta a los insensatos que puedan aún creerlo. Conozco a la gente ambiciosa desde hace muchos años y no he de equivocarme fácilmente en el diagnóstico.

Yo hubiera permanecido en Buenos Aires, si en mi país existiera la más mínima garantía, porque no tenga nada de que acusarme, pero, frente a hombres que el 16 de junio intentaron asesinar al Presidente de la Nación mediante el bombardeo aéreo sorpresivo sobre la Casa de Gobierno, ya que fueron capaces de masacrar a cuatrocientas personas bombardeando e incendiando el edificio de la Alianza, donde había numerosas mujeres y niños, ¿qué podemos esperar los argentinos?

En presencia de la vil calumnia que ya comienza a hacerse presente, como de costumbre, desde Montevideo, deseo aclarar el asunto de mis bienes para conocimiento extranjero, porque en mi Patria saben bien los argentinos cuáles son.

Mis bienes son bien conocidos: mi sueldo de Presidente, durante mi primer período de gobierno, lo doné a la Fundación Eva Perón. Los sueldos del segundo período los devolví al estado. Poseo una casa en Buenos Aires que pertenece a mi Señora, construida antes que yo fuera elegido por primera vez. Tengo también una quinta en el pueblo de San Vicente, que compré siendo coronel y antes de soñar siquiera que sería Presidente Constitucional de mi país. Poseo además los bienes que por la testamentaría de mi señora me corresponden, y que consisten en los derechos de autor del libro “La razón de mi vida”, traducido y publicado en numerosos idiomas en todo el mundo y un legado que Don Alberto Dodero hizo en su testamento en favor de Eva Perón. Además, los numerosos obsequios que el Pueblo y mis amigos me hicieron en cantidad que justifican mi reconocimiento sin límites. El que descubra otro bien, como ya lo he repetido antes, puede quedarse con él.

A mí no me interesó nunca el dinero ni el poder. Sólo el amor al Pueblo humilde, a quien serví con lealtad, me llevó a realizar cuanto hice. Con los bienes de mi señora, que, por derecho sucesorio me corresponden integralmente, instituí la Fundación Evita, nueva entidad destinada a dar albergue a estudiantes pobres que debían estudiar en Buenos Aires. La mayor parte de los regalos que recibí, los destiné siempre a premios para pruebas deportivas de los muchachos pobres y de los estudiantes. Me complacería si el nuevo Presidente de facto hiciera lo mismo, agregando que, en mi testamento, lego todos mis bienes a la Fundación Evita al servicio del Pueblo y de los pobres.

Durante diez años de trabajo sin descanso para el Pueblo y, si la historia pudiera repetirse, volvería a hacer lo mismo porque creo que la felicidad del pueblo bien vale el sacrificio de un ciudadano.

Mi gran honor y mi gran satisfacción son el amor del pueblo humilde y el odio de los oligarcas y capitalistas de mala ley, como también de sus secuaces y personeros que, por ambición y por dinero, se han puesto a su servicio.

Solo y a mis años, ya he aprendido el reducido valor de la demasía del dinero. Las investigaciones me tienen sin cuidado porque, si se hacen bien, probarán mi absoluta honradez, y si se hacen mal serán viles calumnias como las que se lanzan hoy sin investigar nada. Yo estoy en paz con mi conciencia y no me perturbarán las inconciencias ajenas.

No pienso seguir en la política porque nunca me interesó hacer el filibustero o el malabarista y, para ser elegido presidente constitucional no hice política alguna. Me fueron a buscar, yo no busqué serlo. Ya he hecho por mi pueblo cuanto podía hacer. Recibí una colonia y les devuelvo una patria justa, libre y soberana. Para ello hube de enfrentar la infamia en todas sus formas, desde el imperialismo abierto hasta la esclavitud disimulada.

Cuando llegué al gobierno, en mi país había gente que ganaba veinte centavos por día y los peones diez y quince pesos por mes. Se asesinaba a mansalva en los ingenios azucareros y en los yerbales con regímenes de trabajo criminales. En un país que poseía 45 millones de vacas sus habitantes morían de debilidad constitucional. Era un país de toros gordos y de peones flacos.

La previsión social era poco menos que desconocida y jubilaciones insignificantes cubrían sólo a los empleados públicos y a los oficiales de las fuerzas armadas. Instituimos las jubilaciones para todos los que trabajan, incluso a los patronos. Creamos las pensiones a la vejez y a la invalidez, desterrando del país el triste espectáculo de la miseria en medio de la abundancia.

Legalizamos la existencia de la organización sindical, declarada asociación ilícita por la justicia argentina, y promovimos la formación de la Confederación General del Trabajo con seis millones de afiliados cotizantes.

Posibilitamos la educación y la instrucción absolutamente gratuita para todos los que quisieran estudiar, sin distinción de clase, credo y religión, y sólo en ocho años construimos ocho mil escuelas de todos los tipos.

Grandes diques con sus usinas aumentaron el patrimonio del agro argentino y más de 35.000 obras públicas terminadas fue el esfuerzo solamente del primer plan quinquenal de gobierno, entre ellas el gasoducto de 1.800 kilómetros, el aeropuerto Pistarini, la refinería de petróleo Eva Perón (que querían bombardear los rebeldes a pesar de costar 400.000.000 de dólares y diez años de trabajo), la explotación carbonífera de Río Turbio y su ferrocarril, más de veinte usinas eléctricas, etc., etc.

Cuando llegué al gobierno ni los alfileres se hacían en el país. Los dejo fabricando camiones, tractores, automóviles, locomotoras, etc. Les dejo recuperado los ferrocarriles, los teléfonos, el gas, para que no los vuelvan a vender otra vez. Les dejo una marina mercante, una flota aérea, etc. ¿A qué voy a seguir? Esto lo saben mejor que yo todos los argentinos.

Ahora espero que el Pueblo sepa defender lo conquistado contra la codicia de sus falsos libertadores. Esta será una prueba de fuego para el Pueblo Argentino y deseo que la pase solo y solo sepa defender su patrimonio contra los de afuera y contra los de adentro. Yo ya tengo bastante con estos diez años de duro trabajo, sinsabores, ingratitudes y sacrificios de todo orden. El pueblo conoce a sus verdaderos enemigos. Si es tan tonto que se deja engañar y despojar, suya será la culpa y suyo será el castigo.

He dedicado mi vida al país y al pueblo. Tengo derecho a mi vejez. No deseo andar dando lástima como les sucede a algunos políticos argentinos octogenarios.

Preveo el destino de este gobierno de facto. El que llega con sangre, con sangre cae. Y esta gente no sólo ha ensangrentado sus manos, sino que terminará tiñendo con ella su conciencia.

Yo acostumbro  a perdonar a mis enemigos y los perdono. Pero la historia y el pueblo no perdonan tan fácilmente, a ellos les encomiendo la justicia que siempre llega.

Yo no me arrepiento de haber desistido de una lucha que habría ensangrentado y destruido el país. Amo demasiado al pueblo y hemos construido mucho en la patria para no pensar en ambas cosas. Sólo los parásitos son capaces de matar y destruir lo que no son capaces de crear.

Al gobierno y al pueblo paraguayo mi gratitud por una conducta que ya le conocemos los que hemos penetrado la grandeza de su dignidad humilde frente a la soberbia de la insolencia.

En nombre del Pueblo humilde de mi Patria, la Argentina, que lucha todos los días por su grandeza, presento al Pueblo Paraguayo mi desagravio por los actos insólitos presenciados durante mi asilo. Algún día el verdadero Pueblo argentino tendrá ocasión de reafirmarme.

Mientras tanto, en la Argentina, el pueblo estaba a merced del capricho del jefe uniformado de la zona, Lonardi tenía poder sólo en la capital, el caos se había adueñado del territorio nacional, persiguiendo y encarcelando peronistas. Los asaltos a sindicatos eran cotidianos. Proliferaban cortocircuitos para explicar oportunos incendios.

Para explicar que eran gente seria y organizada le encomendaron a Raúl Prebich la elaboración de un plan económico. Primero presentó un informe sobre “el desastre peronista” y luego se descolgó con su plan al que, a los pocos días, contestó Arturo Jaureche con rigor científico tituló: “El Plan Prebich: Retorno al coloniaje”

El gobierno paraguayo fue amenazado de romper las relaciones diplomáticas con Argentina, entonces informaron a Perón que debían  trasladarlo a Villarrica (distante a 150 km de Asunción), alojándose en la finca de Rigoberto Caballero.

El 1º de noviembre dos coroneles lo trasladaron nuevamente a Asunción donde  le fue informado que el gobierno de facto en la Argentina, a través del Tribunal de Honor, habían considerado la conducta de Perón como “falta gravísima” prohibiéndole el uso del grado y uniforme, y conminando al gobierno de Paraguay a que lo echara del país. En la madrugada del 2 de noviembre volvió a embarcarse en el avión con rumbo a Nicaragua.

Durante su permanencia en Asunción había recibido un telegrama de Anastasio Somoza invitándolo a concurrir a Managua, diciendo: “Si me restan dos panes para vivir el resto de mis días, uno lo reservaría para su augusta persona”. Mientras el avión presidencial paraguayo sobrevolaba sobre Brasil, recibieron una comunicación del Presidente Somoza haciendo saber que su país estaba “muy alborotado” por lo que desaconsejaba el viaje. Lo cierto es que ya estaba en vuelo y debieron aterrizar en Río de Janeiro, con el pretexto de un  desperfecto mecánico, durmió dentro del avión. Inmediatamente a lo informado por Nicaragua, Cuba y México se apresuraron a cancelar sus invitaciones

Después de aterrizajes para aprovisionamiento y simulados desperfectos del vuelo DC-4, a las cuatro de la tarde del 5 de noviembre aterrizó en el aeropuerto de Maiquetía en Caracas, allí fue recibido por el jefe de Seguridad Nacional Pedro Estrada, con quien habló en el grill del hotel Tamanaco donde le dieron la bienvenido un grupo de argentinos también exilados de la dictadura militar. Allí también habló con el Ministro del Interior Vallenilla que le presentó saludos del gobierno. Al día siguiente fue recibido en el Palacio Miraflores por el Presidente Marcos Pérez Jiménez en calidad de huésped oficial.

El domingo 6 de noviembre aterrizó en Tocumen, aeropuerto de Panamá. Lo recibieron el mayor Alfredo Alemán, Ministro de Hacienda, el profesor Rubén Darío Carlès quien había sido embajador en la Argentina, el doctor Sergio González Ruiz, también ex embajador, y su amigo Carlos Pascali, embajador de la Argentina en Panamá hasta septiembre de 1955. También pudo saludar a su compadre el periodista Fernández Domenech y tomar en brazos a su ahijada Eva Argentina. Se alojó en el hotel “El Panamá” y   algunos días después fue recibido por el Presidente Ricardo Arias en forma amigable, llegando a la convicción que podría quedarse allí un tiempo. Dos días más tarde se hospedó en el hotel Washington sito en Colón, a orillas del canal de Panamá, donde se despidió de Leo Nowak piloto paraguayo que lo había acompañado conduciendo el avión presidencial de su país por todas las vicisitudes soportadas hasta entonces.

Concluido el desorden retomó sus hábitos disponiéndose a concluir con la redacción del libro que tituló “La fuerza es el derecho de las bestias”, y atender una correspondencia en aumento que permitió organizar lo que en el futuro se llamó “La resistencia peronista”.  

Perón tenía una idea fija, casi obsesiva, de radicarse en México desde que había partido de Asunción. Aquel anhelo de vivir en el país de Benito Juárez se vio corroborado por la invitación pública de ilustres personalidades como: el ex presidente Emilio Portes Gil y el dirigente gremial Luis Morones sumados a otros dirigentes con independencia política, intelectuales y amigos. El periodista Landajo le llevó pruebas concretas con cientos de cartas ofreciéndole “casa y comida”

El 3 de diciembre se decidió y cursó una atenta nota al licenciado Rafael Fuentes, embajador de México en Panamá, donde decía:

“Excelencia: por conducto de nuestro común amigo, licenciado Agustín Barrientos Gómez, le envío un cordial saludo y el amable ruego de visar los pasaportes del ex embajador D. Carlos Pascali y el Señor Isaac Gilaberte, así como el mío propio, pues deseo viajar a su querida Patria para cumplimentar visitas de cortesía a los queridos amigos que tengo allí.

Esta atención  personal de su parte se la agradezco, rogándole quiera tener a bien aceptar mi afectuoso saludo”

La lectura de la nota provocó pánico en el embajador Fuentes que, inmediatamente, tomó licencia por enfermedad y se internó en una clínica de pacientes nerviosos. El documento se derivó a estudio de la Cancillería azteca que se expresó en coloquial sistema de ambigüedades sintetizadas en el adagio que se le atribuye a los mexicanos la constante de “bellas palabras y malas acciones”.             Pasado los años Perón comentó esta situación a quienes lo rodeaban diciendo:

“Cuando hice sondeos en las esferas federales se nos contestó con evasivas. La respuesta ambivalente era: “¿Rechazada Señor?”. “De ningún modo, no ha sido rechazada” Inmediatamente y bajando la voz agregaban ·Tampoco ha sido aprobada”.

Entonces sus interlocutores le inquirieron:

“Quizás los mexicanos estimaban la presencia de Perón como capaz de resucitar el problema religioso”

Entonces Perón rió con ganas y contestó:

“¿Cree usted que el problema religioso podían plantearlo los viejos anticlericales? ¿O los clanes masónicos que se turnan en el poder de esa República agnóstica y laica? Todavía ejercía yo la presidencia cuando las logias masónicas de México me instaban a secularizar iglesias y conventos y a confiscar, lisa y llanamente, los bienes de la Iglesia sin excluir las escuelas de primera enseñanza. ¡Claro que desoí tales incitaciones a la barbarie! ¡Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos.

Estaban más cerca de León Trotzky  que de Juan Perón”

Continuando con su estadía en Colón, Perón había establecido enlace con el doctor John William Cooke, que fuera el Diputado más joven del Congreso, que desde la cárcel le comunicaba que había logrado constituir el Comando Peronista de la Capital para enfrentar la lucha contra la dictadura gobernante. A él le hizo llegar sus directivas y en él delegó, en aquella coyuntura, su representación total siendo el único dirigente que tuvo comunicación directa e indirecta desde un primer momento dado su clara posición intransigente.

Mientras en la Argentina los partidos políticos manifestaban explícita y públicamente su apoyo al golpe militar. Por las UCR el Dr. Arturo Frondizi firmó una declaración “justificando históricamente” los hechos producidos por la llamada “revolución libertadora”, mientras que desde el socialismo saludaban “… emocionados el grande esfuerzo de liberación que acaba de realizar el pueblo argentino …”, sumado a que por los medios de información de la época circulaban las fotografías donde el presidente de facto, general Lonardi, recibía a dirigentes como: Alfredo Palacios, Américo Ghioldi, Carlos Perete y Miguel Angel Zabala Ortiz; o amenas charlas entre el almirante Rojas y el Dr. Oscar Alende en circunstancias de llevarse a cabo la llamada “Junta Consultiva” que integraban los partidos políticos que no se hallaban proscriptos.

De inmediato en el gobierno dictatorial se expresaron dos tendencias internas: por un lado estaban quienes querían sumar al pueblo peronista en general y al movimiento obrero organizado en particular y, por otro lado quienes se disponían a proscribir y perseguir todo aquello relacionado con Perón, Evita y el peronismo; éstos últimos contaban con el apoyo de los dirigentes políticos de la época. Lonardi adhería a la primer postura manifestándose, al igual que el general Justo José de Urquiza después que derrotara al brigadier general Juan Manuel de Rosas en la batalla de Caseros, con la histórica frase: “… ni vencedores ni vencidos …” Triunfó la primera postura produciendo que Lonardi debió renunciar  a la presidencia de facto el 13 de noviembre de 1955.  

Ante tales acontecimientos Perón desde el exilio se expresaba diciendo:

“La descomposición de la dictadura es notoria para todos. El caos económico que su despropósito gubernativo ha producido, se competa con la anarquía social y el desbarajuste político que sus abusos han provocado. Las persecuciones sin nombre a la ciudadanía y su acción política interesada en el fraude han llevado este campo a la disolución más absoluta en tanto las fuerzas armadas, único sostén de la dictadura, han entrado en una putrefacción indetenible. Minada la disciplina, alterados todos los valores de la jerarquía, contrapuestos al pueblo, no han de tardar de sucumbir a su propia descomposición. ¿Qué le quedará entonces a la dictadura?”          

Concluidos los 54 días en que gobernó Lonardi, asumió la presidencia de facto el general Pedro Eugenio Aramburu que, dese un primer momento, buscó la unidad monolítica de las fuerzas armadas por considerarla la herramienta más contundente para borrar al peronismo del mapa y, cumplido ese objetivo, otorgar elecciones para instalar una democracia liberal fuertemente custodiada por las fuerzas armadas. Las primeras mediadas en ese sentidos fueron: disolver el Partido Peronista, prohibir el uso de sus símbolos, inhabilitar políticamente a los miembros del Partido Peronista, disolver la CGT, liquidar la Fundación Eva Perón y creó una Comisión de Recuperación Patrimonial que debía investigar la existencia de bienes mal habidos; reincorporaron a los oficiales dados de baja en 1943.

En esos días Perón recibe la noticia, a través del alcalde de Panamá Dominador Bazán, que Aramburu había concedido un reportaje a la prensa ensuciando su imagen todo lo que le fue posible. De inmediato, desde su exilio, decidió contestarle en forma directa enviándole una carta que decía:

República de Panamá 5 de marzo de 1956

Al General Aramburu

He leído en su reportaje, que usted se ha permitido decir que soy un cobarde, porque ordené la suspensión de una lucha en la que tenía todas las posibilidades de vencer. Usted no podrá comprender jamás cuanto carácter y cuanto valor hay que tener para producir gestos semejantes. Para usted, hacer matar a los demás, en defensa de su propia persona y de las propias ambiciones, es una acción distinguida de valor.

Para mí, el valor no consiste, ni consistió nunca, en hacer matar a los otros. Esa idea sólo puede pertenecer a los egoístas y a los ignorantes como usted. Tampoco el valor está en hacer asesinar obreros inocentes e indefensos, como lo han hecho ustedes en Buenos Aires, Rosario, Avellaneda, Beriso, etc. Esa clase de valor pertenece a los asesinos y a los bandidos cuando cuentan con la impunidad. No es valor, atropellar los hogares humildes argentinos, vejando mujeres y humillando ancianos, escudados en una banda de asaltantes y sicarios asalariados, detrás de la cual ustedes esconden su propio miedo.

Si tiene dudas sobre mi valor personal, que no consiste como usted supone, en hacer que se maten los demás, el país tiene muchas fronteras: lo esperaré en cualquiera de ellas para que me demuestre que usted es más valiente que yo. Lleve sus armas, porque el valor a que me refiero sólo se demuestra frente a otro hombre y no utilizando las armas de la Patria para hacer asesinar a sus hermanos. Y sepa para siempre que el valor se demuestra personalmente y que, por ser una virtud, no puede delegarse. Hágalo, sólo así me podría probar, que no es la gallina que siempre conocí.

Si usted no lo hace y el pueblo no lo cuelga, como merece y espero, por salvaje, por bruto y por ignorante, algún día nos encontraremos: allí, le haré tragar su lengua de irresponsable.          

Juan Perón

Por otro lado, en los barcos cárceles y en las cárceles, un grupo de patriotas juramentaba gestar un movimiento revolucionario que tenía como objetivo la devolución de la soberanía al pueblo. A partir de la navidad comenzaron a dejar en libertad a algunos prisioneros cuyos delitos habían consistido en defender al gobierno constitucional, elegido por el voto libre del pueblo. El general Juan José Valle, que recuperó su libertad en marzo de 1956, conjuntamente con el general Raúl Tanco comenzaron a organizar lo que se denominó Movimiento de Recuperación Nacional, integrado por suboficiales y militantes peronistas, planteando como objetivos primordiales: la reinstauración del estado de derecho, la convocatoria a elecciones presidenciales sin proscripciones, la inmediata libertad de los presos políticos, revisión de las medidas económicas, devolución de los sindicatos a los trabajadores, reincorporación de oficiales y suboficiales dados de baja por razones políticas. La proclama decía que: “se actuaría sin odios ni rencores, sin deseos de venganza ni discriminación entre hermanos para lograr la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria, en una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana”. Se incorporaron al movimiento dirigentes como: Andrés Framini, Eustaquio Tolosa, José María Rosa y Leopoldo Marechal que escribió la proclama; mientras que los militares encolumnados con Valle y Tanco eran: el coronel Fernando González,  teniente coronel Lorenzo Cogorno, capitán de navío Ricardo Anzorena, Teniente Coronel Valentín Yrigoyen, mayor Pablo Vicente, capitán Costales, capitán Leguizamón; persuadido por su hermano se sumó luego el teniente coronel José Albino Yrigoyen, y luego se fueron sumando otros militares y civiles.

El 1º de mayo de 1956 se viola de manera flagrante la Constitución Nacional a fin de propiciar su propia reforma. La Constitución de la Nación Argentina es de las llamadas rígidas, ya que para proceder a su reforma debe sancionarse una ley que contará con el voto de las dos terceras partes del Congreso de la Nación. Con el Congreso Cerrado el gobierno de facto decidió restablecer por decreto la Constitución de 1853 y, en el ámbito de la economía el plan Prebich cumplía la etapa histórica de hacer ingresar a la Argentina al Fondo Monetario Internacional.

El 9 de junio se produjo un levantamiento que a poco fue sofocado por el gobierno que estaba al tanto. Pese a que los insurrectos se rindieron ante la primera intimación, que no se produjeron víctimas y que la ley marcial no estaba en vigencia; la represión durante los días 10 y 12 dejaron un saldo de veinte argentinos fusilados por la llamada revolución. En José León Suarez, donde algunos llegaron a salvar sus vidas por milagro, murieron fusilados: Carlos Alberto Licaso – Nicolás Carranza – Francisco Garibotti – Mario Brion y Vicente Rodriguez. En la Unidad Regional Lanús de la Policía de la Provincia de Buenos Aires fueron fusilados: teniente coronel José Albino Yrigoyen – capitán José  Miguel Lugo – Clemente Ross – Norberto Ross – Osvaldo Alberto Albedro. En Campo de Mayo mataron a: coronel Alcibiades Cortinez -  coronel Ricardo Ibazeta – capitán Nestor Dardo Cano – capitán Eloy Luis Caro – teniente 1º Jorge Noriega – teniente Néstor Videla. En la Escuela de Mecánica del Ejército fueron fusilados: Hugo Quiroga – Miguel Paolini – Ernesto Garecca – José Miguel Rodriguez. En la Penitenciaría Nacional ejecutaron a: sargento Luciano Rojas - sargento Isauro Costa – sargento Luis Pugnetti – general Valle. En La Plata: teniente coronel Oscar Cogorno y subteniente Alberto Abadie. Antes de ser fusilado el general Valle dirige una carta a Aramburu en la que, entre otras cosas, dijo:

“… Con fusilarme a mí bastaba. Pero no, han querido ustedes escarmentar el pueblo, cobrarse la impopularidad confesada por el mismo Rojas, vengarse de los sabotajes, cubrir el fracaso de las investigaciones desvirtuadas al día siguiente en solicitadas en los diarios, y desahogar una vez más su odio al pueblo … Entre mi suerte y la de ustedes me quedo con la mía. Mi esposa y mi hija, a través de sus lágrimas verán en mí un idealista sacrificado por la causa del pueblo. Las mujeres de ustedes, hasta ellas, verán asomárseles por sus ojos sus almas de asesinos. Y si les sonríen y los besan será para disimular el terror que les causan. Aunque vivan cien años sus víctimas les seguirán a cualquier rincón donde pretendan esconderse. Vivirán ustedes, sus mujeres y sus hijos bajo el terror de ser asesinados. Porque ningún derecho, ni natural ni divino, justificará tantas ejecuciones.”

La intención del escarmiento era bien visible, ya que un Consejo de Guerra Especial había determinado que no correspondía la pena capital porque el intento se había producido antes que entrara en vigor la ley marcial y los rebeldes se habían rendido a la primera intimación, no se habían producido daños ni víctimas. Pero lo cierto fue que el Consejo propuso y Aramburu dispuso.

El 12 de junio Perón escribió al Dr. Cook donde, entre otras cosas, le dijo:

“La resistencia es una lucha intensa diluida en el espacio y en el tiempo. Ella exige que todos, en todo lugar y momento se conviertan en combatientes contra la canalla dictatorial que usurpa el gobierno. A las armas de la usurpación hay que oponerle las armas del pueblo.

El epílogo de este terrible drama que vive el pueblo argentino es el caos del cual solamente pueden salir soluciones definitivas. A  él nos llevará la banda de ignorantes y bandidos de la canalla dictatorial. Pero el caos será la hora del pueblo, porque construida la fuerzas y disperso el gobierno, todo quedará en sus manos. Habrá llegado la hora de la justicia. Mucho me temo que el pueblo no sea capaz de encaminar su acción en la resistencia por desorganización, temor o simplemente por despreocupación en la lucha. El espíritu individualista de los hombres es muy poderoso, especialmente en los momentos difíciles, cuando algunos creen que solos se pueden salvar, sin darse cuenta que cuando una comunidad sucumbe nadie puede quedar afuera del cataclismo. En cambio la clase proletaria, que es la preferentemente perjudicada en este caso, optará por la ruina de todos si ve que no puede evitar su ruina. Es precisamente allí donde hay que hacer hincapié. Cuando gozamos, lo hicimos todos; ahora hay que sufrir, suframos también todos. Esto ha de ser el slogan.

Desgraciadamente el golpe fallado del 10 de junio me ha dado la razón, pero el precio ha sido demasiado grande. Hubiera preferido equivocarme. Sin embargo, esto ha de servirnos para no insistir en un camino inconveniente. Nuestra finalidad ha de ser la Revolución Social, con todas sus características y todas sus consecuencias. Para ello es menester que nos preparemos concienzudamente y que estemos resueltos a realizarla en un año, dos, cinco o diez, pero decididos a realizarla. Nada hay que pueda apurarnos en forma de poner en duda el éxito que, por lo que estamos viendo, tenemos asegurado. Aunque nosotros no trabajemos, tenemos allí a dos que trabajan por nosotros: Aramburu y Rojas.

La canalla dictatorial podrá mentir cuanto quiera, pero nunca sus mentiras podrán tener la verdad. Nosotros seremos siempre los defensores del pueblo y ellos serán sus tiranos; nosotros somos los que luchamos por la justicia social y ellos son los que han vuelto a la explotación de los trabajadores; nosotros somos los que hemos sido arrojados a los imperialistas y ellos los que los han traído de nuevo; nosotros representamos al gobierno legal del pueblo, ellos son los usurpadores, asesinos y ladrones.

El odio y el deseo de venganza que existe hoy en millones de argentinos se ha transformado un día en fuerza motriz y esa fuerza aprovechada a través de una buena organización ha de dar resultados extraordinarios. La desesperación, el odio y la venganza suelen concitar fuerzas aún superiores al entusiasmo y al ideal. Los pueblos que no reaccionan por entusiasmo sólo reaccionan por desesperación: es a eso que se está llegando en nuestro país. Los fusilamientos no harán más que acelerar el proceso.

El tiempo trabaja para nosotros. Nuestro camino es simple: organizarnos concienzudamente en la clandestinidad. Instruir y preparar a nuestra gente, con todo el tiempo que sea necesario para los fines que nos proponemos, agruparnos en organizaciones disciplinadas y bien encuadradas por dirigentes capaces, audaces y decididos, que sean respetados y obedecidos por la masa; planificar minuciosamente la acción y preparar adecuadamente la ejecución mediante ejercitaciones y gimnasia permanente”

Perón también se preocupaba por lo que se enteraba del país, aunque las noticias le llegaban con retrasos, fragmentadas, a veces manipuladas y hasta contradictorias. No obstante le llegaban noticias de cómo los dictadores argentinos quería borrar todo vestigio de su gobierno, llegando al extremo de robar el cadáver de Evita y hacerlo desaparecer. El trabajo continuo comenzó a rendir sus frutos. La acción de Radeglia desde Chile fue muy eficaz, armó una buena red de comunicación a así comenzaron a llegar a la Argentina los mensajes de Perón, difundidas también por la inestimable colaboración de la prensa chilena. Así comenzaron a llegar sus mensajes donde, por ejemplo, decía:

“La disolución del Partido Peronista por decreto de la dictadura no debe dar lugar a la dispersión de nuestras fuerzas. Es necesario seguir con nuestras organizaciones. Tanto las mujeres como los hombres peronistas deben seguir reuniéndose para mantener el Partido. Cada casa de un peronista será en adelante una Unidad Básica del Partido. La CGT y sus sindicaros atropellados por la dictadura debe proceder en forma similar. Yo sigo siendo jefe de las fuerzas peronistas y nadie debe invocar mi representación. Si hay elecciones sine peronismo, todo buen peronista debe abstenerse de votar. Esta es mi orden desde el exilio. ¡Viva el peronismo! ¡Viva la CGT!”  

A fines de 1956, el doctor John Williams Cooke responde, a través de su padre, al líder exiliado en Colón – Panamá mediante la carta que a continuación se transcribe textualmente:

Montevideo, diciembre 6 de 1956

 

Sr. General

Don Juan Domingo Perón

Caracas

 

Mi querido amigo:

 

Me complazco en informarle que he tomado contacto bastante directo con mi hijo, lo que me ha permitido hacerle conocer sus comunicaciones. Además, hemos recibido tres cartas que demoran de 7 a 10 días de llegar de Río Gallegos a Montevideo, de las cuales extraigo algunos párrafos que pueda servir para ilustrarlo sobre su estado de ánimo:

“La cárcel es triste y lúgubre y carece de las más elementales comodidades. Te digo esto porque sabés que en nada me afectan las penurias físicas, pues tengo el espíritu perfectamente templado y tranquilo.”

“Deseo que no se preocupen excesivamente por mí: estoy pagando el precio de mi lealtad y de las cosas que haré en el futuro para bien de nuestro querido país.” (Nov. 19)

“Hemos quedado seis presos: Yscaro, Yglesias, Manso, Espejo, Santín y yo. Aquí el trato es correcto (el único que puede portarse incorrectamente es el viento, que nos impide salir al recreo y llena de polvo hasta los pulmones). Leo y escribo 14 horas al día, preparando trabajos para el día que pueda completarlos con la ayuda de mi biblioteca. Por los diarios y revistas que me envían, estoy informado de los acontecimientos nacionales e internacionales. Los hechos me afirman en mis convicciones, maduradas en el sufrimiento y la soledad de mis incomunicaciones. Cuando pase esta ignominia volverá a brillar en nuestro país el mérito de una obra que, cualesquiera sean sus humanas imperfecciones, nos constituyó, realmente, en una nueva y gloriosa nación. Por eso es que nadie se atreve a deshacer la labor realizada.” (Nov. 27)

“No es mucha la correspondencia que recibo. Los amigos políticos tienen instrucciones de no escribirme para evitarles complicaciones innecesarias, y de los otros me quedan muy pocos, si es que me queda alguno. Me refiero a los amigos íntimos, porque voces de aliento he recibido desde todas partes. He aprovechado esta excepcional situación para hacer ¨balance y liquidación afectiva¨. Sin ningún dolor he descartado de mis sentimientos a amigos que no han estado a la altura de las circunstancias y de la reciprocidad que yo merecía. Algunos desencantos me han herido, pero ya sabemos que de cualquier persona podemos esperar que se revele como el Ángel o como la Bestia; una mezcla de ambos elementos  es lo más común y es lo que considero intolerable. Me cansa la gente que no es del todo mala pero tampoco tiene la necesaria nobleza para actuar. Es claro que esta manera de ser constituye la característica común, pero con respecto a los amigos uno espera otras calidades; si luego resulta que no las tienen, hay que borrarlos del afecto. No creas sin embargo que estoy amargado ni nada por el estilo. En este año he hecho amistades mucho más importantes porque están basadas en el riesgo y en el sufrimiento compartidos. He podido observar a mucha gente en momentos de prueba y comprobar cual era la medida exacta de su valla: surgieron revelaciones maravillosas, que sustituirán con ventaja a los pequeños cobardes y a los tímidos acomodaticios” (Nov. 30)

Se por otras informaciones, que continúa desplegando actividades aprovechando la circunstancia de la disposición favorable de la mayoría del personal de la cárcel y de casi todos los habitantes de Río Gallegos. La leyenda que se ha formado con motivo de sus actitudes decididas y la valentía con que ha afrontado inconvenientes e incomunicaciones, interrogatorios y las torturas física y morales a las que se le sometió para doblegarlo, lo ha seguido a Rió Gallegos y son varias las personas que desde allí me escriben para hacerme saber que mi hijo está bien de cuerpo y de espíritu. Acrecienta su personalidad la circunstancia, ya conocida por muchos, de que él es el intérprete fiel de su pensamiento y el símbolo de la resistencia contra todos los intentos de debilidad y claudicación frente al gobierno dictatorial.

Entre los hombres mejor informados del gobierno uruguayo existe la convicción que cada vez es más grave la confusión en nuestro país, y por consecuencia, la debilidad del régimen imperante. Escaparon al peligro moral de la rebelión de los generales, pero esto no ha consolidado la situación. Cada día que pasa pierde la dictadura apoyos que le son indispensables. Se les desgranan los partidos y los hombres, pues cada acto de gobierno ocasiona víctimas y perjudicados. El caos, entre las fuerzas armadas, es evidente y cada vez mayor. Sólo los une el temor a su vuelta y a tener que afrontar la responsabilidad por los errores y los crímenes cometidos. No saben como hacer para contener la candidatura de Frondizi, que monopoliza el campo de la política, ya sea porque se hable en su favor o en contra.

Le adjunto recortes con declaraciones de Frondizi. Trata como siempre de no decir nada que pueda indisponerlo con los peronistas, ni con el gobierno. Pero, por falta de carácter, hace tiempo que perdió el ómnibus, y el peligro que sectores peronistas pudieran votarlo, eligiendo con él el mal menor, creo que ha desaparecido. Cada vez se arraiga más el espíritu de intransigencia.

Tuve oportunidad de leer su libro en San Pablo, en la edición en portugués. Es pésima y está plagada de errores de toda índole. De cualquier manera, y no obstante de carecer usted de los elementos apropiados para justificar sus afirmaciones, y la celeridad con que por razón de las circunstancias lo escribió, lo considero de extraordinaria eficacia como medio de defensa de su obra y de su persona. En el Brasil, donde ha sido poco difundido –en Uruguay no se vende en librerías– está  produciendo gran impresión, y amigos que me escriben y yo recomendé su lectura para comprender el problema argentino, me ponderan sus méritos, apreciando sus cualidades como polemista y admirando la claridad con que usted explica lo ocurrido en la Argentina. Ninguno ha dejado de referirse al comandante Olivieri.

Causó, en su momento, excelente impresión, sus declaraciones con motivo de las alusiones contra usted durante la reciente campaña política de los EEUU. En nuestro país son desconocidos pero en Brasil y aún aquí, tuvieron gran difusión. Siempre he escuchado referencias muy elogiosas, por su contenido y por su tono.

Los hombres que como usted han hecho historia, deben tener presente que cuando escriben que todo lo que dicen de viva voz o por escrito, tiene proyecciones profundas y futuras. Todo intento de ponerse a tono o a nivel con los interlocutores o corresponsales, lo considero un error. La posición debe ser a la inversa.

Esta por Montevideo Damonte Taborda. Ha venido a convencer a los diarios uruguayos de que desistan de atacar la candidatura de Frondizi, lo que hacían con rara unanimidad. Algo ha logrado pues en estos días se han difundido declaraciones del candidato presidencial de los radicales intransigentes y renovadores. En Bs As se debe haber realizado el mismo esfuerzo, pues hace tres días representantes de la prensa extranjera invitaron a Frondizi a almorzar y a hablarles sobre su programa.

Llegó hace unos días el coronel Donofrio, que se asiló en Bs As en la embajada de Nicaragua.

El sábado 89 pasa en el Augusto con destino a España mi hermano el Dr. Federico Cooke, a quien se le acordó la opción para irse al extranjero siempre que no se tratara de un país continental. Tuvo que comprometerse a no bajar a tierra ni en Montevideo ni en Santos ni en Río. Su prisión habrá durado 90 días.

Cooke

En el mes de abril 1957 el gobierno de facto convocó a elecciones de Convencionales  Constituyentes invalidar las reformas que, con orientación de justicia, independencia y soberanía, se había realizado en 1949 a la Constitución Nacional. Inmediatamente Perón impugnó aquella convocatoria, mediante un mensaje que se hizo público donde dijo:

“El gobierno de facto que usurpara el poder en la Argentina, se apresta a cambiar la Constitución de la República, mediante una farsa electoral. Anuncia que convocará a elecciones para una Asamblea Constituyente, pero omite decir que en esos comicios quedará excluida, por decisión tiránica de su voluntad, la fuerza política en que militan las tres cuartas partes del Pueblo Argentino. Pretende así, conformar el fraude más vergonzoso de toda la historia política del país.

El movimiento peronista declara solemnemente que el Pueblo Argentino no reconocerá validez alguna a la pretendida reforma constitucional. El papel que salga de esa Asamblea bastarda y fraudulenta, no será jamás la constitución de los argentinos.”

Por ese entonces Cooke se había evadido de la cárcel y continuaba siendo el único autorizado a hablar en nombre de Perón y transmitir sus directivas. No obstante la consigna abstencionista del jefe del movimiento, la confusión cunde entre los peronistas y circulan directivas apócrifas. Entonces Perón reitera a Cooke:

“con referencia a las elecciones de constituyentes, nosotros debemos hacer allí un acto de resistencia, tratando que no se realicen o, en su defecto, haciendo cualquier cosa para que no sirvan de nada. Hay que decir a la gente que su voto no debe valer, que no voten o busquen la manera de anularlo escribiendo “Asesinos” o lo que se les ocurra”

Con buen tino Cooke prevé que el gobierno puede amenazar con sanciones a quienes se abstengan, y aconseja a Perón que ofrezca a los peronistas una triple alternativa: no votar, votar en blanco o anular el voto con la palabra “asesinos” escrita en la boleta. Temne también que Frondizi, a último momento, capitalice el voto en blanco lanzándolo como consigna de su partido, en ausencia de una definición de Perón al respecto. El 17 de julio Perón escribe:

“Comparto con usted cuanto me dice sobre el asunto de la abstención, mediante la no concurrencia al comicio, al voto en blanco y a la anulación del sufragio”

Finalmente se llevaron a cabo las elecciones que revelaron el rechazo popular al gobierno de Aramburu: los votos en blanco superaron a los de la Unión Cívica Radical del Pueblo que conducía Balbín, 2.115.861 a 2.106.254. la Unión Cívica Radical Intransigente a cuyo frente estaba Frondizi obtuvo 1.847.603, la Democracia Cristiana 420.606, los Demócratas Progresistas  263.805 y el Comunismo 228.821. Desde el exilio Perón publicó:

“Se comienza por los padrones: en ellos faltan por lo menos dos millones de inscriptos, que han sido borrados del anterior padrón electoral, de acuerdo con los registros del Partido Peronista, secuestrados por la dictadura.

Hay dos millones de ciudadanos que se negaron a votar, de acuerdo con la orden  impartida por el Comando Superior Peronista. Los votos en blanco  llegaron a dos millones novecientos mil sufragios, de acuerdo con los ratos reales que fueron los primeros que se dieron. De los votos atribuidos a Frondizi para nadie es un secreto que, por lo menos un millón y medio corresponden al peronismo que imposibilitado de hacer llegar sus comunicaciones a todos sus afiliados y merced a la campaña confusionista del gobierno y de Frondizi mismo, pueden haber sido inducidos al error.

Si nos atenemos a estos indicios fehacientes podemos asegurar que el Movimiento Peronista, lejos de disminuir con la persecución dictatorial, ha aumentado extraordinariamente el número de sus adherentes”

En tanto esto ocurría en la Argentina, Perón era asediado permanentemente por los servicios diplomáticos y atentados que le obligaban a su constante traslado. Luego de haber permanecido nueve meses en Panamá debió trasladarse a Venezuela donde fue bien recibido, aunque su presencia llevó problemas a ambos países. No era únicamente la diplomacia y los servicios de inteligencia de la dictadura argentina que lo perseguían, sino que hacían lo propio desde los EEUU. Permanentemente llegaban rumores de posibles atentados, llevándolo a permanecer y dormir todos los días en casas diferentes de amigos que se ofrecían. Harto de  la situación, alquiló un departamento para retomar un ritmo normal de vida, no obstante aceptar dos guardias que le destinó el gobierno, así fue que Gilabert con Landajo se establecieron justo en frente.

La situación política que generaba Perón en la Argentina con su permanente intervención a la distancia, generaron que el gobierno decidiera sacarlo del medio, no del modo político como lo hacía el ex Presidente exiliado sino utilizando una metodología criminal tal como venían haciendo con parte del pueblo argentino. el 25 de mayo, tal vez para dar un valor simbólico, Gilabert se bajaba del auto que cotidianamente utilizaban, para entrar a una carnicería, en ese momento estalló una bomba que le produjo algunas lesiones leves a la distancia y, por su potencia, rompió los vidrios de ochenta y dos ventanas. Le escribió a Cooke contándole el hecho:

“El embajador se apuró a decir que me la había colocado yo mismo, lo que cayó aquí muy mal y le restó el poco respeto que, de su menguado prestigio, podía quedarle. Yo, naturalmente, aproveché la ocasión y pedí permiso al gobierno para contestarle, lo que se me acordó con placer porque aquí nadie lo quiere y menos aún a la dictadura argentina. Ese permiso lo pedí porque, aunque no lo necesitaba, quería tener el okey del gobierno, que prácticamente me asociaba. Mi comunicado fue leído y aprobado con anticipación, lo que me colocó en situación de preeminencia y franca ventaja para el caso que el embajador contestara nuevamente, pero su situación era tan precaria que optó por poner violín en bolsa”

En el mes de octubre en Argentina festejaban el cumpleaños de Perón y conmemoraban el 17 con trabajo a desgano. La resistencia peronista había dividido el territorio nacional de manera estratégica. Así: la zona oeste comprendía Mendoza, San Luis, San Juan, Catamarca, La Rioja y Córdoba, tiene conexiones con el comando de exiliados en Santiago de Chile; la zona norte con el de Bolivia, zona nordeste con el de Paraguay, la zona este con Montevideo y Río de Janeiro y la zona Patagónica con Chile. Los comandos exiliados eran los intermediarios con Perón.

En Caracas transcurrían los días y las reuniones con; Cooke, José Alonso, Serú García, Sevillano, Gianola, Madariaga, Saadi, Borlenghi, Américo Barrios, Jesús Paz y Patricio Kelly. Opinaban y argumentaban por quien votar ante las próximas elecciones en la Argentina.

La situación en Venezuela se hacía insostenible ante un golpe de estado que derrocaba al Presidente Pérez Jiménez, generó que concurran a la Embajada Dominicana a pedir asilo político. Una vez allí debieron dormir vestidos y armados, y en la madrugada del 27 fueron tiroteados por los fondos que fueron repelidos por la guardia. El mismo día a la tarde partieron hacia Ciudad Trujillo en compañía del Embajador Dominicano en Venezuela Don Rafel Bonelly.

Todavía en Caracas Perón se había entrevistado varias veces con Rogelio Frigerio, pero recién a fines de enero y en Ciudad Trujillo firmaron un acuerdo con Frondizi a fin de apoyarlo en las elecciones, esperando que cumpliera el compromiso de restablecer las conquistas logradas por el pueblo en el orden social, económico y político, tal cual se firmó. A partir de allí explicó a los compañeros la decisión tomada, aclarando que “Frondizi no llega ni a compañero de ruta, nuestro apoyo es totalmente circunstancial”. Textualmente, entre otras cosas expuso:

“Esta decisión no explica, en modo alguno, una unión con las fuerzas que respaldan al doctor Frondizi, ni tiene otro alcance que el de una norma de conducta a seguir en el momento de sufragar: es un acto de táctica política y una manera de expresar el repudio por dos años y medio de opresión y vasallaje.

El doctor Arturo Frondizi no puede dar soluciones de fondo a la problemática nacional: las consecuencia de la política reaccionaria y pro imperialistas desarrollada a partir de la restauración oligárquica de septiembre de 1955 demandan un enérgico programa de recuperación que solamente puede cumplir el Peronismo. Y a esa función jamás renunciaremos, pues somos la única fuerza con sentido histórico, cohesión doctrinaria y operativamente apta para reimplantar la Justicia Social, recobrar el patrimonio entregado y restablecer las libertades conculcadas”.

El 23 de febrero se celebró el comicio donde la mayoría de los peronistas cumplieron con las directivas de Perón sufragando por la UCRI que llevaba la fórmula Frondizi – Gómez triunfó con 3.761.519 votos contra la UCRP cuya fórmula fue Balbín – Del Castillo que obtuvo 2.303.180; también se computaron 800.000 votos en blanco de aquellos compañeros que persistieron en la intransigencia. El 1º de mayo de 1958 Frondizi reemplazó a Aramburu en la Presidencia de la Nación.

Lejos de cumplir con el acuerdo firmado con Perón, Frondizi continuó con las políticas implementadas por el gobierno de facto contrayendo deuda con el Fondo Monetario Internacional cuya afiliación había tramitado Aramburu; nombró Ministro de Economía a Álvaro Alsogaray y a cargo del Ejército al general Mario Severo Toranzo Montero, reconocido antiperonista.  

El 30 de septiembre Perón concede una entrevista al periodista Campos del periódico “Norte” donde se refirió al tema diciendo lo que a continuación se textualmente se transcribe:

Pregunta: Aseguran en Buenos Aires que Frondizi habría recibido el beneficio de una prórroga de sesenta días para el cumplimiento de sus compromisos. Esa prórroga se cumpliría, precisamente, este 20 de septiembre.

Respuesta: Hace días leíamos un diario porteño que yo había dado nuevo plazo al gobierno, pero como los diarios opositores están hecho con mentiras de todo calibre, imaginé que aquello era una patraña más. Si como usted afirma, este cuento de los sesenta días fue sostenido por peronistas, evidentemente ha sido difundido con una intención que no alcanzo a comprender. Si el infundio proviene de la oposición, responde a un propósito canallesco.

P: Nosotros, en “Norte”, consideramos a Frondizi como un enemigo político.

R: el Dr. Frondizi fue y sigue siendo nuestro adversario, y soy generoso con el calificativo. Cuando lo votamos en las elecciones del 23 de febrero, dijimos claramente que con ello queríamos evitar el continuismo, con sus sanguinarios métodos de persuasión. Entre los males elegimos el menor. Aún hoy, es evidente que Frondizi realiza los planes gorilas mediante diferentes recursos. No obstante, pensamos que nuestra decisión fue acertadísima. No estamos peor que en la época del gobierno de ocupación. De nosotros depende si sabemos aprovechar las circunstancias favorables, de las cuales antes carecíamos, para organizar nuestro Movimiento, tonificar a la masa, y preparar el camino y los medios de nuestro triunfo.

P: General: acerca del apaciguamiento político, a mi entender, se ha estado imponiendo a regañadientes de la masa.

R: Cuando el 23 de febrero a la noche, conocidos los resultados de las elecciones, fui entrevistado por los corresponsales extranjeros, les dije que Frondizi era un adversario político, no obstante lo cual lo apoyaríamos cada vez que gobernara para el Pueblo, y lo atacaríamos con todas nuestras fuerzas cuando lo burlara.

P: Aquellos corresponsales lo entrevistaron en febrero, si lo entrevistaran hoy ¿qué les diría Ud General, acerca de Frondizi?

R: Les diría “Ayer adversario, hoy enemigo”. Para considerarlo enemigo no me guiaría por el pasionismo, pues no lo tengo, sino por la apreciación objetiva de sus actos de gobierno.

P: General, la disolución del Comando Táctico Nacional ¿no significa una clara sanción?

R: El Comando había cumplido con su cometido en una etapa política; ya no se adecuaba a la nueva realidad argentina. En todo tipo de lucha hay organismos indispensables en determinados momentos y luego resultan inoperantes, porque han dejado de existir las circunstancias que justificaban su creación. En todo caso, la supuesta sanción correspondería al organismo y no  a sus integrantes, quienes individualmente tienen merecimientos peronistas acreditados y sienten de acuerdo con la masa.

P: En síntesis ¿cómo debe actuar el peronismo?

R: Para servir al Movimiento no hay que pedir permiso a nadie. Cada peronista conoce nuestra doctrina y con su accionar sigue sus dictados y cumple con las directivas generales del Comando Superior, estará obrando como indique su conciencia, fiel a sí mismo y fiel con el Movimiento. Si tuviese que lograr la autorización previa de un dirigente, el Peronismo, como Movimiento de masas, terminaría estrangulado, inerme y derrotado. Por otra parte, se prestaría al juego político de los infiltrados y de los que carecen de fervor ejemplar del Pueblo. Empero, tengamos presente que el arma de nuestra victoria está en la unidad de nuestro Movimiento, y de tal modo ajustarse a las medidas que tiendan a la cohesión disciplinada, y a la inspiración de directivas generales. Debe haber unidad de concepción y unidad de acción.

P: General, hay gran número de peronistas en todo el país que ignoran sus directivas. En este caso, ¿cómo resuelve cada peronista su actuación?

R: Atribuyo esa falla a una deficiencia en la labor fundamental para nuestro Movimiento: el adoctrinamiento. Nuestros periódicos son un medio eficacísimo para el cumplimiento de este fin. Nuestro pueblo está demasiado politizado para que las directivas pasen a ser un secreto exclusivo de los dirigentes. Las líneas orientadoras sirven de guía en la acción individual y de conjunto, y deben ser difundidas en la masa.

P: ¿Cuál será el desenlace de esta lucha?

R: El gobierno tiene el descaro de invocar a la democracia, la libertad, la constitucional, y el “estado de derecho”, mientras mantiene en la ilegalidad al 75 % de la ciudadanía. El gobierno nos cierra las puertas de la legalidad y nos ofrece, como única salida, el camino de la violencia ¡Cuánto desatino! Rechazamos todo género de violencia como recurso preferible a otros, pero nos están empujando ostensiblemente a acciones que solamente el gobierno puede evitar. ¿A quién se le puede ocurrir la posibilidad de burlar, escarnecer y proscribir impunemente a todo un Pueblo?

P: ¿Conoce el reclamo popular en cuanto a las elecciones de Montevideo?

R: Lo conozco ¡y es mi propio reclamo! La elección debe hacerse de abajo hacia arriba, sin espúreas presiones ni interferencias de ninguna naturaleza: así los dirigentes surgidos de los comicios internos serían representativos de las masas.